A pocas semanas del inicio del año escolar, expertos en salud mental infantil advierten que la falta de rutinas claras durante el verano —sumada a un uso intensivo de dispositivos electrónicos— puede dificultar la adaptación de niños y niñas al retorno a clases.
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Exceso de pantallas en verano: cómo identificar los síntomas en niñas y niños, y cómo prepararlos para el regreso a clases
La académica de la Facultad de Psicología de la Universidad UNIACC, Camila Navarrete, explicó que el problema no radica necesariamente en el aumento del tiempo frente a pantallas propio del período estival, sino en la ausencia de límites y supervisión.
“El aumento del uso de pantallas durante las vacaciones no es en sí mismo negativo, especialmente cuando es acotado y supervisado. Sin embargo, una exposición excesiva y poco regulada puede impactar en distintas áreas del desarrollo infantil”, señaló.
¿Cómo impacta el exceso de pantalla a escolares tras la vuelta a clases?
De acuerdo con la especialista, uno de los efectos más visibles se produce al acercarse marzo. “Cuando durante las vacaciones no existen horarios ni límites claros, algunos niños pueden presentar mayores dificultades para retomar la rutina escolar. Esto puede expresarse en problemas para regular los tiempos de sueño, menor tolerancia a las exigencias académicas, dificultad para sostener la atención en clases o mayor resistencia a normas y estructuras”, aseguró.
En el ámbito cognitivo, la psicóloga advirtió que “el exceso de pantallas puede afectar la atención, la autorregulación y la tolerancia a la frustración. Además, suele interferir en el sueño y en los hábitos de alimentación, especialmente cuando se utilizan dispositivos antes de dormir o durante las comidas”.
A nivel emocional, agregó que “se observa en algunos niños mayor irritabilidad, dificultad para manejar el aburrimiento y una menor capacidad para identificar y regular sus emociones sin apoyo externo”. Asimismo, subrayó que “el uso excesivo de pantallas puede reducir las oportunidades de interacción cara a cara, juego compartido y desarrollo de habilidades sociales, que son fundamentales en la infancia”.
Entre las señales que podrían alertar sobre un uso problemático, la docente mencionó “irritabilidad intensa cuando se limita su utilización, dificultad para detener la actividad digital, aislamiento social, cambios importantes en el estado de ánimo, alteraciones del sueño o desinterés por actividades que antes resultaban motivantes”.
¿Existe un tiempo máximo sugerido para el uso de pantallas en niños durante el período estival?
Respecto de cuánto tiempo es aconsejable permitir el uso de dispositivos en verano, Navarrete precisó que “no existe una cifra única que sea válida para todos los niños, pero sí orientaciones generales”.
En menores de cinco años, indicó, el acceso debe ser muy acotado y siempre con acompañamiento adulto. Para quienes están en edad escolar, enfatizó que “el foco no está solo en el tiempo, sino en la calidad del contenido, el momento del día y el equilibrio con otras actividades como el juego libre, el movimiento y el descanso”.
¿Cómo anticiparse a la vuelta a clases?
“Se recomienda iniciar el proceso de ajuste al menos una o dos semanas antes del regreso a clases. Esto implica recuperar progresivamente los horarios de sueño que cumplen un rol clave en el bienestar infantil, reducir de forma gradual el tiempo de pantallas, reinstalar rutinas diarias y anticipar el retorno al colegio mediante conversaciones claras y acordes a la edad del niño”, sostuvo.
En el caso de niños con neurodivergencias, la académica planteó que la estrategia debe adaptarse a sus necesidades particulares.
“En niños con espectro autista o con TDAH, las pantallas pueden cumplir funciones específicas, como apoyo en la regulación emocional, sensorial o en la predictibilidad del entorno”.
Por ello, explicó que “más que prohibir, es importante comprender para qué está siendo utilizada la tecnología” y trabajar de manera coordinada entre la familia y el establecimiento educacional para una adaptación respetuosa y efectiva.
Finalmente, recalcó que “se recomienda mantener rutinas claras, anticipar los cambios mediante apoyos visuales o verbales, establecer límites consistentes y complementar el uso de pantallas con otras estrategias de regulación emocional. La transición al regreso a clases debe ser especialmente gradual y personalizada, considerando las necesidades particulares de cada niño”.