La crisis climática que está provocando desastres naturales en diferentes partes del mundo, tiene a Kenia bajo lluvias históricas que no paran hace semanas, luego de años de una extrema sequía, lo que ha dejado mucha destrucción sin que los pronósticos meteorológicos tengan buenas noticias.
Según el Ministerio del Interior keniano, el balance provisional asciende a 88 fallecidos, de los cuales 37 se registraron en la capital, Nairobi.
Crisis climática y desastres naturales en Kenia
Más de 34.000 personas han sido desplazadas en 21 condados, con daños severos en viviendas, cultivos y puentes, como el colapsado sobre el río Nyando. Las autoridades prevén una ligera disminución de las precipitaciones esta semana, pero advierten que el riesgo de nuevas inundaciones persiste.
Lo que a simple vista parece un fenómeno meteorológico estacional, las “lluvias largas” que suelen caer entre marzo y mayo, se ha convertido en una catástrofe amplificada por el cambio climático.
Científicos internacionales y expertos citados por medios locales coinciden en que el calentamiento global está alterando los patrones de lluvia en el este de África, convirtiendo eventos que antes eran manejables en episodios de intensidad y duración sin precedentes.
“Lluvias concentradas y más violentas”: La huella del cambio climático
El cambio climático no crea las lluvias, pero sí las hace más extremas. Según estudios de la red World Weather Attribution, el calentamiento global ha duplicado la probabilidad de lluvias devastadoras en la región y ha aumentado su intensidad en al menos un 40 % en eventos similares recientes.
La atmósfera más cálida retiene más vapor de agua (aproximadamente un 7 % más por cada grado Celsius de aumento de temperatura). Esto provoca que las tormentas liberen agua de forma más concentrada y rápida, en lugar de lluvias prolongadas y moderadas.
En Kenia, este fenómeno se combina con el “efecto látigo climático” (climate whiplash): Tras meses de sequía severa en el noreste del país, las precipitaciones repentinas encuentran suelos secos y compactados que no absorben el agua, provocando rápidos desbordamientos de ríos y deslaves.
Las lluvias de marzo de 2026 no son una anomalía aislada: Son la nueva normalidad que el cambio climático ha impuesto al este de África y que poco a poco se trasladan hacia otras zonas del mundo.