viernes 15 de mayo de 2026

Que no les importe, chiquilles

Me aferro a que nos ocupemos de lo urgente y no de lo que, a mi juicio y desde el respeto, me parece que está sobrando. Por no decir que, genuinamente, me parece una reacción un poquito exacerbada, por ejemplo, salir a cuestionar que un afiche publicitario tenga a nuestra Christiane Endler al lado de Alexis Sánchez compartiendo estatura.

28 de junio de 2019 - 23:00
Uno de los más profundos cambios que está experimentando la sociedad, a nivel transversal, es el que se empieza a generar como consecuencia de la revolución feminista. Instaladísima con justicia como un movimiento que nos ha ido moldeando a muchas quienes crecimos al alero del machismo, la transformación incluso ha impactado a la lingüística, que desde hace algunos años se ha visto desafiada por esta refrescante oleada de tiempos nuevos.

Entonces surgen el  “les”, el “chiquilles” y el “amigues”, entre tantas otras nuevas formas, mientras yo me cuestiono si vale o no la pena detenernos en este punto. Porque reposicionarnos socialmente desde nosotras mismas, a ratos brutalmente más machistas que los hombres y, por lo tanto, incluso sus mejores publicistas, ya es demasiada pega pendiente, como para dispersarnos en un estilo que no sólo me parece accesorio y prescindible, sino tremendamente forzado.

Es prioritario y urgente hacernos cargo de lo que nos toca para luego, de manera natural, generar una metamorfosis tan concreta como genuina. Es prioritario y secundario también. Porque es demasiado lo que dejamos de hacer. Tanto que nuestra flojera y desidia redundó en el surgimiento del machismo y, como contraparte, del feminismo. Bien brutal lo encuentro. Dramático me parece esta cruzada que nos enfrenta una y otra vez. Porque ha sido tanto el abuso, el atropello normalizado que, obviamente, en algún momento se sale del aturdimiento y reaccionamos. Y en ese paso, que a ratos podemos dar con irreconocible, e incluso para muchos, injustificable furia, es que podemos equivocarnos y aparecer ante el resto como burdas, patéticas, feminazi y todas las etiquetas que desde la otra vereda surgen como consecuencia de un estado de shock masculino que, incluso, puedo llegar a comprender. Comprender digo, no suscribir.

O sea, debe haber harto hombre que no está entendiendo nada. De hecho, es evidente. Porque sí, históricamente, se posicionaron socialmente desde el acabronamiento que les otorgaba el exclusivo hecho de ser machos insertos en una cultura falocentrista, con las obvias consecuencias que esta sobrevalorada variable genera en ellos, se entiende que ante tan colosal quitada de piso, les cueste reposicionarse socialmente. Vemos entonces, cómo algunos sacan a relucir su acote mental, falta de empatía, su precario nivel de evolución y a ratos, hasta su atrofiada estructura emocional, lo que redunda en que, por supuesto, no logren integrar que se les sancione o se les repudien sus chistecitos fomes alusivos al agrandamiento de la cocina y a todo el menú que incluye ese formato al que tanto se acomodaron ellos. Y muchas de ellas también. No sé, a ratos me pregunto, cómo están procesando el cambio, qué les pasa internamente, qué tanto los remueve y de qué manera. Me parece un ejercicio de mínima justicia hacerlos parte de lo que está pasando, integrarlos. Me preocupa que esto se esté traduciendo en una permanente confrontación sin sentido que, en lugar de convocarlos, los aleje.

Por eso me aferro a que nos ocupemos de lo urgente y no de lo que, a mi juicio y desde el respeto, me parece que está sobrando. Por no decir que, genuinamente, me parece una reacción un poquito exacerbada, por ejemplo, salir a cuestionar que un afiche publicitario tenga a nuestra Christiane Endler al lado de Alexis Sánchez compartiendo estatura. Y hablo de estatura física, no de otra índole. Puedo ponerme en modo pause un minuto y entender que tanto abuso nos tiene así, extra reactivas, pero no logro comprender que la minucia y un detalle estético cuya génesis desconocemos, porque no estuvimos en la producción de la mencionada imagen, logre dejar fuera de sí a un importante colectivo femenino que, al menos en Twitter, estalló con furia.

Amigue, en serio lo digo, que la revolución sea desde el fondo, que es tan relevante como necesario y urgente. Que nos importe más que la televisión hoy “se haga parte” de cruzada feminista y que, en consecuencia, no acceda a dar detalles de un perito ginecológico de una mujer brutalmente violentada como Nabila Rifo, lo que se traduce en una condena muy poco honesta de la violencia, justamente “sobreviolentando” a una mujer que fue condicionada a vivir en una situación de brutal desmedro respecto de cualquier ser humano, independientemente de su condición social.

Que nos importe la manera en que una televisión descarnada, poco humana e irresponsable ha tratado el caso de Fernanda Maciel, de quien se atrevieron a esbozar teorías varias apelando a paneles de personajes hambrientos de fama, desesperados porque un editor periodístico los confirme como estables, que les hable de montos y de rating.

A veces siento vergüenza. Admito que cada día me pasa con mayor frecuencia. Me avergüenza que mientras algunas mujeres se esfuerzan en exhibirse hipersensibilizadas y atrincheradas, frente a cualquier atisbo de actitudes patriarcales, algunas de las cuales no tienen nada de cuestionables porque patriarcales propiamente tal no son, se pierde el argumento, se colinda con la persecución y, tristemente, algunas representantes del género al que pertenezco, contribuyen de manera importante a confirmar el mito de la mujer histérica, frágil y hormonal. Una pésima estrategia que no suscribo.

Hago un esfuerzo por comprender a quienes defienden esta arista lingüística que releva el “elle”, el “amigue” y todas esas palabras que, tristemente a mi juicio, le otorgan a la cruzada un traje de moda a algo que no es tal y que, de hecho, es mucho más profundo y significativo, es justo, necesario y real.

Tan real como inadmisible que nuestra televisión se permita invertir en personajes de dudosa reputación para seguir mancillando el nombre, el respeto y la dignidad de una mujer embarazada asesinada en, hasta hace poco, extrañas circunstancias.

Más allá de que me abran la puerta del auto y de que me traten de “amigue”, me interesa que se me trate como corresponde y que el cambio lo entendamos todos, hombres y mujeres. Y que desde la comunión no empujemos y lo consolidemos. Me ilusiona que la sororidad esté vinculada a criterios mínimos de decencia y respeto al momento de decidir qué temas abordar en la pantalla chica y con quiénes. Porque no puede ser que en más de un año, un sinnúmero de videntes que parecen sacados de un catálogo de “Llame ya”, hayan desfilado por los canales, hablando de sus incomprobables encuentros en “otra dimensión” con Fernanda Maciel. Sin respeto y escrúpulo alguno por la familia de ella y su guagüita. Nada. Y es tanto lo que se han permitido manosearla, que la señora Vanesa Daroch se permitió, incluso, aparecer en un panel de trasnoche atribuyéndose la resolución del caso, “mucho tiempo antes”,  de que se confirmara la identidad del cuerpo hallado hace unos días. Basta.

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