El triunfo de José Antonio Kast en las presidenciales de diciembre no solo significó una derrota electoral para el progresismo chileno, sino que abrió un profundo proceso que aún se mantiene en desarrollo: la fragmentación del oficialismo y la disputa por el rumbo, el liderazgo y el legado político de la administración de Gabriel Boric.
- El Desconcierto >
- Política >
Reordenamiento progresista de cara a marzo: el PS gira hacia el PC mientras se enfría la relación con el Frente Amplio
A poco más de un mes del cambio de mando, la coalición que llevó al Frente Amplio a La Moneda muestra señales claras de reordenamiento interno, con un Socialismo Democrático que toma distancia de la tienda del presidente saliente, un Partido Comunista que busca recomponer puentes estratégicos y un FA enfrentado al desgaste propio de haber sido gobierno.
Las divisiones no son nuevas, pero sí más explícitas. A los reproches cruzados tras la derrota se sumaron tensiones acumuladas durante los últimos años de gobierno, particularmente en torno a la agenda de seguridad, a la relación con las policías y el manejo del conflicto social. En ese marco, la Ley Naín-Retamal operó como un catalizador de un quiebre que ya estaba latente.
La ley Naín-Retamal como punto de inflexión
Y es que la absolución del excarabinero Claudio Crespo, acusado por la Fiscalía de ser el principal responsable de dejar ciego al entonces estudiante y hoy diputado Gustavo Gatica durante el estallido social de 2019, profundizó las diferencias al interior del pacto oficialista.
El fallo se apoyó en la aplicación retroactiva de la normativa que consagra la legítima defensa privilegiada para funcionarios policiales y que fue impulsada por el Ejecutivo con el respaldo clave de los partidos del Socialismo Democrático.
Desde el Frente Amplio, varios dirigentes y parlamentarios cuestionaron públicamente el resultado del juicio, apuntando a un escenario de impunidad y responsabilizando políticamente a quienes respaldaron la legislación.
Las críticas no cayeron bien en el Partido Socialista ni en el PPD, donde interpretaron estos cuestionamientos como una forma de desmarcarse del costo político de haber gobernado y, al mismo tiempo, tensionar innecesariamente una relación ya debilitada.
En respuesta, el PS optó por congelar las relaciones políticas con el FA y el PC incluyendo su participación en la alianza de gobierno, en una señal inédita que dio cuenta del nivel de deterioro de las confianzas internas. Más que una reacción coyuntural, la decisión evidenció una redefinición del lugar que cada fuerza busca ocupar en la futura oposición al republicano.
Disputa por el liderazgo y el legado del progresismo
Aunque públicamente varios dirigentes intentan desdramatizar la ruptura, en privado el diagnóstico es más crudo. La derrota electoral dejó en evidencia una disputa por el liderazgo del sector y por la interpretación del legado del gobierno de Boric.
Mientras que los frenteamplistas reivindican haber encabezado un proceso transformador en condiciones adversas, en la coalición socialdemócrata existe la percepción de que el costo del desgaste recayó de manera desproporcionada en los partidos tradicionales sin que la colectividad de Boric asumiera plenamente los errores de la conducción política.
"El Frente Amplio siempre va a tener la experiencia de haber liderado el Ejecutivo, y eso pesa en cualquier discusión futura", reconocen dirigentes socialistas que al mismo tiempo admiten la falta de un liderazgo claro que ordene al sector de cara a la oposición.
En ese contexto, la discusión no es solo programática, sino también estratégica: cómo posicionarse frente a un gobierno de ultraderecha sin diluir identidades ni cargar con costos ajenos. Eso mismo lo comentó el vicepresidente del PS, el diputado Arturo Barrios, quien apuntó a la necesidad de recomponer mínimos comunes sin desconocer las diferencias.
"A nivel parlamentario siempre trabajamos juntos. Yo creo que la unidad es indispensable en estos momentos. Nos gusta la diversidad, hay que ser tolerante a la heterogeneidad que se ha de tener", sostuvo a El Desconcierto. Sobre la ley Naín-Retamal agregó que "no se puede responsabilizar a quienes votaron por esa ley (...) Unidad con respeto. Tan simple como aquello".
Autonomía socialdemócrata y coordinación selectiva
En el PPD, que mantiene su alianza histórica con el PS, la lectura es similar. Si bien descartan una ruptura total con el resto del progresismo, enfatizan la necesidad de fortalecer una identidad socialdemócrata propia, con mayor autonomía ante el Frente Amplio.
“Apostamos a que las oposiciones tengan una identidad clara, especialmente la socialdemocracia, y que desde las legítimas diferencias se trabaje en coordinación con el Frente Amplio y el Partido Comunista", señaló el secretario general del PPD, José Toro.
El diputado Raúl Soto (PPD) reforzó esa idea al plantear que “va a existir más autonomía y libertad para actuar desde lo que cada uno representa, pero eso no significa que se corten todos los puentes”. A su juicio, la unidad se expresará principalmente en la defensa de los derechos sociales frente a eventuales retrocesos bajo el gobierno de Kast, más que en una oposición orgánica y permanente.
En ese contexto, el re-acercamiento entre el PS y el PC, concretado esta semana en una reunión que reactivó la idea de un cónclave oficialista, marcó un giro relevante. Lo cierto es que los dirigentes explicaron que se trata de una señal de pragmatismo mutuo y un intento por recomponer un eje histórico de la izquierda chilena, esta vez desde la oposición.
El FA emprenderá su propio camino
Desde la dirección frenteamplista proyectan que los desencuentros con el Socialismo Democrático podrían repetirse en los próximos cuatro años, razón por la cual apostarán por “un camino propio” y por reconstruir una militancia agotada luego de la gestión del Estado a nivel central.
Fuentes del comité central consultadas por El Desconcierto apuntan a un problema de conducción en la organización de Salvador Allende y una falta de claridad tras la derrota. “La unidad es un objetivo, pero no a cualquier precio”, replicaron, y matizaron con que durante el gobierno optaron en reiteradas ocasiones por "poner la otra mejilla" para sostener el conglomerado.
Hoy, sin embargo, la prioridad parece ser otra: recomponerse, volver a las bases y redefinir un proyecto político en un escenario adverso. Así, más que un quiebre definitivo, el oficialismo atraviesa una fase de reordenamiento forzado por la derrota electoral y por las tensiones no resueltas del ciclo anterior.
La relación entre el PS y el PC parece encaminarse hacia una recomposición estratégica, mientras el Frente Amplio enfrenta el desafío de asumir su legado de gobierno sin perder identidad en una realidad dominada por la ultraderecha.