https://youtu.be/r-cioOQUNAM
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En El Desconcierto conversamos con académicos del Magíster en Comunicación Política de la U. de Chile sobre la situación política en el país y los 20 años del programa de estudio.
https://youtu.be/r-cioOQUNAM
A días del cambio de mando que instaló a José Antonio Kast en La Moneda, los académicos Claudio Salinas y Alejandro Lagos, docentes del Magíster en Comunicación Política de la U. de Chile —que cumple dos décadas— analizaron el discurso del miedo, el auge de la ultraderecha y las primeras señales del nuevo gobierno. “A los gobiernos securitarios no les importa conjurar el miedo, sino tener el sartén por el mango para conjurarlo. Si lo eliminaran, perderían razón de ser”, advirtió Salinas.
En la Facultad de Comunicación e Imagen (FCEI) de la Universidad de Chile, El Desconcierto grabó una conversación que se extendió más allá de la academia: la llegada de un gobierno de derecha en Chile, el rol de los medios en la percepción del crimen y la función política del miedo en el siglo XXI.
— Este magíster cumple 20 años analizando la relación entre comunicación, política y poder. En un momento tan convulsionado como este —un nuevo gobierno en Chile, tensiones internacionales en Gaza, Ucrania, Irán y el trasfondo de una "nueva guerra fría" entre China y Estados Unidos—, ¿qué relevancia tiene ese espacio de reflexión?
Claudio Salinas: Una característica central de nuestro programa es que analiza una tríada: comunicación, política y poder. En esa triangulación, uno de los elementos centrales es pensar más allá de lo inmediato, más allá de la pura contingencia: entender líneas históricas, contextos, y sobre todo aprender a interpretar lo que está ocurriendo. Y vaya que momento para eso. Porque lo que enfrentamos actualmente es un mundo donde la realidad factual —la verdad en términos arendtianos— comienza a erosionarse. Vivimos en una multiplicidad de interpretaciones y perspectivas que colisionan en espacios tecnocomunicacionales, y en ese lugar se hace bastante complejo poder dilucidar y generar opiniones mínimamente formadas.
Alejandro Lagos: Tenemos muy pocos recursos hoy para interpretar lo que ocurre. Por eso lo que hace el magíster —a través de psicología política, filosofía política— no es solo diagramar el campo y describirlo, sino tratar de explicarlo. ¿Por qué capas sociales precarizadas votan por la ultraderecha? Eso no puede resolverse con interpretaciones simplistas del tipo “son los fachos pobres”. La pregunta es más profunda. ¿Por qué un discurso como el miedo termina articulando todos los otros discursos? Tenemos un diputado como Álvaro Carter que dice que seremos más pobres pero más felices, y hay algo en eso que merece ser analizado. Lo mismo pasa cuando uno ve la experiencia argentina o estadounidense: la gente puede estar más pobre y aun así respaldar al gobierno.
— ¿Cómo analizan el rol de los medios de comunicación en este escenario?
Claudio Salinas: Los medios han hecho una reproducción sistemática de las nociones de miedo. La delincuencia en los noticiarios abiertos puede abarcar desde un portonaón en Buin hasta hechos de mayor envergadura, pero lo que importa es que ese arco no se puede entender sin considerar lo que ocurrió en el estallido de octubre de 2019. Las revueltas de ese período generaron, en ciertos sectores de la élite, un auténtico terror social vinculado a la pérdida del respeto a la institucionalidad (...) Las revueltas del 18 fueron heterogéneas, multiclasistas, multigénero. Las élites no las entendían bien. Y su reacción fue desproporcionada.
Alejandro Lagos: Uno de los fenómenos más interesantes en ese marco fue la hipótesis del complot. La teoría de que el estallido estuvo organizado: los grupos de K-pop, infiltrados venezolanos, cubanos. En sectores más duros, esa teoría sigue viva como un mantra. Pero lo relevante es que esa narrativa fue transmutando: del complot octubrista pasamos al crimen organizado tomando el control del país. Las narrativas mutan, pero todas orbitan alrededor de un único eje: el discurso securitario.
— ¿Es lo securitario el paraguas que articula todo, o lo migratorio tiene un peso propio?
Alejandro Lagos: Lo migratorio, como tema específico, tiene un eje que lo atraviesa: la noción de amenaza. Sea el crimen organizado o el inmigrante que viene a quitar el trabajo, lo que está sintiendo la clase trabajadora es una sensación permanente de amenaza. Se siente incómoda, desplazada, con la certeza de que su vida se va a complejizar aún más —y eso sobre índices de endeudamiento y condiciones que ha adoptado el modelo neoliberal en los últimos 15 años.
Claudio Salinas: Los gobiernos de ultraderecha son más dúctiles de lo que parecen. Pueden moverse en distintos temas, pero todo orbita en torno a la lógica securitaria. La oposición no puede leer bien eso precisamente porque está fragmentada. La gracia de esta lógica —si se le puede llamar gracia— es que construye un mundo que parece derrumbándose permanentemente. En comunicación política, eso se llama propaganda de agitación: un caos permanente que hace que la ciudadanía acepte cualquier medida impopular. Lo que se cancela, en el fondo, es la libertad en nombre de la seguridad.
Alejandro Lagos: Maquiavelo en El príncipe lo decía: es bueno que un príncipe sea amado, pero siempre es mejor que sea temido. Esa noción de amenaza permanente tiene un rendimiento político que puede rastrearse. En los regímenes de rasgos iliberales que hoy vemos a nivel continental —Trump, Noboa, Milei, Bukele— hay líneas transversales. No prometen controlar las amenazas de forma eficiente: prometen controlarlas a pesar de tu sacrificio. Y ese relato es transversal.
Este patrón tiene una trayectoria reciente. Se expresó a nivel latinoamericano por primera vez en el plebiscito por la paz de Colombia en 2016. Del 2016 pasamos al 2018 con Bolsonaro y el relato del “kit gay” para homosexualizar a los niños en las escuelas. Luego al plebiscito chileno de 2022, donde la cobertura internacional se preguntaba qué estaba pasando con la desinformación en Chile. Después vino Milei, y finalmente el segundo gobierno de Trump, más fuerte aún en este marco iliberal de connotaciones represivas.
— ¿Qué es realmente el crimen organizado y qué no lo es?
Alejandro Lagos: Hay un desorden informativo enorme, porque no está claro qué se entiende por crimen organizado. En sentido estricto, es cuando el Estado es colonizado por mafias: cuando el Estado se vuelve igual a la mafia. Un ejemplo es el caso Hermosilla, donde se devela el vínculo entre abogados de empresas y el poder político: eso es crimen organizado. El caso de Daniel Sauer, con esa especie de “casa pagadora” y sus vínculos con diferentes actores, también lo es. El crimen organizado de verdad se esconde en el traje y la corbata, no en la figura del narcotraficante de serie. El gran narcotraficante tiene colonizado el sistema financiero y ya no anda con el maletín: mueve decenas, cientos de millones a través de la banca.
— ¿Qué alternativas tiene la sociedad civil frente a esto? ¿Cómo leen las primeras señales del gobierno Kast?
Claudio Salinas: Las señales han sido claras. Hubo un banquete de inauguración que costó más de 700 millones de pesos, al mismo tiempo que se anuncia un discurso de austeridad y sacrificio. Ese mismo país que supuestamente se cae a pedazos debe hacer sacrificios: los vemos con el CAE, con el MEPCO y los combustibles, con proyectos de zonas protegidas. Y de fondo, una reducción del impuesto a las grandes empresas del 27 al 23 por ciento, que implica una transferencia de liquidez desde los sectores más laboriosos hacia los más concentrados.
Lo que hoy veo claramente es que se está gobernando para un sector muy minoritario de la sociedad. Y la gente de los sectores trabajadores está aceptando. Si uno entra a los comentarios de los medios tradicionales, encuentra argumentos como que los becados universitarios no merecen apoyo porque van a la universidad a hacer terrorismo. El mantra neoliberal —si subes el salario sube la inflación, si bajas el impuesto a las grandes empresas aumenta la inversión— se instala como axioma sin evidencia. Y eso genera confusión generalizada en los sectores más laboriosos.
Alejandro Lagos: Esto tiene una articulación dual propia de estos gobiernos: por un lado, un discurso de unidad; por otro, provocación constante. La diputada Javiera Rodríguez, del Partido Republicano e hija de carabineros, juró en el Congreso vestida con un uniforme inspirado en Carabineros y con el mensaje “chao pensiones de gracia” directamente frente a la bancada donde estaba Gustavo Gatica, quien perdió la visión por la violencia policial en 2019. Ese es el mensaje. Y es consecuente con un presidente que se ha declarado promiitar, que ha expresado dudas sobre los crímenes comprobados de Krassnoff, y que tiene una foto con Pinochet.
Claudio Salinas: Pero estos gobiernos cometen un error si creen que tienen control total de la narrativa. No pueden controlar completamente a sus propios correligionarios. Y los vínculos que deben mantener con partidos más instrumentales —como el PDG— generan salidas no tradicionales. Además, el propio Andrés Briones, ex ministro de Hacienda de Piñera, ha señalado que en las medidas económicas del gobierno no hay respaldo científico ni evidencia. Si hasta los referentes del liberalismo moderado cuestionan los axiomas del gobierno, el margen de maniobra se estrecha. Y en lo internacional: puede llegar el momento en que ya no les convenga limpiarle los zapatos a Trump.
— Si la lógica del miedo tiene muchos años de historia política, ¿cómo se le hace frente?
Claudio Salinas: El miedo tiene una característica: se construye socialmente, pero se experimenta individualmente. En una sociedad completamente fragmentada —y si uno sigue el lineamiento de Thatcher: “no existe la sociedad, existen los individuos”—, tenemos 18 millones de individuos y no una sociedad. Por eso, para poder contrarrestar el miedo, la respuesta es restituir la sociedad, restituir los lazos. El discurso securitario hace exactamente lo contrario: fragmenta los lazos, me mete hacia adentro y me aísla. Los gobiernos de ultraderecha no les importa conjurar el miedo, sino tener el sartén por el mango para conjurarlo. No lo eliminan, porque si lo eliminaran perderían razón de ser.
Alejandro Lagos: La pregunta es ¿hasta cuándo resiste esto? Porque hay una fecha de término. Puede ser más pronto o más tarde, pero cuando las personas se ven completamente precarizadas —como pasó en la pandemia, cuando hubo que entregar bonos de emergencia—, hay límites. La diferencia es que este gobierno ya puso el parche antes de la herida: hay declaraciones anticipando intentos de desestabilización, preparando el terreno para encuadrar cualquier movilización como subversión. Pero todas esas narrativas tienen un límite.
Además, puede que las crisis no vengan de las movilizaciones tradicionales, sino de fracturas dentro de la propia coalición. Y hay que considerar la realidad económica: Chile tiene una inflación del 3,4%, muy distinta a la de Argentina. El votante instrumental que apoyó a Kast está esperando resultados. Si llegan precios descontrolados de la canasta básica —algo que ya se empieza a ver—, ese votante le va a importar mucho menos la migración y la seguridad.
*Pueden ver la entrevista completa en esta nota o en el canal de Youtube de El Desconcierto