Más que un libro: un encuentro
Cuando un adulto toma un libro, se acomoda junto a su hija o hijo y le presta su voz para animar personajes, reproducir diálogos o describir escenas, ocurre algo profundamente humano: el lenguaje se convierte en un puente entre dos mundos. A través de los cuentos, las palabras adquieren vida, y el niño aprende a asociarlas con emociones, gestos, y significados.
Las investigaciones científicas han demostrado que, incluso desde la etapa lactante, los niños y las niñas aprenden escuchando. Las neuronas encargadas del lenguaje se activan mucho antes de que pronuncien sus primeras palabras.
No es necesario cambiar la lectura cada día. A niños y niñas pequeños, les gusta mucho poder anticipar lo que sucederá, y las palabras nuevas que aparecen en el relato se van consolidando en su memoria, muchas veces sin necesidad de “enseñarle” qué significa cada una. A medida que va aprendiendo, podemos dejar inconclusas algunas de las oraciones para que nuestro niño o niña las termine.
Es una experiencia motivadora y que además enriquece mucho las habilidades comunicativas y lingüísticas. Para una lectura interactiva entretenida, lea con ritmo pausado y entonación expresiva, comente lo que aparece en la historia, pregúntele qué cree que ocurrirá, use voces graciosas para los personajes: no solo se limite a leer. ¡Esa conversación alrededor del texto es tan valiosa como la historia misma!
Chile y el desafío de comprender
En Chile, la comprensión lectora sigue siendo uno de los puntos más débiles del sistema educativo. Diversos estudios muestran que una gran proporción de niños, adolescentes, e incluso adultos tienen dificultades para extraer el sentido profundo de lo que leen. Sin embargo, los cimientos de esa habilidad no se construyen en el colegio, sino mucho antes, en los primeros años de vida, con la exposición al lenguaje que hablan los adultos.
La lectura interactiva ayuda a desarrollar vocabulario, estructuras gramaticales complejas y estrategias de comprensión —como inferir, anticipar o relacionar ideas— que luego se convertirán en herramientas para aprender en la escuela. Leer un cuento sobre la lluvia, por ejemplo, no solo enseña la palabra “paraguas” o “charco”; también permite conversar sobre las estaciones, las sensaciones, los recuerdos.
Vacaciones sin pantallas: una oportunidad de oro
El verano nos ofrece un escenario único: contar con más horas de luz significa más tiempo disponible; hay menos prisa y, en muchas familias, el deseo de desconectarse de la rutina. Pero ese descanso suele llenarse con pantallas. Si bien los dispositivos digitales pueden tener fines educativos o recreativos, su uso desde edades tempranas debería estar restringido, ya que se ha demostrado que su uso prolongado impacta la atención, la calidad del sueño y disminuye las oportunidades de interacción verbal cara a cara.
Sustituir algunos momentos de pantalla por lectura conjunta no requiere grandes esfuerzos. Basta con una manta, un libro colorido y la disposición a entrar juntos en la historia. Puede ser un ritual antes de dormir, una pausa bajo la sombra o una excusa para conversar sobre lo que ambos imaginan. En esas situaciones, la lectura no compite con la entretención digital, sino que la reemplaza con presencia, afecto, contacto e interacción de calidad.
El valor del tiempo compartido
Para los niños pequeños, el lenguaje no se enseña, sino que surge en el diálogo, la imitación, la fantasía, el asombro compartido. Cuando los adultos leen en voz alta, enseñan algo más que palabras; en primer lugar, demuestran con acciones que la lectura es entretenida, a la vez que muestran curiosidad, empatía y gusto por aprender. Ese gesto cotidiano comunica al niño y la niña un mensaje silencioso pero poderoso: “Leer importa y tú importas”.
Estas vacaciones pueden ser la ocasión perfecta para redescubrir la lectura como una forma de descanso activo. No hace falta una gran biblioteca —con unos pocos libros adecuados a la edad y mucha disposición bastará—. Lo esencial es la constancia y pasarlo bien. Al fin y al cabo, lo que los niños recordarán no será el título del libro, sino la experiencia de estar juntos, la voz familiar que los acompañó y la magia de descubrir el mundo a través de las palabras.