En continente blanco está en la mira. En la temporada 1993-94, apenas ocho mil turistas visitaron la Antártica. Treinta años después, esa cifra superó los 122.000 visitantes, un aumento del 1.120%, según datos de la Asociación Internacional de Operadores Turísticos de la Antártica (IAATO).
Récord de 122.000 turistas en la Antártica: amenaza a los ecosistemas y embarcaciones sostenibles
El turismo en la Antártica plantea una paradoja: conocer uno de los últimos territorios vírgenes del planeta, pero amenazar su fragilidad ecológica.
El crecimiento no muestra señales de detenerse: un estudio en Journal of Sustainable Tourism advierte que, de mantenerse la tasa del 14% anual registrada entre 1992 y 2024, el continente podría alcanzar 452.000 turistas en la temporada 2033-34.
Sin embargo, ese boom turístico convive con una paradoja. La fascinación por uno de los últimos ecosistemas vírgenes del planeta amenaza su fragilidad ecológica y aumentar la crisis climática.
En la temporada 2023-24, unos 78.900 turistas desembarcaron en suelo antártico y otros 43.200 permanecieron a bordo sin bajar a tierra. Llegar al continente blanco implica una inversión de entre USD 7.500 y más de USD 19.500 por persona.
Riesgos ambientales para la biodiversidad
Los impactos no son solo estadísticos. Científicos advierten sobre la introducción de especies invasoras —como césped registrado en las Islas Shetland del Sur— y enfermedades como la gripe aviar, que tuvo efectos devastadores en colonias de focas de las Islas Subantárticas. A eso se suma la huella de carbono de los cruceros en uno de los ecosistemas más sensibles del mundo.
Un estudio reciente señala que "la nieve se derrite más deprisa en la Antártica debido a la presencia de partículas contaminantes en zonas frecuentadas por turistas", según Raúl Cordero, coautor de la investigación en la Universidad de Groninga, quien estima que un solo turista puede acelerar el deshielo de alrededor de 100 toneladas de nieve.
Frente a las críticas, la IAATO defiende que el turismo controlado convierte a los visitantes en defensores del ecosistema antártico mediante normas estrictas para sus operadores. No obstante, expertos como Valeria Senigaglia advierten que esas medidas son insuficientes y exigen un marco regulatorio integral que preserve el valor del continente para las generaciones futuras.
¿Puede un crucero híbrido-eléctrico reducir el impacto en la Antártica?
En ese contexto, Chile avanza con una respuesta tecnológica. El Magellan Discoverer, construido por el astillero ASENAV en Valdivia para Antarctica21, será el primer crucero de expedición híbrido-eléctrico de lujo de América. La embarcación debutará en la temporada 2026-2027, con entrega oficial en septiembre de 2026.
La nave combina baterías y generadores diésel mediante propulsores Azipod de ABB, lo que permite navegar con cero emisiones en tramos específicos y reducir el ruido submarino. "La planta de potencia de propulsión híbrida permite operar un sistema más eficiente que uno diésel-mecánico convencional, con menor ruido y vibraciones y un uso más óptimo del combustible", explicó Emiliano Burgos, gerente regional de ventas de ABB en Chile.
Con capacidad para 96 pasajeros y certificación IMO Tier III —el estándar ambiental más exigente en Europa, Estados Unidos y Canadá—, la nave opera bajo el modelo fly-cruise de Antarctica21, que traslada a los viajeros directamente en vuelo, evitando el cruce del Paso de Drake. Más de 500 personas trabajaron 27 meses en su construcción en Valdivia.