Palestina 36 se estrena este jueves 12 de febrero en cines chilenos. La película —preseleccionada al Oscar a Mejor Película Internacional y prohibida en Israel— narra la revuelta árabe de 1936-1939 contra el mandato británico, un episodio histórico poco conocido que Jacir investigó desde hace casi una década. "Mi padre nació en 1936, el primer año de la revuelta. Mi madre nació en 1939, el último año de la revuelta", explica la directora, para quien este periodo es determinante para entender el presente palestino.
La revuelta de los campesinos
La revuelta de 1936-1939 fue el levantamiento más extenso y prolongado contra el Imperio británico en Palestina. Durante tres años, aldeas enteras se alzaron contra el mandato colonial y la creciente llegada de inmigrantes judíos que huían del antisemitismo en Europa. Gran Bretaña desplegó más tropas en Palestina que en toda la India. La represión terminó con el 10% de la población masculina árabe adulta asesinada, herida, encarcelada o exiliada. Este episodio fundacional, sin embargo, ha sido sistemáticamente borrado de la narrativa occidental.
-La película muestra una diversidad de voces presentes en el pueblo palestino de 1936. Además de las tensiones entre la élite urbana y el campesinado, que finalmente toma la decisión de iniciar la revuelta. ¿Por qué fue importante para ti establecer esta polifonía de voces en lugar de una narrativa más tradicional?
Creo que es muy importante hablar de clase cuando hablamos de Palestina, o de cualquier lugar. Esta revuelta fue dirigida por los campesinos. Fue una revolución masiva que se distribuyó del campo a la ciudad, pero los líderes de la revolución eran los agricultores.
También es importante entender que fueron ellos quienes se enfrentaron realmente con la violencia del ejército británico, con lo que estaba sucediendo en el campo. Un ejemplo es el general británico Orde Wingate, que aparece en la película como personaje y se basa en una figura real. Él operaba por su propia cuenta, llevando a cabo una campaña extremadamente violenta e inortodoxa. Tanto así, que los propios británicos finalmente lo expulsaron de Palestina por sus excesos.
La revolución, por supuesto, también involucraba a las ciudades y las clases superiores. Delegaciones palestinas fueron a Londres, participaron en conferencias, negociaron diplomáticamente. Pero de una manera muy diferente. Estaban lidiando con los británicos en salones, no en el campo, sin enfrentar el mismo tipo de violencia. Y los británicos sabían perfectamente cómo manejar ese tipo de resistencia.
-Hubo una élite colaborativa con el imperio británico...
Algunas de las élites, sí. Quería mostrar eso y creo que es importante hablarlo. Pensaban que tal vez habría algo positivo en negociar. Los británicos habían estado en Palestina durante casi 20 años en ese momento, en 1936. También había una vida normal desarrollándose.
-¿Es difícil hablar de clase en el contexto palestino?
Es importante mostrarlo. No lo hablamos suficientemente, especialmente cuando discutimos la revolución.
Tu pregunta sobre por qué un grupo y no un personaje singular tiene que ver en parte con eso. Primero, fue la forma natural en que la historia me llegó y empecé a escribirla así, sin pensar en ello. Pero después entendí que no quería hacer una obra clásica centrada solo en Yusuf, por ejemplo, el joven que deja su pueblo.
Esta es la historia de un país y de una revolución que fue del pueblo. Todas esas personas están afectadas de diferentes maneras y participan de formas muy diversas. Como la madre de la pequeña niña: su participación nunca es disparar un arma. Sabemos que sabe cómo usar una, pero no lo hace. Le da comida a los rebeldes. Hay diferentes maneras en las que la gente participa. Sentí que era necesario tener las distintas historias de un grupo de personas en una historia de revolución.
El archivo como testimonio
El uso de material de archivo en Palestina 36 no funciona solo como ilustración. Jacir trabajó durante meses con una productora de archivos en Ramala, recopilando material de seis o siete fuentes distintas, incluida la BBC. El proceso no fue fácil: cada fragmento debía limpiarse, colorearse digitalmente y en algunos casos, las instituciones que poseían los archivos se negaban a autorizar su colorización. El resultado es un testimonio visual que muestra una sociedad palestina vibrante —con campos de algodón, mercados, familias, tradiciones— que fue sistemáticamente borrado.
-La película combina ficción dramática con material de archivo. ¿Cómo construiste ese equilibrio narrativo y qué te llevó a tomar esa decisión estética?
Usé archivos porque me pareció un gran modo de mostrar el mundo en el que vivimos. Pero si miras esos archivos, lo único en que los británicos eran buenos era en grabar todo. Entonces realmente ves que era un mundo que estaba vivo y fue asesinado. Me asusta verlos y reconocer tantos lugares que ya no existen, saber que esas personas terminaron siendo refugiados. El 75% de los palestinos se convirtieron en refugiados después de 1948 (año de la Nakba). Siempre me pregunto: ¿dónde está esta persona? ¿Qué pasó? ¿Cuáles son las historias de todas esas personas?
El trabajo con los archivos fue complejo. Primero, los usé para la escritura. Trabajé con una productora de archivos que vivía en Ramallah en Csjordania. Estábamos recopilando el material, mirándolo y usándolo para la escritura, para la construcción de los sets y el diseño de producción.
Luego, cuando llegó el momento de incorporarlos a la película, los integré directamente al guion. Escribía: "aquí va archivo", "en este momento, archivo". Le pedí a la productora que encontrara ciertas cosas específicas. Y luego había que limpiarlos.
Limpiar todos los archivos de diferentes fuentes fue un proceso largo. Por supuesto, todo era en blanco y negro y decidimos colorearlo. Algunos no tenían suficiente calidad, así que no pudimos usarlos. En otros casos, las instituciones propietarias no querían que fueran coloreados, así que tuvimos que buscar alternativas.
La actriz palestina Yafa Bakri interpreta a Rabab, una joven viuda cuya resistencia nunca pasa por disparar el rifle que heredó: alimenta a los combatientes y protege a su familia. Entre el pasado y el presente
-Has dicho que no ves Palestina 36 como una película de época. Y viéndola, uno se da cuenta de lo contemporáneo que es el conflicto. Hay imágenes que perfectamente podrían ser actuales: el avance de los colonos y la represión contra el pueblo palestino. ¿En qué momento te diste cuenta de que estabas haciendo una película sobre el presente?
Me di cuenta mientras estaba escribiendo, porque me sorprendían las similitudes con mi vida hoy en Palestina. Los checkpoints, los ejércitos entrando en nuestras aldeas. Todo lo que controla nuestra vida es lo mismo.
Estaba muy consciente de eso mientras escribía. Pero luego, después de que comenzó el genocidio y estábamos tratando de grabar la película, se volvió aún más evidente. Se sintió como si estuviéramos en el pasado: periódicos cerrados, banderas prohibidas, el mismo control de la población. Lo estábamos viendo, y de repente lo estábamos viviendo exactamente.
Fue una experiencia muy extraña hacer una película sobre este periodo y sentir que vivíamos casi la misma cosa. La línea entre el pasado y el presente se volvió muy difusa.
Disputar la narrativa colonial
"Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra" fue la frase acuñada por el escritor sionista Israel Zangwill en 1901. Esta mentira colonial se convirtió en el fundamento ideológico de la colonización de Palestina. La cinta de Jacir cuestiona esa narrativa mostrando lo que los archivos británicos revelan: una sociedad compleja, con sistemas de gobierno, agricultura próspera, vida cultural y política.
-En Occidente, la frase "una tierra sin gente para una gente sin tierra" ha sido central en la narrativa sionista. Pero tu película muestra algo completamente diferente. ¿Por qué crees que esa imagen de tierra vacía ha sido tan efectiva en la imaginación occidental?
La narrativa de 'tierra sin pueblo' era la única manera de justificar la colonización, a pesar de que todos sabemos que es una mentira.
La pregunta es: si fue una tierra sin gente, ¿por qué los británicos enviaron miles y miles de tropas para controlar a la gente? Si no había gente allí, ¿para qué enviaron maquinaria, tanques, armas, aviones? Sabemos que no es verdad.
Esa es la razón por la que uso archivos en la película. Me pareció el mejor modo de mostrar el mundo en el que vivían. Y si miras esos archivos, te das cuenta de que lo único en que los británicos eran buenos era en grabar todo. Entonces realmente ves que era un mundo que estaba vivo. Estaba vivo y fue asesinado.
El actor palestino Saleh Bakri interpreta a Khalid, un estibador del puerto de Jaffa que abandona su trabajo para unirse a la rebelión armada tras sufrir discriminación laboral y ver la impunidad británica.
Recepción en Occidente
En diciembre de 2024, Palestina 36 tuvo una proyección especial en el Parlamento británico organizada por el Comité Palestino Británico. Jacir asistió junto al actor Billy Howle. "Hubo una discusión muy acalorada al respecto. Creo que es maravilloso poder hablar de ello", comenta. En esa sala, bajo un retrato de Arthur Balfour —el ministro que en 1917 firmó la declaración que apoyó el establecimiento de una patria judía en Palestina—, se discutió una historia que Gran Bretaña prefiere olvidar. La película se estrenó comercialmente en Reino Unido el 31 de octubre de 2025 y permaneció en cartelera 13 semanas, un logro inusual para cine de autor no angloparlante. Sin embargo, no recibió ninguna nominación al BAFTA.
-¿Cómo fue la recepción en Reino Unido de tu película? Sabía que tu película se proyectó en el Parlamento británico. ¿Cuál fue el impacto de tu película en ese contexto?
El estreno fue en Reino Unido y fue increíble. Todos estaban sorprendidos porque permaneció en los cines por casi 13 semanas. La gente iba a verla y hablaba de ella.
Cuando fui allá, porque la película es incómoda para los británicos, encontré una audiencia muy abierta, muy curiosa, con ganas de saber, de hablar de ella. Fue un lanzamiento maravilloso.
Luego tuvimos la proyección en el Parlamento, como dijiste, y fue una muy buena conversación. Mucha gente preguntaba: ¿por qué esto no fue parte de nuestra educación? ¿Por qué se olvidó?
Pero también tengo que decir que, a pesar de este éxito en Reino Unido, no tuvimos ninguna nominación para el BAFTA. Ninguna. Ni en vestuario, ni en actor de reparto, ni en música. Y la gente también estaba muy sorprendida por eso. Y eso que una película británica...
-Chile tiene la mayor diáspora palestina fuera del mundo árabe. ¿Qué esperas que la audiencia chilena vea en esta película? ¿Crees que nuestra propia historia de colonialismo crea puentes de comprensión?
Para la comunidad palestina en Chile puede ser muy emocionante, porque muchas de sus familias se fueron durante este periodo o incluso antes, durante el gobierno otomano, antes de que llegaran los británicos.
Es realmente una historia personal y, por supuesto, la historia de la colonización y lo que significa para las audiencias latinoamericanas. Hay muchas similitudes y mucho que discutir. La conexión existe.
Y lo que espero es que abra una conversación. Hay más conexiones en el mundo de las que sabemos.
El actor palestino Karim Daoud Anaya interpreta a Yusuf, un joven campesino que trabaja en Jerusalén y se convierte en testigo privilegiado de las tensiones que desencadenarán la revuelta de 1936.
¿Puede el arte cambiarnos?
-¿Qué rol crees que el cine puede jugar en un contexto donde la narrativa hegemónica sobre Palestina es tan poderosa? ¿Puede el arte cambiar la consciencia o solo habla a los que ya están convencidos?
Siempre digo esto: no creo que el arte vaya a cambiar el mundo. Pero sí hay conexiones que hacer. Las personas que conocen esta historia o se conectan con ella verán la película y estarán emocionados de verla.
Por eso la gente de la comunidad palestina se involucró en la película y hubo inversores que pusieron dinero para apoyarla. Es nuestra historia y nunca se nos cuenta. Ha sido borrada y tenemos el derecho de contarla. La gente cree en eso.
Pero también lo he visto en proyecciones, con gente que ha venido sin saber nada. Sucedió mucho cuando fui a Estados Unidos para la campaña del Oscar, con estadounidenses que crecieron sionistas. Me dijeron que no sabían nada de esta historia. Nunca habían visto imágenes de palestinos. Y ver los archivos... Los cambió profundamente. Cambió su punto de vista con respecto a lo que le sucede al pueblo palestino.