Incomparable
Es difícil establecer comparaciones entre los modelos económicos argentino y chileno que justifique aplicar las medidas desregulatorias del país trasandino al nuestro, como sugirió el presidente electo José Antonio Kast al comentar "hay mucho que aprender de Argentina" en su visita a Javier Milei, apenas 48hrs después de su triunfo en las urnas.
Su estrategia internacional -que siguió con una visita a Ecuador para “aprender” de seguridad de un país con violencia desbordada y control territorial de grupos criminales-, claramente contrasta con su giro discursivo hacia un mensaje conciliador y a favor de los acuerdos que intenta instalar a nivel de la política interna tras su triunfo con “votos prestados” en segunda vuelta.
Su entusiasmo por visitar a sus aliados ideológicos más bien responde a una alianza internacional de la ultraderecha, con socios como el propio Milei y su dramático ajuste fiscal condicionado por los préstamos del Fondo Monetario Internacional (FMI); Trump en Estados Unidos (con su afán intervencionista en América Latina reforzado por la resucitada Doctrina “Monroe”); el condenado por intento de golpe de Estado Bolsonaro en Brasil; la agenda ultraconservadora de Giorgia Meloni en Italia; el retroceso en libertades individuales de los once años de Víctor Orbán en Hungría; la lucha contra las maras sin respetar derechos fundamentales y los intentos de eternizarse en el poder de Nayib Bukele en El Salvador; o la retórica de la crueldad y odio del líder de Vox, Santiago Abascal, en España.
Es la misma receta a aplicar: reducir el tamaño del Estado, disminuir las regulaciones, impulsar fuertes ajustes económicos e instalar un relato de miedo (“Chile se cae a pedazos”) que busca la restauración del orden, incluso con el costo de restringir libertades fundamentales en pro de la seguridad.
Como ya hay experiencias previas (la propia Argentina, sin ir más lejos), no es difícil concluir que dichas medidas terminan afectando a los trabajadores, mermando su poder adquisitivo (con efectos en el consumo y, por ende, en el propio crecimiento que prometen reactivar) y favoreciendo a las grandes empresas con bajas a los impuestos de primera categoría.
¿El resultado? Los pobres se vuelven más pobres y los ricos concentran aún más el ingreso, aumentan las utilidades empresariales, los beneficios para transnacionales y la explotación de recursos naturales de los países del "patrio trasero" de Estados Unidos.
De hecho, su actualizada Doctrina de Seguridad Nacional "Donroe" (por Donald y Monroe), plantea favorecer las inversiones de las empresas norteamericanas y asegurar la cadena de suministros críticos para su industria militar y tecnológica. Les suena el triángulo del litio en Argentina, Bolivia y Chile con reservas de 50% de este mineral a nivel global?
Los dos años de la administración mileísta aplicando la "motosierra" (símbolo de recortes con que posó Kast en una desconcertante y cuestionada puesta en escena, contradictoria con su llamado a la unidad un día antes), no son precisamente dignos de imitar: aumento de la pobreza a más de la mitad de los argentinos en 2024, caída de la producción industrial y el comercio, destrucción de 28 empresas diarias, 276 mil empleos perdidos, inversión extranjera negativa, baja del consumo rozando la recesión económica producto del ajuste (la "casta" terminó siendo el pueblo).
En contraste, la economía chilena tiene la inflación controlada con 3,4% en noviembre (en agosto tuvo una variación de 0%); la pobreza alcanza a sólo 6,5%; el riesgo país llegó a su mejor nivel en 18 años; la bolsa ha experimentado alzas históricas de ganancias en 2025; alza sostenida del precio del cobre; e inversión extranjera directa con cifras récord.
Paradojalmente, los inversionistas extranjeros tienen más confianza en la economía nacional que los propios chilenos, que han optado por sacar sus inversiones al exterior. En todo caso, la entrada de capitales extranjeros duplica la salida de los nacionales.
Aun así, el presidente electo señaló en su visita al país trasandino que "hay que aprender de cómo (los argentinos) han disminuido la inflación y cómo eso ha permitido bajar la pobreza extrema". Bien valdría repetir las cifras: según el Informe de Política Monetaria (Ipom) del Banco Central de diciembre, la inflación en Chile llegará a la meta de 3% (inflación anual) el primer semestre de 2026. Según la Casen, la pobreza extrema llega sólo a 2%.
Reformas estructurales
Argentina y Chile tienen distintas matrices productivas y procesos económicos. En nuestro país, la desregulación fue hecha a sangre y fuego por la dictadura militar en los setenta, con las reformas estructurales de la economía y la liberalización de las exportaciones, el mercado de capitales, la apertura financiera, la privatización de empresas estatales (mientras la derecha política vendía, la derecha económica compraba), la reforma previsional que no logró la tasa de reemplazo prometida, la extrema flexibilidad del mercado laboral. Todo, a un costo social altísimo.
En su visita a Argentina, Kast se enfrascó en una discusión con periodistas trasandinos, amenazándolos con no dejarlos entrar a la conferencia de prensa posterior (de manual, en el estilo agresivo y retórica del maltrato de Trump y Milei). Ahí también sostuvo que "vamos a tener un año duro, muy duro, porque las finanzas del país no están bien. No va a ser fácil".
¿Por qué Chile tendría que enfrentar un peor escenario, si la promesa fue justamente mejorar el crecimiento económico? El recorte fiscal de US$6mil millones en 18 meses que prometió y no supo explicar cómo operacionalizaría (ajuste que fue denunciado como imposible sin afectar el gasto social por la propia Evelyn Matthei) no sólo no se justifica en la realidad chilena, sino que podría resultar contraproducente: aumento de desempleo, desincentivo al consumo, estancamiento económico.
La reducción del gasto público no necesariamente es sinónimo de crecimiento, más aún cuando la historia reciente ha demostrado que la "teoría del chorreo" no funciona. Durante el boom de los commodities (cobre) que explicaron tasas de crecimiento sostenidas de 7% en un dinamismo económico excepcional en los noventa, los beneficios del desarrollo económico que sí pudieron mejorar la vida de las personas se produjeron por la activación de políticas sociales, no por la sola acción del mercado.
La estabilidad macroeconómica, la disciplina fiscal que mantiene (aunque no haya podido cumplir con el superávit fiscal por mayor demanda de gasto social), la cultura política y tradiciones democráticas que el mundo reconoció el día de la elección, hacen de Chile un país con las cuentas ordenadas, por lo que no corresponde que la ciudadanía termine pagando los costos de un ajuste que hace años ya sufrió.