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A propósito del mal humor de George Harris: La conflictiva integración en Chile
Nuestro país posee sólo una ficticia unidad nacional, de ahí que tempranamente el Estado con la intención de alcanzar un proyecto común a favor de la “modernización” capitalista, una vez instaladas sus instituciones en el siglo XIX, haya impulsado una masacre xenófoba que varios libros de nuestra historiografía nombran como la “pacificación de la araucanía”.
Durante el siglo XX la ideología nacionalista conservadora alimentó el mito de la grandeza de nuestra raza con un discurso directo y sin máscaras, a diferencia de los ultraderechistas de hoy en día, los que practican ideologías más difusas con la intención de disfrazar sus retóricas amparadas en visiones populistas.
Y estas miradas populistas -a su vez- han tenido buenos resultados de rendimiento político en nuestra era, la que se encuentra caracterizada por la circulación de mala información, que obedece a una estrategia de desinformación en donde sólo vale el “miente, miente, que algo queda”.
Esta ficticia unidad nacional fue puesta en cuestión durante el proceso constituyente, que instaló cierta fisura desde la idea de “plurinacionalidad”, atacada y denostada por la ideologías tradicionales de la derecha chilena, las nuevas tendencias fascistas, los amarillos y la prensa convencional.
Ese rechazo mal intencionado a la plurinacionalidad puede servirnos como símil para reflexionar sobre nuestro multiculturalismo, ya que tienen en común que ambas requieren ser comprendidas desde la posibilidad de la integración. Para esto necesitamos tener bien claro que la migración no representa un problema en sí, ya que el conflicto sólo aparece cuando no se realiza una integración a partir de modos de convivencia sensatos.
La integración es un punto de conflicto abierto para la conformación de un proyecto político común, debido a que acarrea -históricos- problemas de convivencia social, cultural y política. El ensayista Luis Oyarzún en su libro “Temas de la cultura chilena” advertía con claridad que uno de nuestros grandes males sociales era el conflicto de clases, dado el proceso histórico que no había logrado alcanzar la síntesis de dos clases, que serían las de los dominados y las de los dominadores.
Este análisis de Oyarzún se alejaba de los planteamientos marxistas que desde la década del 20' y hasta la de los 60' fueron alimentando esperanzas populares para la igualdad y justicia social con la intención de apartarse del “peligro” de la ideología. Este filósofo, moderado en lo político, era capaz de reconocer con honestidad el problema de clases que constituía un conflicto, cuestión que se nos hizo patente en el estallido de octubre del 2019
Otro punto de conflicto con la integración en donde el Estado ha tenido bastante participación son ciertos problemas que podríamos relacionar a las experiencias de colonización.
Por nombrar algunos que han sido parte de este siglo podemos mencionar la Colonia Dignidad, siempre blindada por simpatizantes del dictador y genocida Augusto Pinochet, y son conflictos más vigentes aún los relacionados a la ocupación de las tierras mapuches que aparecen presentes en hechos de violencia, como es la actual desaparición de Julia Chuñil vinculada a la defensa de la tierra.
Estos elementos introductorios sirven para una presentación de un proceso de integración que resulta conflictivo, no sólo desde lo cultural, sino que también desde lo político. Pero es necesario volver a enfatizar que la migración no es un problema, de hecho considero que es un derecho humano, sin embargo, la integración sí suele traer un contexto problemático.
En esta línea, la desafortunada presentación del humorista venezolano George Harris permite un análisis político al respecto, que sin una honesta autocrítica insinúa un ataque xenófobo. Nuestra institucionalidad y nuestro desarrollo cultural sigue estando al debe con la necesaria integración social, política y cultural de los migrantes.
Hemos sido un país que siempre ha recibido migraciones, en el último tiempo la más evidente es la venezolana, una comunidad que ha sido bastante influenciada por la ideología de la derecha neoliberal y de la derecha neoconservadora chilena, adquiriendo un escaso conocimiento real de nuestra historia y de nuestra identidad.
Esa visión de Chile es la que alimenta la sensación de un rechazo xenófobo a la pésima y fallida actuación de Harris (sobre esto el análisis es claro según lo que han expresado otros humoristas como Edo Caroe y Jorge Alis), cuestión que hoy exacerba los ánimos estimulando un conflicto algo extremo e innecesario. Por eso que el fracaso, dado el mal humor de George Harris, tome esa sensación xenófoba mal entendida.
El monstruo de Viña castigó el mal humor, la falta de profesionalismo y no la nacionalidad de este comediante que desde su ideología política ha tenido ciertas participaciones públicas de carácter xenófobas, frente a las manifestaciones de los pro palestinos, y el apoyo férreo de antichavistas y populistas que buscan un lugar en la escena política.
Este serio problema, generado en estos días tras la ya famosa presentación, nos revela un nuevo problema de integración que involucra a nuestra sociedad, al Estado, pero también -con mucha responsabilidad- a esas comunidades que dada su migración se ven forzadas a vivir al interior de otras culturas en donde deben ser integradas.
Esta integración requiere de la participación de todos los que forman parte del conflicto, de ahí la importancia de tratar de comprenderlo sin imponer formas de vida específicas, y menos rechazando las herencias culturales que son parte de la identidad de los pueblos.