VOCES| ¿Cuántas Antonias serán necesarias para detener este círculo enfermo de mujeres violadas, y jueces, asesinos y violadores invictos?
Las mujeres no podemos beber y perder el control. Si un joven se emborracha y lo asaltan, lo golpean, le roban el celular y la plata, es un delito, no hay vuelta que darle. Nadie se detiene a pensar que la culpa es de él porque bebió demasiado, al contrario: pobre que se aprovecharon de su estado para agredirlo. ¿Valen más las tarjetas de la billetera y el teléfono que el cuerpo de Antonia? Pareciera que así es para ese juez que no consideró un peligro para la sociedad a un imputado por cinco delitos del mismo tipo.
Por
Elisa Montesinos