Es uno de los petróleos más contaminantes: Advierten que plan de Trump en Venezuela acelera la crisis climática
Mientras Donald Trump planea triplicar la producción de petróleo en Venezuela, el planeta comienza a ver las reales consecuencias de que uno de los países más contaminantes del mundo tenga un presidente negacionista del cambio climático.
Los planes de Trump en el país caribeño prometen emitir millones de toneladas adicionales de gases de efecto invernadero a la atmósfera, aumentando aún más rápido la temperatura media del planeta que ya está a punto de superar el límite de 1,5° por sobre niveles preindustriales establecido en el Acuerdo de París.
Especialistas calculan que la cantidad de toneladas de dióxido de carbono emitidas por la quema de esta cantidad de petróleo superarían lo que emiten en un año países con grandes economías como Brasil o el Reino Unido.
Esto exacerba aún más las consecuencias que ya están viviendo millones de personas a lo largo del mundo por eventos como olas de calor extremo, incendios forestales incontrolables, tormentas destructivas e inundaciones masivas.
No se trata solo de un problema de cantidad: el petróleo que existe en los yacimientos de Venezuela es un tipo de petróleo denso, ácido y con una mayor concentración de carbono, lo que lo hace muy contaminante. Al ser un petróleo pesado requiere más energía para ser extraído de la tierra y también para ser procesado, lo que aumenta también su huella de carbono.
Derrames y fugas de gas
Otro riesgo tiene que ver con la infraestructura de extracción venezolana que es antigua y no ha tenido una buena mantención a lo largo de los años, aumentando el riesgo de fugas de gas metano y de derrames.
El gas metano tiene una duración más corta en la atmósfera que el dióxido de carbono (CO2), pero atrapa mucho más calor acelerando el calentamiento en el corto plazo, lo que lo convierte en un potente gas de efecto invernadero. Además de las emisiones de metano de la ganadería y la descomposición de basura, la infraestructura de extracción genera constantes fugas.
En el caso de Venezuela, esta infraestructura con falta de mantención también ha provocado constantes derrames de petróleo contaminando en espacios naturales como el Lago Maracaibo o los mares de las islas Trinidad y Tobago.
Se estima que solo en 2023 hubo al menos 86 derrames de petróleo en Venezuela. Algunas de estas filtraciones chorrean por meses derramando el equivalente a miles de barriles de petróleo a cuerpos de agua y generando manchas de decenas de kilómetros. Esto afecta tanto a comunidades costeras como a ecosistemas ricos en biodiversidad.
Mirada cortoplacista
Para el ex ministro de Medio Ambiente y director del Hub Global contra el Metano, Marcelo Mena, se están disputando en este momento dos visiones de desarrollo: una de ellas es dependiente de los combustibles fósiles, que no solo generan la crisis climática sino que provocan una alta volatilidad en la economía por la inflación que traen las crisis del precio internacional del petróleo. La mirada que se contrapone busca un desarrollo más limpio.
“Irán, Venezuela, Rusia y Estados Unidos tienen ideologías muy distintas, pero tienen en común que son los países con mayores emisiones de metano en sus extracciones de petróleo, por lo tanto es aquel tipo de petróleo el que causa mayor daño al planeta en el corto plazo. Ese cortoplacismo al cual nos han sometido nos aleja del planeta en el que queremos vivir en el futuro”, declara.
En este contexto, llama a los países de Latinoamérica a tener una visión de largo plazo no solo ambiental sino económica, reduciendo la dependencia de sus economías con los combustibles fósiles ya que se trata de recursos cuya demanda global a largo plazo va a bajar.
“Aumentar la producción de petróleo puede tener sentido para demandas locales pero a la larga y a escala global, está bajando la demanda producto de la electromovilidad que partió por un impulso ambiental pero que hoy tiene que ver con un impulso económico, porque tener modos de transporte que consumen menos es algo que irreversiblemente va a significar una mayor penetración de la electromovilidad”, declara.
“En este contexto estas son malas políticas de corto plazo y a la larga quienes apuntan por esa visión de mundo van a terminar perdiendo la hegemonía en el desarrollo del futuro”, concluye.