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El Biblionauta 1: "Nazi-comunismo", de Axel Kaiser

Que dos cosas coincidan en varias características no las convierte en una misma cosa. Los elefantes y los perros tienen muchos parecidos: son mamíferos, son inteligentes, son por naturaleza gregarios y tienen cuatro patas. Pero no son lo mismo. Eso es lo que Kaiser no comprende y es la confusión a la que arrastra a sus lectores (...) Esta es la miopía central del libro: buscar coincidencias y hacerlas decisivas, olvidando las diferencias y convertirlas en inexistentes. Un libro gravemente desinformador.
Por Esteban Celis Vilchez 1 de febrero de 2026 - 00:00

El “nauta” es un navegante, un marinero, alguien que viaja o trabaja en el mar. Por eso, los tripulantes de la nave Argos, aquellos héroes griegos comandados por Jasón que fueron a La Cólquide para conseguir el vellocino de oro, son conocidos como “los argonautas”, en la famosa historia escrita por Apolonio de Rodas. En la serie de Netflix, “ El eternauta”, basada en el cómic homónimo de Héctor Oesterheld, de 1969, el prefijo “eter” apunta a lo eterno, de manera que al hablar de un “eternauta” hablamos de un navegante de “lo eterno”. Y los astronautas son navegantes de los astros.

Pues bien, a mí me gusta navegar entre libros, descubrir historias, disfrutar de quienes piensan y expresan lo que piensan de modo infinitamente superior a como lo hago, soñar en las imágenes que hombres y mujeres dotados del don de la palabra crean en mi cerebro y en mi cuerpo. Soy, entonces, un biblionauta y, a contar de ahora, quiero invitarte a compartir mis viajes, por si te son útiles.

Hoy debería iniciar este viaje con un libro maestro, inspirador, edificante, de esos que cuando uno los cierra ya se ha convertido en una mejor persona que cuando posó sus ojos en la primera página. Pero he estimado necesario comenzar con un superventas –en el sentido que la palabra superventas significa en este país, claro– para examinar qué significa que lo sea.

Se trata de un libro alucinante: “Nazi-comunismo”, de Axel Kaiser, el que lleva varias semanas en los primeros puestos de ventas.

El autor, Axel Kaiser Barents-Von Hohenhagen es un abogado de 44 años, seducido de modo irremediable por Hayek y Von Mises, a quienes suele citar compulsivamente en casi todos sus libros. Ha escrito columnas con títulos tan provocativos como La educación no es un derecho, y sostiene que perseguir mayor igualdad social perjudica a los desposeídos. También ha afirmado en una entrevista que el progresismo es causa de enfermedades mentales, entre otras ideas contraintuitivas, por llamarlas de algún modo. En una entrevista con el periodista Fernando Paulsen, Axel respaldaba la entonces precandidatura presidencial de su hermano Johannes diciendo que el próximo Gobierno debía respaldar a Carabineros y Fuerzas Armadas para hacer su trabajo, aunque ello implicara “correr bala, que corra sangre, que muera gente”. Ese es nuestro autor.

Veamos el libro. Desde luego, que sea un superventas en un país como el nuestro no es un certificado de calidad literaria, pero sí un fenómeno sociológico que no hay que desatender. ¿Por qué se lee tanto a Kaiser y sus ideas extravagantes? Es, como diría Churchill de la personalidad de Hitler, un misterio envuelto en un enigma. Lo primero que quiero destacar es algo que quizás se pueda tener por positivo: al menos parece haber un espacio para la presentación de ideas y reflexiones que vayan más allá de libros sobre horóscopos de Pedro Engel o los textos de autoayuda de Carmen Tuitera. Quizás aún hay esperanzas si un libro que analiza ideologías está entre los más vendidos, aunque el análisis sea pobre.

Dije que era un libro alucinante. Y lo es. Matt Groening, el creador de los Simpson, tiene un capítulo en el cual el rudo McBain, mientras pilota un avión de la Unicef, se reporta a su base e informa: “Nos atacan los comunistas nazis”. Por supuesto, la afirmación, que contiene una confusión máxima y un intento de sincretismo ideológico absurdo, resultaba especialmente hilarante.

Pero Axel Kaiser no se ríe de la ocurrencia y se la toma en serio. Hasta decidió escribir un libro sobre ello, para convencernos de que nazis y comunistas son “lo mismo”.  ¿Qué es esto del “nazi-comunismo”? Kaiser nos dice que tanto el nazismo como el comunismo son ideologías totalitarias y que, en tanto totalitarias, se parecen. No vamos a decir que eso sea un gran descubrimiento. Está claro que la democracia o los derechos humanos no son relevantes ni para nazis ni para los amantes de una dictadura del proletariado.

Las similitudes las establece Kaiser sobre las siguientes características que compartirían las ideologías en cuestión: su antirracionalismo, su antiindividualismo o colectivismo, su impronta socialista y anticapitalista, el anticristianismo o gnosticismo político y el antihumanismo o luciferismo. Aquí no hay espacio para reproducir de modo mínimo a qué alude en cada caso Kaiser con estas caracterizaciones.

El libro, al menos para mí, se hace por momentos bastante aburrido y, finalmente, es una intensa reproducción de las opiniones de los eternos inspiradores de Kaiser, Hayek y Von Mises, más algunos autores adicionales. Ahora bien, la tesis de las coincidencias entre teorías que prescinden de la democracia y que ponen al individuo al servicio de un Estado omnipotente que lo anula no es ni por mucho audaz. Nadie va a desconocer que tanto Stalin como Hitler compartían una sola cuestión que lo explica todo: el amor al poder y su megalomanía, en virtud de la cual la vida humana –en particular de los que cuestionasen la concentración del poder y la violación de los derechos constitucionales de todo adversario, o incluso dudoso seguidor– podía ser sacrificada y carecía de verdadero valor.

Pero desde ese parecido en el comportamiento concreto –que también existe con las monarquías absolutas, con siglos de absolutismo de los papas, con el comportamiento de los emperadores romanos y con el de cientos de reyes o tiranos de todos los tiempos– no significa que se trate de lo mismo. ¿Algunas posibles coincidencias en los orígenes filosóficos? Tal vez. ¿Hegel puede aparecer como un común denominador? Dudoso, pero posible. ¿Ambos son anticristianos? Probablemente, partiendo por el parecido del cristianismo y su tendencia a chamuscar carne humana con estos anticristianismos en cuanto a la intolerancia se refiere. Pero desde estas coincidencias, debatibles en muchos sentidos, sostener que ser nazi es lo mismo que ser comunista es una auténtica tontería, si se me permite decirlo sin demasiados adornos.

Y tal vez el propio Kaiser nos explica por qué: los nazis creen en la raza como el fundamento de la discriminación, en tanto que el comunismo funda su discriminación en la clase. Eso convierte a las ideologías en irremisiblemente distintas, al punto de ser enemigas acérrimas una de la otra, enemistad profunda que se veía en las calles de Berlín antes de la Segunda Guerra Mundial y, sobre todo, durante dicha conflagración.

Decir que son lo mismo es una afirmación sencillamente absurda, ajena a la historia y a la comprensión más básica de lo que es el nazismo y el comunismo. En ese sentido, el libro de Kaiser es un fracaso, pues olvida algo elemental: que dos cosas coincidan en varias características no las convierte en una misma cosa. Los elefantes y los perros tienen muchos parecidos: son mamíferos, son inteligentes, son por naturaleza gregarios y tienen cuatro patas. Pero no son lo mismo.

Eso es lo que Kaiser no comprende y es la confusión a la que arrastra a sus lectores. Compartimos en un rango del 96 al 99% nuestro ADN con los chimpancés, pero aún podemos distinguirnos unos de otros. Esta es la miopía central del libro: buscar coincidencias y hacerlas decisivas, olvidando las diferencias y convertirlas en inexistentes. Un libro gravemente desinformador.

Por lo mismo que es un superventas, este biblionauta se siente obligado a advertir de la liviandad profunda de ese libro y decirles que es mejor reírse con McBain que gastar demasiado tiempo en leer a Kaiser. Mejor El orden del día, de Éric Vuillard, si desea entender un poco más al nazismo y su pragmatismo completo, que lo convirtió en cualquier cosa menos en socialismo. Todavía hay gente que cree que porque se llamaban “nacionalsocialistas” Hitler y sus secuaces eran realmente socialistas, lo que es de una ingenuidad que solo Kaiser puede hacer objeto de una tesis que se convierta en un libro. Yo me quedo con McBain, la verdad.

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