¿Qué se me viene a la mente cuando veo que un concejal en ejercicio emite comentarios como: “Si usted es padre o madre de una mujer menor de edad, contrólela, enciérrela. No le dé libertad de hacer lo que ella quiera”? Pienso en lo mucho que nos falta como país. Pienso en lo arraigada que está la violencia de género en nuestra sociedad. Pienso en lo fácil que es culpar a la mujer de todos sus males y no hacerse responsable de los propios actos. Pienso que, en mentalidad, en algunos lugares seguimos en el año 1900 y, tanto las mujeres como los niños, niñas y adolescentes (NNA), no son vistos como sujetos de derecho. Lo pienso y lo siento muy, muy profundamente. Me activa una rabia que no sé a dónde dirigir y pienso en todos y esos NNA que están siendo vulnerados y vulneradas hoy, en este momento, a vista y paciencia de tantos adultos que no han abierto los ojos, que no han dejado de normalizar la violencia sexual. Pienso también en qué hacemos para sanar a esta sociedad enferma. Esta sociedad que no protege a sus NNA ni sana a sus adultos. Pienso en qué sociedad estamos proyectando. A dónde queremos llegar si no somos capaces de abrir los ojos.
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