ver más
Coquimbo

Región de Coquimbo cumple siete años con déficit de agua en los ríos, que llevan casi un tercio de su caudal histórico

Cada vez menos agua corre por los ríos de la región de Coquimbo, que a diferencia de otras partes del país no recibió las lluvias de los últimos años. Los caudales están a cerca de un 30% de su promedio histórico mientras agricultores y autoridades locales buscan soluciones naturales y artificiales para adaptarse.

Por María del Mar Parra 25 de febrero de 2026 - 00:00

En una profunda sequía estructural se encuentra la región de Coquimbo; situación que no ha encontrado alivio ni siquiera en los últimos años donde se recuperaron un poco las lluvias a lo largo del país.

Según el último boletín climático del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA), los ríos de la región cumplen siete años con caudales por debajo de su promedio histórico.

Las tres cuencas que atraviesan el territorio regional llevan alrededor de un tercio de su caudal histórico: El río Elqui lleva 30%, el Limarí 38% y el Choapa 34%. Esta situación también ha generado una disminución acumulada en los niveles de agua embalsada en la región, que es la segunda con más embalses después del Biobío.

El agua embalsada en la cuenca del Elqui es de 19% de su capacidad. En Limarí los embalses están a un 19% de capacidad. La única provincia que ha visto una recuperación en sus niveles de agua embalsada en los últimos meses es la de Choapa, con niveles llegando a 77%.

Con solo 4 km cuadrados de nieve acumulada en la cordillera, científicos alertan que es improbable proyectar una recuperación hídrica en el corto plazo. Esto se suma a que se está desarrollando la temporada seca, por lo que hasta abril “no debiese haber eventos de precipitación importantes que contribuyan al total anual”, se declara en el informe.

Desaladora, plantas y atrapanieblas

A lo largo de los años de sequía acumulada, desde la región de Coquimbo se están impulsando diversas iniciativas para mitigar la crisis hídrica o adaptarse a ella, en un contexto en que las proyecciones por el cambio climático adelantan una reducción de lluvia y nieve en la cordillera y un aumento en las temperaturas promedio para el futuro cercano.

Desde el Ministerio de Obras Públicas (MOP) se está licitando un proyecto para construir una planta desaladora de agua de mar que abastecería a cerca de 460 mil personas priorizando el consumo humano y con una inversión estimada de US$ 350 millones.

Para mitigar el calor y la sequía en las ciudades, especialistas están plantando vegetación nativa en espacios públicos, aprovechando la resiliencia de plantas que ya están adaptadas a la aridez de la zona. Según investigadores del CEAZA, las zonas con vegetación en las ciudades de la región presentan 10° menos que las partes despejadas.

“La vegetación nativa funciona como una especie de bomba de agua que distribuye el agua desde las profundidades del suelo a la atmósfera. Esto hace que la atmósfera sea más húmeda o menos árida, y tiene un efecto significativo sobre el clima local de estas zonas”, comenta el climatólogo regional del CEAZA, Álvaro Salazar.

En escuelas rurales de la región también se ha innovado cosechando agua desde la niebla del aire, a través de sistemas de atrapanieblas. El agua luego se procesa con sistemas de membranas y de luz ultravioleta para quitarle los contaminantes y potabilizarla. Este sistema, ideado por la fundación Un Alto en el Desierto, permite que las escuelas ahorren hasta 360 mil litros de agua por año.

Agricultores de la comunidad agrícola de Peñablanca en la provincia del Limarí también instalaron un sistema de atrapanieblas con apoyo del INDAP para aprovechar la influencia costera en la zona y cosechar agua que riega un terreno sembrado con especies forrajeras.

Desertificación

Para los académicos de la región, el concepto de sequía quedó corto y se está hablando de desertificación. Debido a la prolongada sequía, la desertificación describe cómo el suelo de la región de ha ido degradando al punto de perder su calidad para ser cultivable.

Esto se suma a que las proyecciones climáticas para la zona central del país prevén menos lluvias y un aumento en las temperaturas en zonas cordilleranas, donde se alojan los glaciares y nieves que sirven como reserva de agua para la temporada de verano.

El rol de estos ecosistemas es especialmente importante en zonas semiáridas como Coquimbo, donde las lluvias son escasas, pero el aumento de temperaturas y baja en las lluvias implican que habrá menos agua acumulada en la cordillera, y que los glaciares se derretirán más rápido.

El caso del glaciar Tapado en la cordillera de Coquimbo demuestra los impactos que ya está teniendo esta situación. Un reciente estudio reciente develó que desde que empezó la mega sequía en 2010, las precipitaciones sobre el glaciar se han reducido en 43%.

Desde 1956 hasta la fecha, la porción de hielo descubierto del glaciar ha perdido 35% de su superficie, mientras que en la parte cubierta por roca han aparecido numerosas lagunas que se vuelven cada vez más granes. En la parte alta, el terreno se volvió inestable ocasionando caídas más frecuentes de hielo, nieve y rocas.

Temas
Sigue leyendo

Te Puede Interesar