De culto: Las místicas noches del Café del cerro
Bellavista no estaba de moda, ni era el epicentro del carrete nocturno. La alegría no había llegado. Nelson Shwenke y Payo Grondona estaban vivos y eran de los artistas que se podía escuchar noche a noche en el café, que más que café era un bar con música en vivo y la onda de las peñas que surgieron a fines de los 60, pero donde también cabían el rock, el teatro y la danza. Nito Mestre tomaba desayuno y el Inti Illimani tenía sus oficinas. Ahí se formaron el grupo La Ley y el inolvidable Fulano. Redolés le hizo un poema irrepetible e inolvidable a la señora que cobraba la entrada y que al parecer no perdonaba los $500 pesos que valía oír una amplia gama de música local.
Por
Elisa Montesinos