jueves 21 de mayo de 2026

Crónicas australianas 3: El gol más hermoso

A los dos minutos de empezado el partido, Marta Cox clavó la pelota de tiro libre en un ángulo imposible, donde no llega la señal del celular. Los ojos de la panameña, ya húmedos un poco antes al cantar el himno, no pudieron evitar las lágrimas.

7 de agosto de 2023 - 23:00

Era el primer de Panamá en un Mundial y, creo, el primero de tiro libre en este Mundial. Razón tenía Marta para su emoción. Después el encuentro retomó su ritmo esperado y rápidamente Francia dio vuelta el encuentro con la tripleta incluida de Diani y una sarta de penales que hicieron la delicia del respetable.

Los últimos 20 minutos el estadio alentaba ruidosamente a las centroamericanas, tomando la posición del más débil y estableciendo un juego hermoso con las jugadoras de rojo que pedía más y más apoyo del público, sabiendo, pírricamente, que la derrota ya estaba echada.

En las gradas, niñas y niños disfrutaban de sus papas fritas y bebidas en una cantidad que no recordaba haber visto en un estadio en muchos años (es verdad: me habían dicho que era así en este Mundial, pero ver para creer…) Abuelas con sus nietos, grandes familias, grupos de amigos disfrutando de unas cervezas o una civilizada copa (bueno, vaso de plástico) de vino australiano. Una pareja de franceses conversa con unos ingleses y comentan las vicisitudes del partido, mientras mi hija –que vaya a saber por qué quiere que Francia gane—salta eufórica cada vez que la jugada se acerca a nuestro rincón para luego volver a la lectura de su libro.

Sí, es un ambiente muy diferente al del que estoy acostumbrado en un partido en un estadio, y me gusta la calma, la tranquilidad de las olas que vienen y se van; aunque también extraño la pasión nacionalista. Como siempre: uno lo quiere todo.

Recuerdo que fue Francia quien primero intentó construir un canal que uniera las miradas atlánticas con las pacíficas, pero no les resultó y fueron, poco después, los gringos quienes sí lo consiguieron. Pienso que el partido crea otro canal en el que el poema de Benedetti adquiere nuevo sentido.

No es tanto el sentido publicitario de eso que el “fútbol une al mundo” (aunque algo de eso hay y de ello tal vez escriba), sino más bien de la posibilidad del reconocimiento del otro, de la otra persona y aceptarlo en su diversidad y, más allá, quererla por ello. El abrazo de la jugadora panameña con la francesa, las felicitaciones mutuas, no son gestos vacíos y protocolares, no; son la posibilidad de un sentido nuevo de convivencia que emana desde el juego.

Pienso todo eso mientras regreso bajo la luz de la luna (casi llena) iluminando el rostro cansado de los más de cuarenta mil espectadores.

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