“Una vida constante, migrante, que ya encuentra el gesto en ese constante movimiento”. De eso y más trata la próxima publicación de Ediciones Libros del Cardo. Se trata de Migrar y otras artes. Escritos fuera de lugar, de la escritora, académica y gestora cultural peruana, Claudia Salazar Jiménez, quien fue ganadora del prestigioso Premio Las Américas.
El libro recoge más de dos décadas de experiencia migratoria, iniciada cuando la por entonces estudiante de doctorado se mudó a Nueva York para ese propósito. Esos cambios entre la vida en Lima, las amistades, la comida, la calle, la rutina quedaron registrados en una especie de diario de sensaciones, notas prácticas y muchos “welcome to New York”; aprendizajes que solo la vivencia de no turista puede entregar.
Respecto a la transformación de esos escritos -anotaciones y también posteos en redes sociales- en un libro, la autora explica que “la vida migrante impacta necesariamente en la propia escritura; el movimiento inyecta su fluidez y remueve certezas, géneros, fronteras”.
Migrar y otras artes. Escritos fuera de Lugar de Claudia Salazar Jiménez se presentará el próximo martes 12 de mayo a las 18:30 hrs. en la Librería del GAM, ubicada en el Centro Cultural Gabriela Mistral Local 2, edificio B (Alameda Libertador Bernardo O'Higgins 227, Metro Universidad Católica). La presentación estará a cargo de las también escritoras Gabriela Contreras y Jessica Sequeira.
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-¿Qué suceso hace que inicies a preparar este libro? Porque una cosa es llevar un diario, apuntes sobre cada tema, y otra es decidir que esto constituirá un libro…
Es un libro que, de cierto modo, se fue haciendo durante mis veinte años de vida migrante. Fueron diversos tipos de textos que iba escribiendo captando impresiones de estas nuevas experiencias. Pero la preparación del libro como tal tuvo que ver con la celebración de mis veinte años como migrante. Muy a lo Whitman, pensé este libro como un “canto a mí misma”, como una celebración de mi propia vida migratoria.
El proceso de edición de los textos implicó dos cosas: organizarlos según la perspectiva de qué es lo que le va sucediendo a este cuerpo migrante con el paso del tiempo y revisar los mismos textos desde mi perspectiva del presente.
-¿En qué momento literario llega tu libro?, ¿cómo esperas que dialogue con otras experiencias que han quedado plasmadas en libros respecto a migrar?
Llega en un momento donde, específicamente en los Estados Unidos, hay una especie de persecución a quienes somos migrantes. Los indocumentados siempre han tenido esa espada de Damocles, pero con la actual administración de gobierno, es evidente que todo migrante -independientemente de su situación legal- corre peligro de ser devuelto a su país de origen.
Mi intención al escribir este libro fue también incluir mi experiencia migrante como estudiante graduada, desde una mirada que explora su propio recorrido sin recurrir a esta mirada del “éxito” que es bastante común en narrativas migratorias.
-En ese sentido, ¿hay una inquietud literaria que puedas reconocer y delinear en torno a la migración como experiencia social, humana?
Frente al contexto antiinmigrante de ciertas políticas, mi libro viene a reivindicar el ansia del viaje, del movimiento, de cruzar fronteras y probar geografías nuevas, algo que es probablemente lo más constante en la historia humana. Las culturas se han ido formando y cambiando a raíz de estos constantes viajes y desplazamientos
-En el libro, hay una opción sobre la forma de “narrarse”. Le hablas a una Claudia del pasado. ¿Por qué optaste por ese lugar de enunciación?
Más bien, los textos están más pensados y escritos desde un constante presente. De ese modo, dejé a los lectores que vieran como ese “yo” que se narra va cambiando con el tiempo.
-Ninguna experiencia migratoria es igual. Tampoco lo son las razones de cada una. Tú llegas a hacer una distinción pues migraste por estudio, por elección. ¿Qué implica este gesto aclaratorio?
Tratándose de una escritura del yo, me parecía importante aclarar mi lugar de enunciación, las condiciones en las cuales migré. Vine a los Estados Unidos con una beca para estudiar un doctorado en la ciudad de Nueva York. Si bien las condiciones de una estudiante de posgrado -a diferencia de lo que muchos puedan pensar- pueden ser bastante precarias, no se comparan a lo que pueda atravesar un migrante indocumentado. No me refiero solamente a la cuestión económica sino también a la cuestión afectiva, a esa constante angustia de que algún día “la migra” los obligue a regresar. Pensaba eso durante estos años, pero también hay que aclarar que con la situación política presente estamos todos bajo riesgo.
-¿Qué lugar ocupa este libro ante tus otras publicaciones?
Mis tres libros anteriores -La sangre de la aurora es una novela; Coordenadas temporales, es un libro de cuentos; y 1814, año de la independencia, es una novela histórica-juvenil- son todos libros de ficción. En el caso de Migrar y otras artes he querido probar algo distinto: un texto híbrido que amalgama diversos géneros discursivos y que es también una escritura del yo. Me gusta experimentar con diversas formas y este libro ocupa un lugar bastante distinto a mis libros anteriores.