Los incendios forestales que afectaron a Chile durante el verano volvieron a evidenciar la magnitud del desafío que enfrenta el país en materia de gestión del territorio. Según la Corporación Nacional Forestal (CONAF), entre enero y febrero se registraron más de 2.000 incendios a lo largo del país.
Éstos afectaron más de 64 mil hectáreas, siendo las regiones de Biobío y Ñuble las más golpeadas, lo que llevó a decretar Estado de Catástrofe en ambos territorios.
Según el Ministerio de Agricultura y el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred) , en ambas regiones estos dejaron al menos 21 personas fallecidas, más de 300 lesionadas y más de 20.000 damnificadas, además de extensas áreas de bosques, suelos productivos y ecosistemas degradados.
Si bien la fase más crítica de la emergencia ya pasó, el desafío está lejos de terminar. La atención mediática suele disminuir cuando se controlan las llamas, pero es precisamente en este momento cuando comienza una etapa decisiva: la recuperación de los territorios afectados y la construcción de condiciones que reduzcan el riesgo de que estas tragedias vuelvan a ocurrir.
Mirar más allá de la emergencia implica pensar en cómo restaurar los paisajes dañados y, al mismo tiempo, fortalecer su resiliencia frente a futuros incendios y contar con comunidades más preparadas.
En este contexto, la restauración de paisajes emerge como una herramienta clave, al proponer una mirada integral del territorio que articula ecosistemas, actividades productivas y comunidades. No se trata solo de reforestar, sino de recuperar funciones ecológicas, mejorar la salud de los suelos y diversificar la vegetación mediante paisajes más heterogéneos.
Estos, a su vez, pueden actuar como barreras naturales frente a la propagación del fuego, al tiempo que fortalecen la biodiversidad, mejoran la disponibilidad de agua y apoyan medios de vida rurales, contribuyendo a territorios más resilientes frente al cambio climático y otros eventos extremos.
En esta línea, iniciativas concretas ya están generando transformaciones en el país. Actualmente, 23 comunas de seis regiones avanzan en la recuperación de sus ecosistemas a través del Proyecto GEF Restauración de Paisajes, implementado por FAO Chile, ejecutado por el Ministerio del Medio Ambiente y la Corporación Nacional Forestal (CONAF), y financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF).
Su implementación ha permitido consolidar una gobernanza territorial activa mediante la conformación de 11 Comités Locales de Restauración y seis Comités Regionales, distribuidos en siete paisajes piloto, fortaleciendo la articulación entre instituciones, comunidades y actores productivos para la planificación e implementación de estrategias de restauración.
A ello se suma la instalación de capacidades concretas en los territorios, con más de 2.000 personas capacitadas en restauración, monitoreo y prácticas sostenibles, además de la ejecución de más de 80 obras de alto impacto, entre ellas conservación de agua y suelo, reforestación con especies nativas, control de exóticas y cortafuegos, que buscan revertir la degradación de ecosistemas, restaurar la biodiversidad, contar con comunidades más preparadas y territorios más resilientes.
Junto con ello, el proyecto ha permitido identificar 96.401 hectáreas en restauración a través del Registro Nacional de Iniciativas de Restauración (una superficie incluso mayor a la ciudad Santiago), herramienta clave para apoyar el despliegue del Plan Nacional de Restauración de Paisajes. Más que una experiencia piloto, estos avances posicionan al proyecto como una muestra concreta de cómo la restauración puede traducirse en resiliencia territorial, prevención de incendios y desarrollo sostenible.
Por tanto, el desafío que dejan los incendios forestales no es solo reconstruir lo perdido, sino enfrentar de manera decidida la degradación de los suelos y avanzar hacia paisajes más saludables y mejor gestionados. En Chile, donde el suelo no es un recurso renovable a escala humana, su deterioro compromete el bienestar de las comunidades, la resiliencia climática y el desarrollo económico.
Por ello, resulta urgente fortalecer políticas públicas, capacidades técnicas y mecanismos de financiamiento que permitan una restauración efectiva y sostenida. Integrar la restauración de paisajes en las estrategias de recuperación y prevención no es solo una oportunidad, sino una acción estratégica para reducir riesgos futuros y asegurar un desarrollo más sostenible para las personas y los ecosistemas.