El lado oscuro
Una mujer fuerte, luchadora, vencedora del cáncer. Justamente lo que la sociedad quiere ver, y alabar. Pero, la realidad es que, existe otro tipo de mujer; la mujer enferma que si incomoda.
El reto también es aprender a vivir después del cáncer, en una sociedad donde tu trauma no es socialmente aceptado, donde hay que disculparse por no haber cumplido tu deber de mujer enferma, y perfecta.
Una mujer fuerte, luchadora, vencedora del cáncer. Justamente lo que la sociedad quiere ver, y alabar. Pero, la realidad es que, existe otro tipo de mujer; la mujer enferma que si incomoda.
A la mujer enferma, sobre todo cuando se habla de cáncer de mama, se tolera y visibiliza cuando sigue siendo positiva, femenina, agradecida y productiva. Está percepción, a pesar de que en ciertos casos puede ser la realidad, no es una realidad universal. Existe el lado del que no se habla, el tabú, el secreto.
La rabia, la depresión, el dolor, la sangre, el vómito y la sexualidad alterada. Se vende una imagen feminizada más que realista, creando un estereotipo respecto a las mujeres, con las cuáles muchas no se identifican. Tales estereotipos, generan una presión y estándar que para muchas es inalcanzable, siendo invisibilizadas por los mismos medios y empresas que lucran de esta imagen de “mujer enferma perfecta”.
Los últimos años, pareciera que la prevención del cáncer de mama se volvió marketing, y tu supervivencia depende en cuantas ganas tienes de vivir. Frases como “Debes mantenerte positiva” , “Tienes que luchar” , “No puedes rendirte”, son típicas cuando hablamos del cáncer de mama.
A pesar de la buena intención por detrás, también existe un peligro: incitar la idea de que tu vida, depende de cuantas ganas tienes de vivir. Pero la verdad es que, existen muchos factores que influyen, y las ganas, a pesar de que si son un aporte, no siempre son suficientes.
Decir que el cáncer de mama es neutro a nivel social es un gran error. Las eternas listas de espera en el sistema público, han creado una brecha de salud severa, donde solo algunas accederán a tratamiento y otras quedaran solo como un nombre más en la lista. El cáncer es una experiencia completamente distinta según dinero, comuna e incluso redes, aunque claramente es una experiencia difícil para todas, es innegable que las pacientes del sector privado tienen más acceso a tratamiento y mejor tasa de supervivencia.
Estudios señalan que las mujeres que son parte del sistema de salud privado (Isapres) presentan una tasa de letalidad menor (15.7%) en comparación con aquellas pertenecientes a Fonasa (27.5%)1. Esto sólo reitera la realidad irrefutable; las mujeres de clase social más alta tienen mejor posibilidad de sobrevivir el cáncer de mama, y al mismo tiempo se convierten en el estándar que la sociedad muestra.
El sufrimiento y el trauma de la mujer, puede ser convertido en la estrategia perfecta para los medios: la narrativa de la resiliencia femenina. Es cierto que las mujeres somos fuertes. Pero esto no significa que debamos serlo todo el tiempo. Tenemos traumas, miedos y pensamientos pesimistas, no somos un rayo de sol constante, sobre todo cuando estamos enfermas.
El trauma de las pacientes se convierte en contenido, en testimonios consumibles, en la capitalización de su sufrimiento. No solo el cáncer las enferma, si no que también son víctimas de una sociedad enferma, donde se aprovechan de su propio dolor de forma morbosa. Pero pocos se atreven a hablar al respecto, ya que es una realidad demasiado dura como para enfrentarla, lo cuál no signifique que deje de existir.
El acceso a tratamiento es un privilegio, que ha salvado muchas vidas. Pero, también es una gran apuesta. La autora Anne Boyyer, en su libro “ The Undying”, plantea una realidad cruda y perturbadora: La quimioterapia, es como saltar de un edificio cuando ya te están apuntando con una pistola en la cabeza.
La quimioterapia es tanto como un tratamiento, y una perdición. Existen distintos efectos secundarios, que poco a poco, te hacen perderte a ti misma. La fatiga, caída de pelo, náuseas, pérdida de libido y cambios de peso, son solo algunos de los muchos efectos que puede cambiar la quimioterapia 2.
Al empezar tu tratamiento, tienes la esperanza y posibilidad de sobrevivir, pero arriesgas pagar un precio muy alto: tu propia identidad, o al menos como la vivías antes. Es una decisión de extrema dificultad, pero para muchas sigue siendo mejor que morir sin la oportunidad de mejorarte.
Por si no fuera poco, el reto no es solo superar la enfermedad, donde se espera que debes mantenerte con la cabeza en alto. El reto también es aprender a vivir después del cáncer, en una sociedad donde tu trauma no es socialmente aceptado, donde hay que disculparse por no haber cumplido tu deber de mujer enferma, y perfecta. A la gente le gustan las mujeres fuertes, no las mujeres destruidas. Sobre todo, si sobreviviste, tienes el deber de agradecer que lo hiciste, la obligación de tener una sonrisa.
Tu experiencia solo es válida si es rentable, y tu trauma es algo que debes superar, siempre con excelente disposición, claro. Debes sentir culpa si no sobreviviste con una sonrisa en la cara, y seguir con tu vida. Tienes que ser productiva para sentirte útil.
Dejemos de sentir culpa por nuestras propias experiencias, únicamente nuestras. Dejemos de disculparnos por decir la verdad.