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La burla como síntoma de la impunidad
Foto: Agencia Uno

La burla como síntoma de la impunidad

Por: Capitán Cianuro | 17.01.2026
La absolución de Claudio Crespo no solo expone una falla judicial, sino que revela una cultura arraigada de desprecio por la vida, donde la violencia estatal se celebra y la burla a las víctimas se normaliza bajo el amparo de la impunidad.

Cuando observamos imágenes de miembros del ejército sionista riéndose frente a las víctimas palestinas, o registros donde celebran la destrucción de hospitales en Gaza, la reacción inmediata es de asombro e indignación. Del mismo modo, la historia nos ha mostrado a jerarcas y soldados nazis haciendo humoradas sobre la aniquilación del pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial.

Esas escenas suelen ser presentadas como expresiones extremas de deshumanización, propias de contextos lejanos o de épocas superadas. Sin embargo, basta mirar con atención nuestra propia historia reciente para comprender que en Chile no estamos tan lejos de esas conductas.

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No olvidemos cómo el tirano Augusto Pinochet se reía públicamente de las víctimas de la represión y del terrorismo de Estado que encabezó, ni cómo amplios sectores de la sociedad celebraban la muerte de quienes eran etiquetados como “terroristas” a manos de agentes estatales.

Tampoco es ajeno a nuestra memoria colectiva el escuchar a personas manifestar alegría por la quema de Rodrigo Rojas de Negri y Carmen Gloria Quintana, o recordar la frase liviana y cruel de Cecilia Bolocco al referirse al disparo que casi le costó la vida a Pachi Santibáñez: “a la universidad se va a estudiar”. Podríamos llenar páginas enteras con ejemplos de cómo ciertos grupos celebran el desprecio por la vida humana, los mismos que luego se autoproclaman defensores de la vida con una hipocresía difícil de disimular.

En este contexto, el reciente veredicto que absolvió al exoficial de Carabineros, Claudio Crespo, responsable del disparo que dejó ciego a Gustavo Gatica durante el estallido social, no puede entenderse como un hecho aislado. La reacción posterior del propio Crespo, burlándose en redes sociales de la víctima, no solo resulta ofensiva, sino que revela con crudeza el verdadero problema de fondo: la impunidad como mensaje político y cultural. No se trata únicamente de una absolución judicial, sino de la confirmación de que ciertos agentes del Estado pueden ejercer violencia extrema y luego celebrarla públicamente sin consecuencias reales.

Es necesario ser precisos. En el juicio se acreditó el disparo que cegó a Gustavo Gatica. Se acreditó, además, que Claudio Crespo intentó desviar responsabilidades, culpando a otro carabinero. Existiendo pruebas contundentes, el tribunal optó por aplicar de manera retroactiva la Ley Naín-Retamal, sosteniendo que un manifestante, a una distancia aproximada de 24 metros, representaba una amenaza tal que justificaba el uso de un proyectil disparado directamente al rostro.

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No para disuadir, no para controlar, sino para neutralizar de forma irreversible. La absolución, por tanto, no equivale a inocencia moral ni fáctica: solo significa ausencia de pena. La responsabilidad existe, pero es cubierta por un manto legal de impunidad.

Conviene decirlo sin rodeos: Claudio Crespo no es una anomalía, es el reflejo de una parte de la sociedad chilena, aquella que desprecia la vida cuando esta no encaja en su marco ideológico, y que aplaude a quienes ejercen el poder sin criterio ni responsabilidad.

Son los mismos que justifican el “gatillo fácil”, que naturalizan la violencia estatal y que consideran aceptable dejar ciego a un joven en nombre del orden. No resulta descabellado pensar que una persona con este historial podría incluso recibir apoyo electoral, porque representa una lógica profundamente arraigada: la del castigo ejemplar, la venganza y la deshumanización del otro.

La burla de Crespo tras el fallo no es un exabrupto personal, sino un síntoma. Un síntoma de una institucionalidad que falla, de una justicia que no repara y de una sociedad que, demasiadas veces, ha preferido mirar hacia otro lado. Mientras no se enfrente esta cultura de impunidad y desprecio por la vida, seguiremos escandalizándonos por imágenes lejanas, sin reconocer que el problema también habita entre nosotros.

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