Súmate a nuestro canal en: WhatsApp
Naturaleza para todos, pero no de cualquier forma

Naturaleza para todos, pero no de cualquier forma

Por: Jorge Leichtle | 24.02.2026
Tal vez ha llegado el momento de abandonar la frase complaciente de que “la naturaleza es de todos” y reemplazarla por una idea más honesta y urgente: la naturaleza no nos pertenece. Somos nosotros quienes debemos aprender a convivir con ella, respetando sus límites. Solo así el tan anhelado acercamiento dejará de ser una amenaza disfrazada de buena intención.

En enero de este año, el Gran Concepción volvió a vivir una escena que ya no sorprende, pero que debería alarmarnos profundamente: evacuaciones masivas, viviendas consumidas por el fuego y comunidades enteras amenazadas por incendios forestales que avanzaban a metros de zonas urbanas.

Solo en la Región del Biobío, el desastre dejó más de 500 viviendas destruidas, miles de damnificados y víctimas fatales, evidenciando una emergencia de gran escala que académicos calificaron como inédita en más de una década.

[Te puede interesar] Ministra Rojas asegura que término ‘permisología’ es peyorativo: “Gracias a permisos en Chile no se caen edificios”

A nivel nacional, la temporada 2026 ha sido igualmente devastadora. Más de 45 mil hectáreas han sido arrasadas por incendios, con decenas de focos activos y decenas de miles de personas evacuadas, afectando directamente a localidades del área metropolitana de Concepción como Penco y Lirquén.

Frente a este escenario, resulta inevitable preguntarse si estamos comprendiendo realmente la relación entre sociedad y naturaleza que decimos promover.

En los últimos años se ha instalado con fuerza la idea de “acercar a las personas a la naturaleza”. Se promueve el turismo de naturaleza, el acceso a áreas protegidas, el senderismo, el camping y la recreación al aire libre como experiencias positivas y necesarias para reconectar con el entorno. Y en esencia, la premisa es correcta: difícilmente se puede proteger aquello que no se conoce.

El problema surge cuando ese acercamiento ocurre sin educación ambiental, sin límites claros y sin una comprensión profunda de que la naturaleza no es un parque temático ni un escenario para el consumo recreativo irrestricto.

Los ejemplos son conocidos y se repiten cada verano. Veraneantes que manipulan fauna marina para obtener fotografías, visitantes que ingresan a lagunas dentro de áreas protegidas ignorando su valor ecológico, camping informal en sectores no habilitados, senderos recorridos con parlantes a alto volumen y, de forma especialmente grave, fogatas encendidas en zonas de alto riesgo.

Nada de esto es anecdótico. Cada una de estas acciones forma parte de un patrón cultural que normaliza una relación superficial y extractiva con la naturaleza, donde el paisaje se transforma en fondo para redes sociales y la fauna en objeto de interacción.

Los incendios forestales representan la expresión más dramática de esa relación distorsionada. Si bien factores estructurales como el cambio climático, la sequía y determinados modelos de uso del suelo amplifican el riesgo, una fracción significativa de los incendios tiene origen humano: negligencia, imprudencia o simple irresponsabilidad.

Fogatas mal apagadas, colillas arrojadas al suelo, quemas no autorizadas y actividades recreativas sin control han sido, una y otra vez, el punto de partida de catástrofes ambientales y humanas. El resultado no solo es la pérdida de vegetación: los incendios destruyen hábitats completos, provocan mortalidad directa de fauna, alteran procesos ecológicos y generan secuelas que pueden persistir por décadas.

En un contexto de crisis climática, estos impactos no solo se vuelven más frecuentes, sino también más severos. Y aquí emerge una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿estamos promoviendo el contacto con la naturaleza o estamos fomentando una relación peligrosa con ella bajo el discurso del acceso?

[Te puede interesar] A 4 años del inicio de sus ataques: Rusia confirma que continuará la guerra en Ucrania porque faltan objetivos

Existe una diferencia fundamental entre acercarse a la naturaleza y apropiarse de ella. La primera implica observación, respeto, silencio y comprensión de límites. La segunda responde a una lógica de consumo inmediato donde todo lo accesible parece disponible para ser tocado, intervenido o utilizado.

El problema, por tanto, no es la visita a áreas naturales. El problema es hacerlo sin educación ambiental efectiva, sin fiscalización suficiente y sin un mensaje institucional claro: la naturaleza no está al servicio del visitante; es el visitante quien debe adaptarse a ella.

Chile ha avanzado en democratizar el acceso a sus áreas protegidas, pero ese avance no ha sido acompañado por una estrategia robusta de educación ambiental ni por una cultura consistente de cumplimiento normativo. Persistimos en confiar excesivamente en la autorregulación individual, aun cuando la evidencia demuestra que esa confianza resulta insuficiente.

El costo de esta omisión lo pagan los ecosistemas, las comunidades locales y, cada verano, los equipos que arriesgan su vida combatiendo incendios forestales.

Acercar a la población a la naturaleza sigue siendo un objetivo válido y necesario. Sin embargo, hacerlo sin reglas claras, sin educación y sin consecuencias ante el incumplimiento es una receta segura para el deterioro ambiental y la repetición de tragedias evitables. La conservación no se logra únicamente mediante acceso, sino mediante responsabilidad.

Y esa responsabilidad debe ser compartida: del Estado, en la planificación, educación y fiscalización; de los medios, en cómo se comunica la relación con la naturaleza; y de cada ciudadano, en comprender que el disfrute del entorno implica límites.

Tal vez ha llegado el momento de abandonar la frase complaciente de que “la naturaleza es de todos” y reemplazarla por una idea más honesta y urgente: la naturaleza no nos pertenece. Somos nosotros quienes debemos aprender a convivir con ella, respetando sus límites. Solo así el tan anhelado acercamiento dejará de ser una amenaza disfrazada de buena intención.

[Te puede interesar] Kast sobre el cable submarino con China y sanciones de EE.UU.: "Supera las posibilidades de una sola persona"