martes 12 de mayo de 2026

Los tratados comerciales ayudan a capear la crisis

La lucha geopolítica contemporánea utiliza medidas que van mucho más allá de lo meramente comercial. Incluso el uso puro y simple de la fuerza bruta se visualiza peligrosamente en el horizonte. Por eso, no podemos quedarnos tranquilos con la situación presente, sino que tenemos que ver, con extremo cuidado y sabiduría, las amenazas que se presentan como posibles.

4 de marzo de 2026 - 00:00

Hay quienes piensan que las decisiones arancelarias tomadas por la administración estadounidense han generado un caos total en el comercio internacional y que todos los países están en estos momentos lamiéndose las heridas y rogando que Estados Unidos revierta total o parcialmente las alzas arancelarias que ha venido imponiendo, en forma arbitraria y unilateral, desde hace varios meses.

Se tiene incluso la impresión de que el poder económico, financiero, comercial y militar de Estados Unidos es de tal magnitud, que tiene la capacidad de imponer, a su regalado gusto, que normas deben imperar en el comercio internacional y cuáles no. Pero esa visión no es completa ni muy profunda.

Estados Unidos es el principal importador mundial, lo cual significa que es el país que depende en más alta medida de las importaciones provenientes del resto del mundo. Es posible pensar que los aranceles elevados reducirán la demanda, dentro de Estados Unidos, de los productos afectados.

Pero en muchos productos es posible que las importaciones sigan igualitas, pues son tan importantes en la economía estadounidense, que los demandantes dentro de ese país no tendrán más alternativa que comprar lo mismo, pero a un precio más caro.

Pero, en la peor de las hipótesis, las ventas a Estados Unidos, de todos los países, se reducirán. Desde luego, esas menores ventas no se distribuirán por igual entre todos los países. Algunos se verán más afectados que otros, pero de una forma u otra, todos tendrán que buscar nuevos mercados para las muchas o las pocas mercancías que dejen de vender a Estados Unidos.

Todos trataran de incrementar sus compras y sus ventas reciprocas, pero no en una lucha desesperada, caótica y arbitraria, en que todo valga y en que impere la ley de la selva.

Cambiarán las cantidades compradas y vendidas entre los países, pero las normas que ordenan el comercio internacional seguirán en alta medida intactas, pues gruesa parte de ese comercio se realiza amparado por tratados de libre comercio, que fijan normas claras, precisas y permanentes en el comercio entre los países firmantes.

Y el mundo está lleno de esos tratados, que cruzan todo el planeta y comprometen de una forma u otra a casi a todos los países del mundo. Hay 370 convenios de ese tipo firmados a nivel mundial, y hay otros, altamente importantes, que se siguen firmando.

La India firmó con la Unión Europea, recientemente, un tratado comercial, lo cual implica que el 25% de la población mundial se relacionará comercialmente de acuerdo a normas establecidas. La Unión Europea está en proceso de poner en vigencia un tratado comercial con el Mercosur, lo cual implica que varios otros millones de compradores y vendedores en el mundo se relacionaran entre sí de acuerdo a normas consensuadas.

Estamos en presencia, por lo tanto, de una gigantesca apuesta por el comercio normado, bilateral o multilateralmente, que aleja a la comunidad internacional del caos normativo que se suponía iba a seguir a las decisiones arancelarias estadounidense.

En nuestra América Latina también hay varias decenas de tratados de comercio firmados entre dos o más países de la región, todo lo cual conforma una extensa red de comercio normado. Chile, a su vez tiene convenios de esta naturaleza con prácticamente todos los países de la región, además de tenerlos con la Unión Europea, con China y con muchos otros países del área del Pacifico.

Todo ello nos proporciona un cierto grado de protección en el terreno estrictamente comercial, pero la lucha geopolítica contemporánea utiliza medidas que van mucho más allá de lo meramente comercial. Incluso el uso puro y simple de la fuerza bruta se visualiza peligrosamente en el horizonte. Por eso, no podemos quedarnos tranquilos con la situación presente, sino que tenemos que ver, con extremo cuidado y sabiduría, las amenazas que se presentan como posibles.

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