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Meliza Luna, directora de Desierto Verde:

Meliza Luna, directora de Desierto Verde: "Es urgente que se promulgue la ley que prohíbe cambio de uso de suelo de ecosistemas incendiados"

Por: Matias Rojas | 22.01.2026
La directora del documental Desierto Verde conversó con El Desconcierto en el marco del Festival de Cine de Ñuble sobre su trabajo visual que denuncia el impacto de los incendios en las comunidades rurales, la relación con el monocultivo de pino y la pérdida de saberes y formas de relacionarse con la naturaleza. "El Decreto Ley 701, que nace en 1974, bonifica a pequeños, medianos y grandes productores, y este incentivo ha promovido la tala discriminada del bosque nativo", asegura Luna. La cineasta y artista visual también abordó la memoria de las mujeres campesinas de su familia y su proyecto Agua Ven de regeneración del bosque.

Un hombre a caballo arrastra una cruz de pinos quemados en medio de un cerro devastado por un incendio. La imagen se repite una y otra vez, como una suerte de Sísifo moderno que en vez de empujar una piedra montaña arriba arrastra los restos calcinados en tierra yerma de siniestros que se suceden año a año.

Esa imagen, que la artista visual, cineasta y educadora rural Meliza Luna Venegas (34) grabó en 2015 sin saber que terminaría siendo parte de su documental Desierto Verde (2025), condensa una década de devastación en la cordillera de la costa de la región del Maule, donde el bosque nativo ha sido reemplazado de forma paulatina por plantaciones de pino radiata y eucalipto.

Allí, especies nativas como el ruil —declarado monumento natural y endémico de Chile—, el roble maulino, y el lingue convivían con hongos silvestres que las familias campesinas recogían cada primavera: los digüeñes, que crecen sobre los robles nativos, y los changles, que tienen una forma ramificada similar a un coral. Salir a callampear era un saber campesino fundamental en la zona centro-sur.

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Un cambio político que comenzó con el Decreto Ley 701, promulgado en octubre de 1974 por la dictadura de Augusto Pinochet, que bonificaba en un 75% las plantaciones forestales de pino y eucalipto, convirtiendo a Chile en uno de los mayores exportadores de celulosa del mundo.

Sin ir más lejos, solo en la Región del Maule, los monocultivos ocupan 588.926 hectáreas (19,4% del territorio regional). Mientras el bosque costero maulino ha perdido el 67% de su superficie original desde mediados de la década de 1970, quedando reducido a pequeños parches fragmentados, de los cuales menos del 0,5% se encuentra bajo protección estatal.

En su obra, Luna dialoga con Elías Adasme, quien entre 1979 y 1980 creó la serie de performances A Chile, colgándose en espacios públicos y privados con un mapa del país durante la dictadura. La artista visual retoma ese gesto político en 2021, colgándose en la casa quemada de su familia junto a un mapa de Chile con los incendios de una década desmarcados.

Además, recupera material de archivo de la Cineteca de la Universidad de Chile y la Cineteca Nacional para mostrar la transformación del paisaje del Maule: desde El Maule (1983) de Juan Carlos y Patricio Bustamante, Chile Visión a Colores (1930-1950) de Roberto Gerstmann, hasta Archivos Recobrados de la Cultura Popular Chilena (1963) de Tomás Lago. Registros que documentan un territorio antes de su devastación.

El documental —coproducido por Araucaria Cine y Vestigio Cine— entrelaza performance, memoria familiar y denuncia medioambiental. La cineasta conversó con El Desconcierto durante el Festival de Cine de Ñuble, donde la película tuvo su estreno regional.

Al día siguiente de la exhibición, mientras almorzaba en el Mercado de Chillán, un hombre de alrededor de 60 años se acercó a su mesa. "No me dejó dormir", le dijo sobre su película con la certeza de quien ha vivido algo similar. El hombre recordaba los devastadores incendios de enero de 2017 que arrasaron la región, cuando más de 500 mil hectáreas se quemaron en la zona centro-sur del país.

El documental había tocado una memoria colectiva que se niega a desaparecer. "Para mí el cine es una herramienta de conservación de nuestras culturas y especies, y también una herramienta para proyectar la imagen de otros futuros posibles, distintos a la devastación de nuestros territorios", aseguró Luna.

Días después de esta conversación, nuevos incendios afectan las regiones de Ñuble y Biobío, dejando hasta el momento 21 personas fallecidas y 41 mil hectáreas consumidas por el fuego.

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De la performance al documental

-¿Cómo trabajaste el documental desde tu experiencia en las artes visuales? Muchas de las imágenes que aparecen en Desierto Verde, como tu tío arrastrando la cruz o la de ti colgada al lado de un mapa con incendios, vienen de tu trabajo previo.

La imagen de mi tío la grabamos en 2015, sin saber que terminaría siendo una película. Ese año se incendió por primera vez el bosque de roble, ruil, arrayanes y canelos en la cordillera de la costa del Maule. A la semana fui con mis papás a ver cómo había quedado todo. Mientras mi tío, que fue damnificado, nos mostraba hasta dónde había llegado el fuego, se me apareció esta imagen.

Volví días después a realizarla: mi tío arrastrando una cruz de pinos quemados como un arado por la tierra hecha cenizas. Me dedico a hacer intervenciones en espacios públicos y performance, siempre buscando que las obras se entiendan por sí mismas, que se completen con el contexto del momento.

Al ver la imagen filmada, supe que necesitaba convertirse en película y que yo necesitaba aprender cine documental.

Desierto Verde (2025)
Desierto Verde (2025) Cortesía Araucaria Cine y Vestigio Cine

Memoria campesina y saberes de mujeres

-El documental inicia con el hallazgo de una antigua vihuela que te lleva de regreso a las montañas del Maule. ¿Por qué era importante documentar esta memoria sensible ligada a lo campesino y a las mujeres que te antecedieron?

Nuestra cultura viene de la experiencia compartida con las otras especies. Mi familia viene del bosque costero maulino y la tradición campesina se desarrollaba en torno a él: callampear, recolectar digüeñes y changles, trabajar la tierra. Mi abuela hacía cuencos con la tierra del lugar. Lamentablemente, esos saberes están desapareciendo.

Encontré la vihuela acompañando a mi tía que estaba desarmando una antigua casa familiar. Nunca la había visto. Cuando pregunté "¿y esto?", me contaron que era de mi bisabuela que tocaba. Esto abrió un mundo que jamás me contaron: la tradición cantora de mi familia.

Para mí el personaje central de esta película es el bosque nativo. La película está dedicada a él. Pongo a disposición la historia de las mujeres campesinas de mi familia para mostrar cómo era ese territorio antes de los monocultivos, porque si uno no sabe lo que había antes, es difícil darse cuenta de la magnitud del desastre ecológico.

Desierto Verde (2025) Cortesía Araucaria Cine y Vestigio Cine

-Descubriste que había una tradición de mujeres cantoras, alfareras y curanderas en tu familia que había sido invisibilizada. ¿Qué significó darte cuenta de ese corte generacional?

Investigando, una me llevó a la otra. La tradición venía de mi tatarabuela y su marido, mi tatarabuelo, no la dejaba tocar en público, tampoco a sus hijas. Hay un corte generacional de esa tradición, de la sabiduría, y también de la violencia machista. Era mal visto que una mujer llamara la atención o se mostrara en público.

Es urgente mirar la historia de las mujeres que nos precedieron, cuyas sabidurías fueron invisibilizadas. Allí hay una sensibilidad para con los otros —y me refiero también a las otras especies— ligada al cuidado y la ternura. Rescatar eso es clave para vincularnos de esa manera con las demás especies.

Mi abuela y mi madre practican el santiguar, curan con palabras y cruces. Ahí se cuela la conquista religiosa. Yo me pregunto cómo habrán sido los ritos en mapudungún en ese territorio antes de los conquistadores europeos. Heredo ese linaje mestizo, pero no sé qué palabras usar porque no estoy de acuerdo con esa demonización de las prácticas de los pueblos originarios.

Esto es consecuencia de nuestra desvinculación con el territorio. Hemos perdido el vínculo con las otras formas de naturaleza, siendo también nosotros naturaleza.

Bosque nativo frente al pino

-¿Cómo se relaciona la devastación del territorio con nuestra propia existencia?

Somos una especie más de estos ecosistemas. Dependemos de las otras especies para vivir y para el equilibrio del planeta. Si se destruyen los ecosistemas, ¿cómo vamos a vivir? ¿Qué medio ambiente le vamos a entregar a nuestros hijos?

La devastación no solo es ecológica, también afecta nuestras formas de vivir y nuestra subjetividad. Defender nuestros territorios medioambientales es también defender nuestros territorios sociales, culturales y subjetivos. En mi caso está ligado al bosque costero maulino, pero pasa con todos los ecosistemas.

-El bosque costero maulino de forma paulatina ha sido reemplazado por monocultivos de pino. ¿Cómo llegamos a esto?

Chile es uno de los mayores exportadores de celulosa del mundo. La zona centro-sur, desde el Maule hasta Los Ríos, está devastada por plantaciones de pino que provocan sequía, erosión, migración campo-ciudad y pérdida de tradiciones culturales.

Estas extensiones se transforman en un desierto verde porque talan toda la biodiversidad y los pinos necesitan mucha agua. La gente ya no puede vivir en los territorios o no le queda otra que seguir dedicándose a la plantación.

El conflicto tiene su origen en la dictadura, cuando en 1974 nace el Decreto Ley 701 que bonifica a pequeños, medianos y grandes productores. Este incentivo ha promovido la tala discriminada del bosque nativo y su reemplazo sin ninguna medida.

Sería distinto incentivar a que dejaran una parte de conservación, otra para agricultura, otra para plantación forestal. Entiendo que la gente tiene que vivir. La película está atravesada por este conflicto: parte de mi familia también planta, se nos quemó todo en los incendios del 2015 y 2017, y volvieron a plantar porque el gobierno les entregó plantas nuevamente. Vengo de una familia sencilla que vive de la tierra y recibió estos incentivos. Sin embargo, cuidábamos una parte donde se conservaba el bosque nativo.

Con los incendios se quemó todo, incluso las pocas islas de bosque nativo que habían resistido a la tala. A lo largo de mi vida he visto cambiar ese paisaje al que me siento unida. Para mí el robledal es mi familia. El bosque nativo también ha sido desaparecido, así como hay personas desaparecidas de la dictadura, mediante ese decreto que todavía existe.

CARTAS A CHILE (2021) Políptico fotográfico Meliza Luna. Fotografías 35mm por Cristina Daza. Una cita a 'A Chile' de Elías Adasme (1989-80). XV Bienal de Artes Mediales de Santiago, curatoria Enrique Rivera, MAC, registro de exposición por Benjamín Matte

Monocultivos, sequía e incendios

-En 2021 hiciste una performance donde te colgaste en tu casa quemada con un mapa de Chile marcando los incendios de una década. Retomas el gesto de Elías Adasme, quien se colgaba con un mapa durante la dictadura. ¿Por qué era importante recuperar ese gesto?

La performance fue realizada en 2021, cuando el país vivía el proceso de escritura de la primera propuesta constitucional que venía del estallido social y era redactada por una asamblea constituyente electa y diversa. Era la oportunidad para cambiar la constitución de la dictadura.

Me colgué en la casa quemada de mi familia junto a un mapa de Chile, retomando lo hecho por Elías Adasme, para dar cuenta de que el bosque nativo sigue cautivo y desaparecido desde la dictadura, mediante el mantenimiento del Decreto Ley 701 que promueve la industria forestal y la falta de leyes que protejan el cambio de uso del suelo en territorios incendiados.

El mapa marcaba los incendios de una decena de veranos. Pedimos datos georreferenciados a CONAF y trabajamos con un cartógrafo y un diseñador. Los datos muestran que los incendios se concentran en las zonas de monocultivos.

Hay una relación indisociable entre monocultivos, sequía e incendios. La mayoría tienen origen humano intencional.

Es urgente que se promulgue una ley de protección a los lugares incendiados donde no se pueda cambiar el uso del suelo. Existen relaciones de poder e intereses económicos que usan el fuego como arma para darle un nuevo uso a territorios donde antes había bosque nativo o ecosistemas protegidos. El fuego se ocupa como tala para luego cambiar el destino de la tierra, generalmente para forestales, inmobiliarias y también para la minería.

En Chile todavía no existe esa ley.

CARTAS A CHILE (2021) Políptico fotográfico Meliza Luna. Fotografías 35mm por Cristina Daza. Una cita a 'A Chile' de Elías Adasme (1989-80)

-Hay una escena muy potente donde caen restos de madera sobre una mujer. ¿Cómo surge esa imagen? ¿Qué te llevó a trabajar con imágenes donde literalmente el cuerpo es aplastado por los desechos de la industria?

Somos parte de la tierra y la devastación de nuestros ecosistemas también nos afecta. La película está atravesada por el contexto de los últimos diez años: los incendios intencionados de cada verano y la desaparición forzada o asesinato de personas que han defendido los ecosistemas.

Esa imagen de las astillas cayendo por la espalda tiene que ver con ese bombardeo de lo que nos acontece: la represión policial con el pueblo mapuche, el terrorismo de Estado, la desaparición del bosque, la contaminación de los ríos, el asesinato de líderes medioambientales.

Esa performance da imagen a la sensación de impotencia, de estar como espectadores de esta destrucción en la que, queramos o no, también somos parte.

Desierto Verde (2025) Cortesía Araucaria Cine y Vestigio Cine

-Volviendo a la imagen de tu tío a caballo arrastrando la cruz de pino quemado, que vuelve varias veces en el documental. ¿Cómo decidiste trabajar esas imágenes?

Esta imagen apareció cuando mi tío nos mostraba hasta dónde había llegado el fuego. Una y otra vez la sequía trae fuego, se vuelven a plantar pinos que traen sequía y erosión, y que van a volver a traer incendio. Es cíclico.

Es como el mito de Sísifo, un hombre castigado a arrastrar una piedra montaña arriba para dejarla caer y volver a empezar. Habitamos la destrucción de nuestros ecosistemas como espectadores. Es muy difícil hacer algo porque tenemos que unirnos. Por eso ocupo las artes visuales y el cine como herramienta para difundir estas problemáticas.

Regeneración del bosque nativo

-Después también hiciste la obra de intervención en el paisaje Agua Ven. ¿Cómo fue ese proceso de llevar al espacio público esta idea de poder replantar bosque nativo?

Agua Ven es un trabajo de tres años que co-dirijo con Andrea Gutes, escultora y paisajista, junto a Catalina Valdés, la curadora, y especialistas que llevamos a este territorio para pensar juntos cómo regenerarlo.

Hay campesinos, una micóloga, especialistas en praderas nativas, ingenieros, entre otras personas que trabajan la agroecología hace décadas. La idea es unir conocimiento entre arte y ciencia donde se valoren las sabidurías populares. Todos mis trabajos buscan darle valor a la sabiduría que viene de la experiencia compartida con otras especies.

Así he enfocado todos mis esfuerzos en visibilizar esta problemática y pensar soluciones. Por una parte, transmitir la devastación, pero también imaginar otros futuros posibles. Y ahí viene esa frase que se repite, pero tiene mucho sentido: ¿por qué es más fácil pensar el fin del mundo que el fin del capitalismo?

Agua Ven. Ensayos para una matriz regenerativa. (2025) Meliza Luna, Andrea Gutés, Catalina Valdés. Cortesía Vestigio Cine

-¿En qué parte específica fue Agua Ven?

En Aguas Buenas, al interior de Las Corrientes, en la comuna de Constitución. Allí sucede la película, las acciones performativas de mi tío arrastrando la cruz y donde me cuelgo en la casa quemada.

Hicimos obras de conservación de agua y suelo en territorio erosionado. Una de las enseñanzas más potentes es que el bosque nativo viene abajo del monocultivo. Si las aguas corren, que caminen. Si caminan, que gateen. Y si gatean, que se queden.

Era un lugar donde crecieron espontáneamente pinos después de los incendios del 2015 y 2017, en lo que fue bosque nativo de roble, ruil y peumo con el cual conviví de niña. Mediante la tala de pinos hicimos diques en las cárcavas y retenciones con los troncos. El agua cae por la cordillera. Poner el pino en el piso hace retención y se quedan las aguas, bajan a las napas subterráneas y florece la vida.

Filmé esa obra durante un año y medio. Las oxalis, unas flores nativas chiquititas, crecieron donde había pinos en el piso. También crecieron con más fuerza las especies que estaban abajo de los pinos, muchas muriendo por falta de sol y agua.

Fue importante liberar el bosque nativo que ha resistido a la tala y los incendios, y que lucha silenciosamente. Liberamos al bosque de roble que estaba a punto de morir. Después de talar los pinos que lo asfixiaban, hoy están vivos.

Antes aquí había digüeñes y changles. Yo sueño con volver a verlos.

No perder la esperanza

-Al final del documental hay un giro hacia la esperanza. Dices que "la regeneración del paisaje aún es posible". Aparecen imágenes del bosque nativo reverdeciendo, un niño pequeño comiendo hongos ¿Por qué era importante para ti terminar el documental con un tono más positivo?

El niño que aparece es mi hijo, que fue un gran compañero en este proceso. Tiene nueve años. Hay una fuerza en mí de hacer esto pensando en las futuras generaciones.

Soy la más pequeña de mi familia, tengo 34 años, y viví de niña con ese bosque pero lo fui viendo desaparecer. En principio era un otoño de muchos colores. Luego fueron disminuyendo. Al principio eran manchas de monocultivo entre las montañas, después los monocultivos se extendieron y solo quedaban islas de bosque nativo. Y luego los incendios arrasaron lo que restaba.

Esa esperanza me da fuerza para defender nuestros territorios y ecosistemas. ¿Qué les vamos a entregar a los que vienen? Por eso es importante terminar con ese toque de esperanza: la regeneración del bosque es posible.

La película muestra esos procesos; el bosque quemado y los pinos tomándose el territorio, pero también mi búsqueda de pequeños oasis donde el bosque nativo no se había quemado. Porque para mí el cine es una herramienta de conservación de nuestras culturas y especies, y también una herramienta para proyectar la imagen de otros futuros posibles, distintos a la devastación de nuestros territorios.

Anduve años por las montañas documentando el bosque, buscando flores, arbustos, árboles, pájaros y sonidos para poder guardarlos, porque sé el peligro en que están.

En esa búsqueda también estaba la de encontrar los hongos. Salir a callampear cada primavera era una de las experiencias más hermosas con mi familia. Es algo que compartimos muchas personas del centro-sur, pero no había podido compartirlo con mi hijo en el lugar del que provengo por los monocultivos y los incendios. Pero logré encontrarlos y al final del documental, él está conmigo cosechando digüeñes.