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La dignidad no usa corbata
Foto: Agencia Uno

La dignidad no usa corbata

Por: Capitán Cianuro | 09.03.2026
Cuatro años después, entre “merluzos” imaginarios y profetas del desastre, la realidad terminó desmintiendo a los expertos del nudo Windsor.

Un 11 de marzo de 2022 asumía la Presidencia de la República un joven progresista, cargado de ímpetu y, según sus detractores, de una inexperiencia casi infantil. No llevaba la solemnidad almidonada de la vieja política, pero sí la convicción —imperdonable para algunos— de que otro Chile era posible. Desde el primer día, la oposición desplegó su libreto habitual: crítica permanente, indignación selectiva y una creatividad inagotable para la fake news.

Como el debate de ideas suele ser más exigente que el ingenio fácil, optaron por el apodo. “Merluzo” fue el hallazgo retórico que, al parecer, sustituiría a la argumentación. La política reducida a meme, el análisis transformado en caricatura. Sin embargo, aquel mandatario al que se intentó encapsular en la burla terminó mostrando más consistencia que muchos veteranos de impecable vestuario y moral arrugada.

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Las derrotas electorales, por supuesto, fueron de su exclusiva responsabilidad. El proceso constitucional iniciado bajo el gobierno del fallecido Sebastián Piñera pasó, por arte de magia, a ser herencia maldita del nuevo oficialismo.

El rechazo al Apruebo se presentó como certificado de defunción anticipado, mientras florecían los analistas que, con gravedad impostada, anunciaban el desplome inminente. El respaldo al gobierno de Gabriel Boric —sentenciaban— no superaba el 38%. Los mismos que nunca se equivocan… salvo cuando la realidad insiste en contradecirlos.

Con un Parlamento fragmentado —ese elegante eufemismo para describir mediocridades transversales— avanzar no era tarea sencilla. Y, sin embargo, se avanzó.

Financiamiento de la PGU, fin del copago universitario, salario mínimo que alcanzó los 539 mil pesos, reducción de la jornada laboral a 40 horas, ley contra el acoso laboral y sexual, fortalecimiento del seguro de cesantía. Reformas perfectibles, sin duda, pero reales. No tuits indignados, no columnas apocalípticas: leyes.

Mientras algunos aguardaban el colapso económico como quien espera un eclipse, los datos —esos incómodos aguafiestas— comenzaron a hablar. La inflación, que bordeó el 14%, descendió hasta niveles cercanos al 3% en el período. La inversión volvió a crecer, alcanzando alrededor de un 7%, y las exportaciones marcaron un aumento histórico del 7,9%. Tras más de una década de estancamiento, la productividad finalmente mostró señales de recuperación. Incluso la deuda pública, que llevaba 18 años en ascenso, logró ser contenida.

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En el plano social, los resultados tampoco calzaron con el libreto del desastre: se crearon 700 mil nuevas fuentes de trabajo, los salarios reales aumentaron de manera sostenida durante los últimos 30 meses, y la pobreza se redujo en 600 mil personas. La PGU, tantas veces caricaturizada, pasó de 0,1 UF a 2,5 UF mensuales, marcando un salto significativo en la protección de los adultos mayores.

También se criticaron declaraciones incómodas hacia el país del norte. Hay quienes prefieren la diplomacia del susurro obediente; otros valoran que incluso un país pequeño conserve la dignidad de hablar sin pedir permiso. Confundir prudencia con sumisión ha sido, históricamente, un error elegante.

Ahora vendrán nuevos liderazgos. Ojalá comprendan que gobernar no es posar para la fotografía ni ensayar eslóganes importados al estilo de Javier Milei o Daniel Noboa, donde la estridencia compite con la profundidad. Chile no necesita imitaciones ruidosas, sino convicciones sobrias.

Cuatro años después, queda una lección incómoda para algunos: la estatura política no se mide por el grosor del nudo ni por la rigidez del cuello. Las corbatas, al final del día, no son más que un adorno. Y ningún adorno ha logrado jamás ocultar la mediocridad de quien cree que, por llevarlo puesto, dejará de ser mediocre.

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Fuentes: Banco Central de Chile (Informes de Política Monetaria 2022–2025); Instituto Nacional de Estadísticas (INE); Ministerio de Hacienda; Ministerio del Trabajo y Previsión Social; Subsecretaría de Previsión Social. Cifras correspondientes a inflación, inversión, exportaciones, empleo, salarios reales, pobreza, salario mínimo y PGU.

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