Juegos peligrosos
Es difícil no recordar a esas mujeres que tuvieron que esconderse detrás de sinónimos masculinos para poder publicar sin ofender a sus familias permitiendo que, durante años, la gloria fuera para sus maridos, como el caso de la escritora María Lejárraga. O sencillamente, como reconocía Mary Ann Evans, alias George Eliot, para que la tomaran en serio. Sólo la autoría masculina es seria. En ese “tomar en serio”, se esconde parte del inconcreto malestar que ha producido el juego de Carmen Mola. Un juego que sabe a mofa y a burla.