Libro del CRHIAM indaga en soluciones sostenibles respecto al uso de datos en la nube ante efectos ambientales
Los centros de datos son fundamentales para el almacenamiento y procesamiento de información digital, sin embargo, constituyen una infraestructura clave que consume grandes cantidades de energía y agua para su funcionamiento.
Ese es el eje del libro "Más datos, menos agua: El impacto de los centros de datos sobre los recursos hídricos", publicado por el Centro de Recursos Hídricos para la Agricultura y la Minería (CRHIAM) de la Universidad de Concepción (UdeC), el cual fue presentado el viernes 13 de marzo a través del canal de YouTube del centro.
En el conversatorio participaron la directora de CRHIAM, Gladys Vidal; la vicerrectora de Investigación y Desarrollo de la UdeC, Andrea Rodríguez; el académico de la Facultad de Educación de la misma casa de estudios, Pedro Salcedo; y la directora del Programa Interdisciplinario de Colaboración en Inteligencia Artificial [genIA] de la UdeC, Alejandra Maldonado.
Costo hídrico de la nube
La Dra. Vidal explicó que la motivación del libro surgió de una pregunta cotidiana sobre la naturaleza real de la nube. A partir de esa inquietud, el equipo revisó la evidencia científica disponible sobre el crecimiento de los centros de datos y sus efectos ambientales.
"Este libro pretende mostrar que el acceso a datos tiene un costo para los recursos naturales del territorio, particularmente para los recursos hídricos", expuso la directora de CRHIAM.
Además, agregó que el objetivo no es cuestionar el desarrollo tecnológico: "lo que buscamos es que la comunidad entienda que incluso la interacción cotidiana con un celular y la nube tiene un costo que debemos dimensionar dentro de lo que entendemos como actividades sustentables".
Infraestructura sostenible
A su vez, Rodríguez enfatizó la responsabilidad de la academia ante el crecimiento tecnológico. "Tenemos una tecnología que está avanzando, pero vivimos en un mundo donde los recursos son finitos. La academia tiene mucho que aportar, no solo generando evidencia sobre estos impactos, sino también desarrollando soluciones que permitan mejorar la eficiencia energética y el uso de recursos hídricos", sostuvo la vicerrectora.
Por su parte, Salcedo planteó que este escenario implica un desafío ético para quienes impulsan la transformación digital. "El entrenamiento y uso de grandes modelos de inteligencia artificial puede consumir millones de litros de agua dulce para refrigerar servidores. Por eso la transformación digital no puede limitarse a adoptar tecnología: debe exigir una infraestructura sostenible", apuntó el académico.
Para concluir, Maldonado recalcó la necesidad de generar conciencia sobre el uso cotidiano de estas herramientas. "La inteligencia artificial no va a desaparecer y los centros de datos ya existen. Pero sí podemos preguntarnos cómo los utilizamos y qué decisiones tomamos como usuarios, acciones simples como eliminar datos almacenados que probablemente no se vuelvan a usar forman parte de una cultura tecnológica más responsable”.