Daniel Muñoz y descentralizar el cine chileno: "Imitar el cine europeo no nos va a llevar a ninguna parte"
El Teatro Municipal de Chillán vibró la noche del martes 13 de enero con cuecas y zapateo del público incluido. Daniel Muñoz, acompañado de su grupo Los Marujos, inauguró la séptima edición del Festival de Cine Nacional de Ñuble cantando el repertorio popular que lleva años cultivando en fondas y peñas, sumando canciones del Tío Roberto Parra. Personaje al que da vida en "Me rompiste el corazón", la película de Boris Quercia que recorre la bohemia, el amor trágico y la creación de "Las décimas de la Negra Ester", una de las obras fundamentales del teatro chileno.
El actor, quien saltó a la fama con personajes como El Malo y El Chanta en los años 90 y se consagró dramáticamente como Juan Herrera en "Los 80", reflexionó en entrevista con El Desconcierto sobre la identidad popular chilena y advirtió sobre la visión ideologizada y uniformadora que teme pueda imponer un eventual gobierno de Kast sobre el arte del país.
-¿Cómo fue ese proceso de representar a un ícono de esa chilenidad popular, del roto chileno, como el Tío Roberto Parra? ¿Cómo entiendes tú al roto chileno?
El roto es un personaje mucho más antiguo, que se remonta casi a la época de la conquista. Por ahí dicen que la palabra viene del quechua, otros dicen que es española. Los españoles que volvían a Perú después de cruzar el desierto y llegar a Chile, llegaban hechos bolsas, todos rotos, despedazados, con la ropa rota. Entonces ahí ya vienen los rotos de Chile.
Es la persona del pueblo que tiene las características del lugar donde habita, que es de personalidad trágica, que se busca la vida y no tiene un lugar fijo. En un tiempo fue el campesino que llega a la ciudad, se empieza a arreglar, deja de ser inquilino y se transforma en un ser independiente y libertario porque no lo manda nadie. Por eso su personalidad es violenta a veces, porque su infancia en la pobreza lo hace ser muy aniñado, de espíritu joven, pero muy explosivo.
Chile también es un lugar que por su pasado tiene una arquitectura trágica, con tsunamis, volcanes, terremotos, el desierto, el frío del sur, las lluvias, los derrumbes y los golpes militares. Es muy difícil asentarse porque puede venir un terremoto y se va la casa. Tienes que comenzar siempre de nuevo.
El alambrito y el escupito definen muy bien la filosofía del chileno y la chilena. ¿Para qué tener tanto si viene una catástrofe y se pierde todo? Entonces esa filosofía de vivir el momento, de tener un origen trágico sumado a una clase social pudiente pero pequeña que se aprovecha de la gran clase trabajadora. Eso es la historia de este país y se forma una personalidad, que es la del roto.
La cueca como identidad
-¿Cómo la cueca que trabajas tú representa también este tipo de identidad chilena?
La cueca llegó de afuera. Yo pienso que su origen viene con los negros africanos y los habitantes de este país la adoptaron, como adoptaron muchas cosas, las hicieron suyas y las fueron transformando. Eso es lo que pasa culturalmente. La palabra es africana, eso habla un poco del origen.
La adaptaron y la cueca se transformó en el poemario, en lira popular y en transmisión boca a boca. Es el único baile y canto que se mantiene vivo desde tan antiguo, y por eso se puede entender la historia de Chile y cómo somos los chilenos a través de ella.
Es un canto que se baila y se mantiene vivo por un gran misterio que tiene que ver con nuestra esencia. Te cuenta historias, costumbres, tradiciones en su poema. Es un concentrado muy pequeño, una cueca dura dos minutos no más, y ahí se pone a prueba el ingenio para crear en corto tiempo. Los temas son tan variados y es tan antigua que por eso la mantiene viva todavía el pueblo.
La izquierda y el trabajo comunitario
-¿Crees que los partidos políticos progresistas han perdido esa conexión más popular?
Yo nunca he mezclado con partidos políticos ni con ideologías políticas. Trato de hacer política en lo que la política se refiere, que es cómo organizarse socialmente, en comunidades para ordenarse, avanzar y trabajar juntos. Romper esta enseñanza de que uno es responsable de sí mismo y que el esfuerzo individual es lo único importante. Esa cuestión es muy engañosa, la típica frase de "nadie me ha regalado nada, todo me lo he ganado solo". Esas frases construyen una manera de ser individualista, egoísta, y siento que es falsa.
Nadie puede funcionar solo. Para construir sociedad necesitas trabajar en comunidad a todo orden de cosas: religiosa, artística, política.
Los partidos políticos creo que han perdido credibilidad justamente porque están atomizando un trabajo que debería hacerse en equipo. Una cosa es cometer errores tratando de engañar a los que te ponen ahí en ese lugar, y otra cometer errores porque trataste de hacer algo bien hecho y salió mal.
Falta una especie de autocrítica. Yo le encuentro bueno a este gobierno que se está yendo que tuvo la valentía de autocriticarse, a pesar de que en comparación a los otros gobiernos la autocrítica no existía. Aquí siento que hay una cierta nobleza en ese sentido y eso me inspira credibilidad.
Diferente al gobierno que entra, que sí siento que tiene un doble discurso, que escribe una cosa con una mano y borra con la otra. Me da mucha desconfianza.
El futuro del arte y la cultura con Kast
-¿Te preocupa la situación de la cultura en el próximo gobierno?
Creo que hay un gran error en poner la cultura en un envase demasiado chico. Se confunde ligada más que nada al arte. Son distintas expresiones en el país, no es lo mismo el norte, el centro y el sur. Meterlo todo en un mismo saco sería garrafal, unificarlo todo.
La tendencia del gobierno que llega es uniformar, y eso me parece nocivo. Lo que me preocupa es el arte. Generalmente es quien da primero la cara frente a algún cambio social importante. Siempre está como punta y lanza. En campañas políticas, en actividades sociales, en actividades masivas, ya sea la música, la actuación, el teatro o el cine.
Me preocupa que eso sea controlado para potenciar una ideología que está bastante reñida con el arte. Generalmente gobiernos de derecha no tienen mucho material a que acudir. La mayoría de los que hacen arte tienen una visión política bastante definida. Mi temor es que tratar de equilibrar esa influencia sea manipulado y se transforme en una manera de quitarle a Chile su esencia para intereses creados, como se intentó en los años 80.
Gracias a la publicidad se le empezó a torcer la mano a las expresiones culturales y darle una definición más ideológica que popular. Se homogenizó en los 90 con estas nociones de marketing. Ese ha sido uno de los grandes culpables de quitarle a Chile su esencia, diversidad y transformarlo en algo que no somos. Despreciar lo más autóctono y querer más lo que viene de afuera.
La derrota de Jara
-¿Cómo interpretas los resultados electorales y el desafío que tienen los sectores progresistas de conectar con los nuevos votantes?
De los 7 millones que ganó el sector de derecha, mucha gente fue a votar primero porque estaba obligada y porque no tiene ningún compromiso por lo que vaya a ocurrir. Pero al estar obligada vota por la mayor influencia que tenga. Quien tiene el control de la información, quien tiene el control económico presupuestario para guiar ese voto puede conseguir una gran mayoría.
Buena porción de esa votación es absolutamente orientada. No es que la persona en sí fue con convicción. De esos 7 millones, yo creo que muchos no están ni ahí. En el caso de que les pidan que profundamente apoyen ese proyecto político, con suerte 4 o 5 se van a mantener. Los millones se van a ir cayendo porque no hay solidez.
De esos 5 millones que votaron por el otro lado estoy seguro que son gente convencida de lo que iba a votar.
-Tuviste una participación en la campaña de Jeannette Jara, saliste en la franja. ¿Qué te convenció de apoyarla?
Obviamente la conocí personalmente. No era mi primera opción cuando vinieron las primarias, pero al conocerla me convenció por su opinión, su manera y temple. Dije esta es la persona indicada. Obviamente en mi entorno la esperanza estaba muy fuerte porque yo decía vamos a ganarla, pero no fue así.
-¿Un liderazgo como el de Jara puede reconectar con la chilenidad popular?
Siento que va a ser difícil. Este país se maneja solo, tiene una tendencia de ir en contra del ganador. Gana uno, hay que votar por el otro.
Lo más probable es que si no aparece alguien que genere un punto medio, como se esbozó con el partido de Parisi, una entidad media que puede ir tanto para un lado como para el otro. Algo que no es ni chicha ni limonada, que puede ir para allá y para acá dependiendo del momento.
Son los oportunistas, y eso está bastante instalado en nuestro país. Un país oportunista que se mezcla con esta esencia del chileno: para qué vamos a construir algo tan importante si se puede caer mañana.
Si las fuerzas de Jara o esa fuerza política de progreso no se consolida, yo creo que estos acomodados, estos personajes que están esperando pueden aprovecharse.
Descentralización y cine chileno
El Festival de Cine Nacional de Ñuble, que este año recibió 184 postulaciones y seleccionó 24 películas en competencia, se ha consolidado como uno de los encuentros más relevantes para la exhibición del cine chileno fuera de Santiago. Con funciones gratuitas y una programación que combina estrenos recientes con cine patrimonial, el certamen representa justamente la descentralización que Muñoz defiende. La presencia de "Me rompiste el corazón" como película inaugural no es casual porque la cinta de Quercia apuesta por rescatar lo popular desde sus propias raíces.
-Estamos en el Festival de Cine Nacional de Ñuble. ¿Cuál es la importancia de descentralizar la cultura?
Creo que cada vez está surgiendo el orgullo de ser local, a raíz de estas grandes luchas que fallaron. Los grupos volvieron a organizarse en pequeñas comunidades y eso hizo que empezaran a enorgullecerse de lo que tienen. Eso acrecentó la diversidad y me parece muy bien.
Lo curioso es que para acoplar la identidad, o el sentirse identificados con algo, el cine es clave. Gracias creo yo a "Denominación de Origen", esa película que fue hecha acá en Chillán que habló de una temática muy propia. Uno dice a esta película quizá la entienden los chillanejos y nadie más. Curiosamente pasó el efecto contrario, fue tan auténtica que explotó a nivel nacional y quizá internacional también.
Porque la única manera de conseguir producción audiovisual chilena que llegue a otros países es haciendo algo muy chileno. Si nos empeñamos en hacer una copia de versiones europeas del cine de festival europeo, no se llega a ninguna parte porque nos dan patá. Imitar al cine chino o que te admire el cine polinesio está bien, está bonito, pero hay que comenzar contando tu propia historia.
-¿Y cómo ves el rol de este festival en la descentralización?
Estimula a que los jóvenes cineastas se sientan apoyados. La posibilidad de que acá vean su trabajo, que la producción esté a buen nivel. No porque sean provincia tiene que ser precario, es un trabajo serio, hecho y derecho.
Nuestra misión como artistas más conocidos es apoyar eso. Apoyar para que tengan más no solo versiones de este festival sino más festivales en otras regiones. Esto es el ejemplo para otras comunidades. Ayer vi a varios directores de otros lugares o productores y vienen a apoyar. Eso es clave, habla muy bien de una cultura en torno al cine.
Es un trabajo comunitario. Las autoridades obviamente tienen que apoyarlo, pero si la comunidad no está detrás de esto, apoyando y asistiendo, dicen para qué voy a apoyar algo así si a la gente no le interesa. Lo primero es que la comunidad esté ahí.