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Estudio de 2020 alertaba sobre riesgo de incendios en Penco y Lirquén: Declaran que cortafuegos no bastan
Zonas de Lirquén azotadas por incendio forestal y rodeadas de vegetacion. Foto: Agencia UNO.

Estudio de 2020 alertaba sobre riesgo de incendios en Penco y Lirquén: Declaran que cortafuegos no bastan

Por: María del Mar Parra | 19.01.2026
Para zonas donde las viviendas conviven de cerca con vegetación, como es el caso de varios lugares de Penco y Lirquén afectados por el fuego, la academia recomienda zonas de hasta 400 metros sin vegetación o con otros usos de suelo para enlentecer los incendios, o incluso de 1600 metros en el caso de terrenos con pendiente.

Cientos de casas y 19 vidas humanas se han perdido en los incendios que azotan la región del Biobío, sobre todo en Penco y Lirquén. Se trata de una tragedia grave pero no inesperada: un mapeo hecho en 2020 por académicos de distintas partes del país ya había marcado a zonas de Penco y Lirquén o incluso el sector donde se encuentra la cárcel El Manzano, hoy rodeada por focos activos, como zonas de alto riesgo de ser quemadas.

El investigador de la Universidad de Chile y el centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), Pablo Sarricolea, declara que otras zonas que fueron identificadas en el estudio también han resultado afectadas por incendios, como grandes sectores de la ciudad de Quilpué, que protagonizó el incendio más mortífero de la historia reciente del país en 2024.

Según el mapeo, son más de 800 mil las personas de la región de Biobío que viven en zonas de alto riesgo de incendios, y 3 millones a nivel nacional. Estas zonas son denominadas como de interfaz urbano rural, donde las viviendas conviven de cerca con áreas de vegetación, arriesgando a que las llamas pasen de los árboles a los hogares.

Sarricolea está trabajando junto a otros investigadores en actualizar este mapeo, donde sostiene que seguramente la población expuesta sea mayor debido a la urbanización desregulada.

Cortafuegos insuficientes

En estos sectores, según el académico, generar cortafuegos de 20 o 30 metros no sería suficiente para frenar las llamas que avanzan con gran velocidad. Además, muchas de estas zonas están rodeadas de especies como el pino y el eucalipto, que tienen un poder calorífico muy grande y tiran pavesas, que son material incandescente que se desprende de los árboles y puede caer en los techos de las casas haciendo avanzar el fuego a saltos.

Lo que se propone es que estas áreas urbanas estén rodeadas de espacios sin vegetación de hasta 400 metros, o incluso de 1600 metros en el caso de ser sectores con pendiente, ya que el fuego avanza más rápido al haber una inclinación del terreno.

En esos suelos despejados, se pueden practicar otras actividades incluso productivas que dejen al espacio cubierto de un tipo de vegetación que desacelere el paso del fuego facilitando su combate. Estas áreas también permitirían el ingreso de vehículos y equipos de brigadistas para combatir incendios. Estos espacios también son recomendables dentro de las mismas plantaciones, para que la disponibilidad de biomasa combustible no sea tan continua sino que haya diversos usos de suelo que enlentezcan las llamas.

Sarricolea sostiene que planteó la información ante el Consejo Nacional de Desarrollo Urbano para que estas distancias fuesen consideradas dentro de la planificación urbana, pero que finalmente se optó por generar otro indicador que no consideraba la distancia entre las zonas urbanas y la vegetación combustible.

Para el académico, este tipo de despeje debería ser responsabilidad de los privados dueños de los predios en primer lugar. “Chile invirtió y generó incentivos para que el rubro forestal pudiese tener una actividad altamente rentable. Yo creo que ahora si es tu área privada la que está generando un riesgo, debería invertir el propietario. Si no están de acuerdo en hacerlo, se debe generar un diálogo. Pero lo que no puede pasar es que no se haga y que en otro año estemos lamentando de nuevo un incendio en una zona que ya se sabía que era de riesgo, y que nos tengamos que preocupar de reconstruir la tragedia en vez de evitarla”, concluye.