Donald Trump enfrentará un Congreso controlado por la oposición demócrata durante los últimos dos años de su segundo mandato, luego del triunfo de ese partido en las elecciones legislativas de medio término (midterms) celebradas el 3 de noviembre en Estados Unidos.
El nuevo equilibrio político permitirá impulsar investigaciones parlamentarias, bloquear iniciativas del mandatario y eventualmente promover un tercer impeachment, aunque no significa su destitución automática.
La victoria demócrata en ambas cámaras representa un cambio en la distribución del poder en Washington. Según los resultados, el partido consiguió al menos siete escaños senatoriales que estaban en manos republicanas y más de dos docenas de distritos en la Cámara de Representantes.
El nuevo Congreso asumirá sus funciones el 3 de enero de 2027. Hasta entonces, la composición legislativa actual continuará en ejercicio. Una vez instalada la nueva mayoría, los demócratas tendrán el control de las comisiones parlamentarias y podrán utilizar sus atribuciones de fiscalización para investigar decisiones de la administración Trump y citar a funcionarios.
¿Qué consecuencias tendrá la derrota republicana para Donald Trump?
La pérdida del control legislativo dificultará la aprobación de las iniciativas presidenciales y dará a los demócratas, herramientas para condicionar el presupuesto federal, revisar actuaciones de los organismos públicos y bloquear nombramientos que necesitan la aprobación del Senado.
También podrán impulsar investigaciones sobre distintas decisiones de la administración Trump, entre ellas las relacionadas con la política migratoria, la actuación del Departamento de Defensa y las actividades empresariales de la familia presidencial.
Sin embargo, Trump seguirá siendo presidente y conservará sus atribuciones ejecutivas. El mandatario podrá vetar proyectos aprobados por el Congreso y mantener otras facultades constitucionales, aunque tendrá que negociar con una oposición que ahora controla ambas cámaras.
El escenario también abre la posibilidad de enfrentamientos legislativos por el financiamiento de la administración federal y las prioridades presupuestarias. La nueva mayoría demócrata no puede imponer por sí sola todas sus iniciativas, pero sí modificar las condiciones políticas bajo las cuales el presidente busca concretar su programa.
¿Puede enfrentar un tercer impeachment?
Sí. La Constitución estadounidense contempla un procedimiento para acusar y eventualmente destituir al presidente, al vicepresidente y a otros funcionarios federales por traición, soborno u otros delitos y faltas graves (high crimes and misdemeanors).
La Cámara de Representantes tiene la facultad exclusiva de iniciar el impeachment. Para aprobar los artículos de acusación necesita una mayoría simple de los representantes que participan en la votación. Si consigue ese respaldo, el procedimiento pasa al Senado, donde se desarrolla el juicio político.
La Cámara Alta tiene la responsabilidad de determinar si corresponde condenar al mandatario. Para conseguir su destitución se necesita el respaldo de dos tercios de los senadores presentes. Si participan los 100 integrantes del Senado, se requieren 67 votos favorables.
Por lo tanto, aunque los demócratas controlen las dos cámaras, necesitan una mayoría mucho más amplia en el Senado para conseguir la salida de Trump. La nueva distribución parlamentaria facilita la presentación y tramitación de una acusación, pero no garantiza los votos necesarios para condenarlo.
Los dos impeachments anteriores de Trump
Donald Trump ya enfrentó dos procedimientos de impeachment durante su primer mandato presidencial. El primero fue aprobado por la Cámara de Representantes el 18 de diciembre de 2019, por abuso de poder y obstrucción al Congreso. Posteriormente, el Senado lo absolvió el 5 de febrero de 2020.
El segundo procedimiento se inició en enero de 2021, después del asalto al Capitolio ocurrido el día 6 de ese mes. La Cámara Baja aprobó una acusación por incitación a la insurrección el 13 de enero, pero el Senado volvió a absolverlo el 13 de febrero.
En consecuencia, Trump ha sido sometido dos veces a un impeachment, pero nunca ha sido destituido mediante este mecanismo. La nueva mayoría demócrata podría impulsar un tercer procedimiento, aunque su éxito dependerá de los antecedentes presentados y de los apoyos que consiga reunir en ambas cámaras.
La derrota republicana, por tanto, cambia el escenario político para Trump y fortalece la capacidad de fiscalización de sus adversarios. Sin embargo, perder el control del Congreso no equivale a perder la presidencia: para apartarlo del cargo mediante un impeachment todavía sería necesario superar las dos etapas del procedimiento constitucional.