Enero de 2026: ¿Momento de la verdad? No, solo expectativas
Miles de estudiantes chilenos de secundaria recibieron sus puntajes de la PAES en un instante decisivo para sus vidas: esos números abren o cierran las puertas de la educación superior, especialmente de las universidades. Pero detrás de la ansiedad juvenil y las celebraciones familiares, se esconde una pregunta mayor: ¿Qué significa realmente entrar a la universidad hoy en Chile?
El espejo británico
En diciembre de 2025, un informe desde Reino Unido mostró que la confianza en las universidades está en mínimos históricos: más titulados, menos empleos disponibles (Rowsell, October 14, 2025). La lección es clara: no importa cuán empleables hagamos a los graduados si el mercado no acompaña.
Chile hoy exhibe altas tasas de empleabilidad en salud e informática, pero también precariedad: el INE (2024) reveló que “el 70,1% del total de las personas ocupadas percibió ingresos iguales o menores al ingreso medio nacional”. Si la universidad se reduce a rankings de sueldos y empleabilidad, la confianza puede quebrarse cuando la realidad laboral contradiga la promesa, lo que sucede muy rápidamente.
Democracia epistémica en riesgo
La educación superior no es solo un pasaporte salarial: es un bien público, un espacio de formación crítica y producción de conocimiento. Si la narrativa se limita a ‘qué carrera paga más’, la universidad pierde legitimidad como institución democrática.
En enero de 2026, los estudiantes que reciben sus puntajes no solo deciden su futuro personal: deciden también el destino de la confianza social en la universidad. Si el sistema sigue atrapado en rankings y promesas de empleabilidad, corre el riesgo de repetir el ciclo británico: más títulos, menos confianza.
Conclusión
La relación entre rankings y acceso universitario en Chile es directa en la decisión inmediata e indirecta en la confianza futura. Los jóvenes leen los rankings como brújula, pero la precariedad laboral y la brecha digital pueden convertir esa brújula en espejismo.
La tarea es doble:
Robustecer el ecosistema laboral para absorber a los nuevos titulados.
Reafirmar el valor público de la universidad más allá de la empleabilidad, con transparencia, práctica temprana y narrativa crítica.
Solo así, en enero de 2026, los puntajes de la PAES serán más que un número: serán la entrada a una educación superior que sostenga la democracia epistémica y la libertad sustantiva.
Referencias bibliográficas