En medio de la controversia por el proyecto que abre la puerta a reemplazar penas de cárcel por reclusión domiciliaria total, el senador Francisco Chahuán (RN) apareció esta semana como uno de los nombres que suenan para integrar la red diplomática del presidente electo José Antonio Kast, específicamente como posible embajador de Chile en México.
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Destino embajada México: El posible nuevo cargo de Chahuán tras impulsar proyecto que beneficiaría a presos de Punta Peuco
Reportes sobre el diseño de embajadas para la próxima administración han mencionado a Chahuán como carta de Renovación Nacional para ese destino, en un esquema que privilegiaría perfiles políticos en representaciones consideradas relevantes.
La coincidencia temporal se produce cuando el Senado aprobó en general, por un voto de diferencia (23 a favor y 22 en contra), el proyecto de “cumplimiento alternativo de penas privativas de libertad”, una moción parlamentaria impulsada por senadores de derecha, entre ellos el propio Chahuán.
La iniciativa generó rechazo desde el Ejecutivo y abrió un debate público por el alcance que podría tener: desde condenados por crímenes de lesa humanidad —incluidos internos del penal Punta Peuco— hasta personas condenadas por delitos comunes graves.
México en el mapa diplomático de Kast y el nombre de Chahuán
En las semanas previas al cambio de mando, han surgido los rumores sobre definiciones y sondeos para embajadas del gobierno entrante.
En ese contexto, las posibilidades apuntan a que una de las propuestas de RN para México sería Francisco Chahuán, en una lista que incluiría otros nombres de la derecha tradicional para distintas capitales.
La eventual llegada de Chahuán a México ha sido descrita como parte de un giro hacia “embajadores políticos” en sedes estratégicas, en contraste con la regla no escrita que suele privilegiar un mayor porcentaje de diplomáticos de carrera.
En ese diseño, México aparece como una plaza donde se evalúa un perfil con trayectoria parlamentaria.
Hasta ahora, se trata de reportes y versiones sobre posibles nombramientos, no de una designación oficial informada por la futura administración.
Sin embargo, la mención del senador como carta para México quedó instalada en el debate público en paralelo al avance del proyecto de cumplimiento alternativo de penas, del que es coautor.
Qué dice el proyecto: Reclusión domiciliaria total y criterios de acceso
El proyecto aprobado en general en el Senado regula la suspensión y el cumplimiento alternativo de penas privativas de libertad, y su idea central es habilitar que, en ciertas hipótesis, una condena de cárcel pueda cumplirse bajo reclusión domiciliaria total.
En la discusión, sus defensores han planteado que no se anulan condenas ni se extinguen penas, sino que se modifica la forma de cumplimiento en escenarios específicos.
Una parte relevante de la controversia se ha concentrado en que, según autoridades de gobierno, el texto en su estado actual puede operar sin filtros claros por tipo de delito.
La subsecretaria de Derechos Humanos, Daniela Quintanilla, afirmó que, tal como está redactado, el tribunal “deberá” otorgar la medida alternativa en ciertos supuestos, y que no se trataría de una revisión caso a caso con discusión judicial amplia, sino de una aplicación obligatoria cuando se acrediten las condiciones.
Quintanilla detalló cuatro hipótesis que, según su explicación, están contenidas en el proyecto y ampliarían el universo potencial de beneficiarios:
1. enfermedades crónicas que no puedan tratarse adecuadamente en prisión (sin requisito de edad);
2. discapacidad cuando el recinto no cuente con infraestructura adecuada;
3. enfermedad incurable en período terminal;
4. la condición de persona mayor, con un umbral de edad mínima y años cumplidos de condena, sin que necesariamente dependa de un diagnóstico terminal.
Desde el Gobierno también se han citado cifras para dimensionar el alcance. Se ha mencionado que la iniciativa podría beneficiar a miles de personas y que, entre quienes cumplirían requisitos inmediatos, existiría un grupo relevante de condenados por delitos graves, además de condenados por crímenes de lesa humanidad.
El proyecto fue presentado por los senadores Francisco Chahuán (RN), Luz Ebensperger (UDI), Luciano Cruz-Coke (Evópoli), Alejandro Kusanovic y Carlos Kuschel (RN), y tras su aprobación en general se abrió un plazo para presentar indicaciones, con fecha límite fijada para el lunes 16 de marzo al mediodía.
Críticas por el rol de Chahuán: “Costos políticos” y cuestionamientos desde el oficialismo
Aunque una parte de las críticas públicas se dirigieron al proyecto en sí, también se han registrado cuestionamientos directos al rol de Chahuán como impulsor, especialmente por el efecto que la iniciativa podría tener sobre condenados por violaciones a los derechos humanos.
El senador Fidel Espinoza vinculó el costo político con el patrocinio del proyecto y mencionó explícitamente a Chahuán en el contexto de su eventual destino diplomático: señaló que la aprobación “puede liberar a más de 12.000 condenados por delitos graves” y agregó que “Chahuán, el futuro embajador de México, tendrá costos políticos muy altos” por el avance de la iniciativa.
El senador José Miguel Insulza también cuestionó duramente el proyecto, calificando el escenario de eventual aprobación como un daño institucional para el Senado, reforzando el tono crítico que marcó el debate posterior a la votación estrecha.
Desde el Ejecutivo, las críticas han apuntado a los riesgos del texto por su amplitud. En los días posteriores a la aprobación en general, el Presidente Gabriel Boric llamó públicamente al Senado a no retroceder en derechos humanos y advirtió que el proyecto abriría la posibilidad de que condenados por crímenes de lesa humanidad cumplan pena en sus domicilios, junto con condenados por delitos graves como homicidio o violación, dada la ausencia de exclusiones por tipo penal en la redacción debatida.
A esas objeciones se sumaron reparos desde la Subsecretaría de Derechos Humanos, que insistió en el riesgo de establecer un beneficio sin estándares especiales para crímenes de lesa humanidad, y en la amplitud de categorías como enfermedades crónicas o discapacidad, tal como fueron descritas por Quintanilla.
Con el plazo de indicaciones en curso, el debate legislativo se trasladó a la discusión sobre eventuales cambios al articulado: establecer filtros, precisar requisitos, definir mecanismos de acreditación médica y fijar controles para el cumplimiento efectivo de la reclusión domiciliaria.
Ese resultado será clave para dimensionar el impacto real del proyecto y para medir el costo político que, según sus críticos, ya comenzó a instalarse sobre uno de sus coautores más visibles, justo cuando su nombre circula para una embajada considerada estratégica como México.