La guerra actual que enfrenta Sudán trae consigo un doble costo para las mujeres y las niñas: la violencia sexual desatada es pan de cada día, usada como arma de guerra se ha transformado en un ataque sistemático, incluso en zonas alejadas del conflicto, según reveló el informe de Médicos Sin Fronteras (MSF) titulado “Hay algo que quiero contarte…”.
No hay zonas seguras en el país para ellas. Así como ocurre en el frente mismo de batalla, se reportan casos en caminos y rutas de escape, campos de cultivos, mercados y campamentos de desplazados.
Los delitos se le atribuyen, en mayor medida, a las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) — el ejército no estatal— y a milicias aliadas: de las 140 mujeres que huían de Darfun a Tawila, y que fueron atendidas por la ONG, un 94% fueron agredidas por hombres armados.
El miedo es mayor en las comunidades de mujeres no árabes, donde la violencia sexual es utilizada como forma de humillación y control.
Según el informe, entre enero de 2024 y noviembre de 2025, MSF atendió a cerca de 3.396 mujeres sobrevivientes de violencia sexual. Sin embargo, la ONG estima que este número sería mayor, ya que muchas víctimas no pueden acceder a ayuda inmediata ni a atención médica segura.
“Esta guerra se libra a costa de la vida y el bienestar de las mujeres y las niñas", sostiene Ruth Kauffman, referente de salud de la unidad de emergencias de MSF. Además de las desigualdades de género, la crisis se agudiza por la falta de apoyo comunitario, el difícil acceso a atención médica, el hacinamiento en refugios y las condiciones precarias de vida.
Violencia sexual en la vida cotidiana
El estudio revela que el 34% de las víctimas fueron agredidas sexualmente mientras trabajaban en los campos de cultivos o cuando se desplazaban hacia allá. Otro 22% fueron atacadas mientras recogían leña, agua o alimentos. Agresiones que ocurrieron a cientos de kilómetros de los combates terrestres.
Las cifras causan mayor preocupación porque una de cada cinco víctimas era menor de 18 años, incluyendo a 41 menores de cinco años. Actos perpetrados por hombres armados: un 95% en Darfur Norte y un 60% en Darfur Sur.
Una superviviente relata: “nos llevaron a un terreno baldío. El primer hombre me violó dos veces, el segundo una vez y el tercero cuatro veces. Además de las violaciones, nos golpearon con palos y me apuntaron con pistolas a la cabeza”.
¿Qué ocurre en Sudán?
Desde 2023, el país enfrenta una guerra entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (el ejército oficial) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (milicia poderosa). Darfur, una ciudad al oeste de Sudán, es uno de los principales campos de batalla.
En consecuencia, millones de habitantes han sido desplazados, mientras que otros han debido escapar hacia otros países. La población enfrenta, a su vez, escasez de comida, agua y medicina.
La respuesta ante este escenario por parte de activista, sobrevivientes, parteras y líderes comunitarios ha sido exigir el cese inmediato de la violencia sexual en todo el país. En esa línea, instan a la ONU a ampliar urgentemente los servicios de salud para proteger a las víctimas.
Pasividad de los gobiernos y la ONU
“MSF ha llevado a cabo amplios contactos con comunidades, organizaciones humanitarias, agencias de Naciones Unidas, las partes beligerantes y otros actores con el fin de abordar esta situación, exigir el fin de este tipo de violencia y reforzar la asistencia y los mecanismos de protección para las supervivientes”, explica Esperanza Santos, coordinadora de emergencias de MSF.
Sin embargo, consideran que los esfuerzos de los gobiernos y las organizaciones internacionales por frenar una de las mayores crisis humanitarias del mundo ha sido "un fracaso total y evidente".
Santos agrega que "la respuesta humanitaria está desfinanciada, no se le concede la prioridad que merece y se ve frenada por la falta de voluntad política, tanto a nivel internacional como dentro de Sudán".