El momento medieval
No es que los pueblos se cansen, se cansan de haber vivido cansados, de haber vivido oprimidos, de ser hijos callados de las explicaciones y las teorías bien afiatadas, de ser el objeto perpetuo de la bulliciosa distancia reflexiva. De ahí que su contestación no sea otra que la paradójica forma de un ritual libre que traspasa los guiones, las moralejas y las enseñanzas pronunciadas con paños fríos. Una respuesta que subordina colectivamente la puesta en forma a un mero contagio inmanente de las potencias sensibles. Se abre ese ciclo -el gran ciclo de la transfusión de las potencias-, la gente sale a las calles, lamenta sus muertos, salta y se abraza y después de esto nadie regresa en las mismas condiciones a casa.
Por
Federico Galende