Cada 15 de febrero se conmemora el Día Internacional del Cáncer Infantil. A nivel global, cerca de 400.000 niños, niñas y adolescentes son diagnosticados cada año con esta enfermedad. Si bien las tasas de sobrevida pueden alcanzar el 90% en países con sistemas de salud robustos, esta cifra sigue dependiendo en gran medida del lugar donde se nace y de las condiciones socioeconómicas de cada familia.
Cáncer infantil en Chile: Esfuerzo público-privado
Chile ha dado pasos importantes en esta materia. Gracias al compromiso del Estado, a través de un programa modelo como PINDA, y al trabajo sostenido de la sociedad civil, hoy contamos con una tasa de sobrevida promedio de 80,5%, de acuerdo al 4° Informe de Vigilancia del Cáncer Infantil.
Es un logro del que podemos sentirnos orgullosos. Sin embargo, este avance no nos puede llevar a la complacencia: los desafíos que enfrentamos son cada vez más complejos.
Entre ellos, se vuelve urgente integrar plenamente a los adolescentes hasta los 18 años al programa infantil, considerando sus necesidades específicas; asegurar el acceso oportuno a nuevas tecnologías y tratamientos; y abordar los efectos secundarios del cáncer y de sus terapias a lo largo de todo el ciclo vital.
Asimismo, contar con programas de rehabilitación en las distintas regiones de Chile es clave para mejorar la calidad de vida de los niños, niñas y adolescentes durante y después del tratamiento, facilitando una real reinserción educacional y social.
Hoy reafirmamos nuestro compromiso de seguir colaborando para enfrentar estos desafíos junto a las instituciones de salud y la comunidad. El trabajo abarca programas sociales, apoyo médico, salud mental para cuidadores y procesos de rehabilitación, entre otros, desarrollados bajo los más altos estándares de calidad. A esto se suma el esfuerzo por fortalecer la descentralización, potenciando polos de desarrollo en el norte y sur del país.
Junto con la atención directa, también impulsamos iniciativas en educación, investigación y formación profesional, convencidos de que mejorar los estándares de atención requiere fortalecer el ecosistema completo que rodea al cáncer infantil.
No podemos permitir que los determinantes sociales sigan definiendo las posibilidades de sobrevida. La evidencia muestra que los niños y niñas provenientes de familias con menos recursos, menor nivel educacional o que viven lejos de los centros de atención especializada enfrentan peores resultados.
Nuestro compromiso es que todos los niños, niñas y adolescentes tengan las mismas oportunidades de sobrevivir, sin importar dónde nacieron ni el nivel socioeconómico de su familia. Si bien el cáncer infantil no es una enfermedad prevenible, a diferencia de muchos cánceres en adultos, el diagnóstico oportuno impacta de manera decisiva en las probabilidades de sobrevida y en la calidad de vida.
Para seguir avanzando, trabajamos en alianza con instituciones internacionales de primer nivel. De hecho, algunos de nuestros modelos innovadores de desarrollo desde la sociedad civil ya están siendo replicados en Asia y pronto en otras regiones del mundo.
Confiamos en que el trabajo conjunto entre el sector público, la sociedad civil y el mundo privado permitirá que más niños, niñas y adolescentes que atraviesan este difícil camino junto a sus familias se sientan apoyados y acompañados. Invertir en cáncer infantil no es solo un imperativo ético, ya que la evidencia muestra que por cada dólar invertido en un niño con cáncer, la sociedad recupera hasta tres en el transcurso de su vida.