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Miseria del espectáculo de la política y ebriedad
Foto: Pantallazo La Cofradía

Miseria del espectáculo de la política y ebriedad

Por: El Desconcierto | 03.01.2026
Desde hace muchos años, los espacios de debate políticos, dominados por los aullidos de los representantes de las extremas derechas, se han convertido en gallineros cacofónicos donde la razón ha perdido todas sus batallas. Nada de valor emerge de ahí, nada que tenga que ver con el intercambio de opiniones ilustradas. Es el reino de la mentira, la tergiversación, la crueldad y la impunidad.

Desde sus inicios, los movimientos fascistas y nazis han entretejido la violencia con un intenso consumo de alcohol, sirviendo como estímulo a sus conductas de matonaje y humillación a los más débiles y desprotegidos. Desde las borracheras colectivas en las tabernas rurales de los “camisas negras” italianos hasta las cervecerías de Múnich en la entreguerra europea, el alcohol en grandes cantidades ha sido un factor relevante en su comportamiento político.

Aunque Hitler era abstemio y vegetariano, sus paramilitares de las SA se juntaban en cervecerías para, a continuación, salir a la cacería de comunistas, anarquistas y judíos. Esta forma de actuación era similar a la de los squadristi, que ocupaban plazas durante el Bienio Rojo italiano apaleando a socialistas y a cuantos se opusieran a su violencia desatada.

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En esas reuniones y acciones, pequeños hombrecitos nazis y fascistas pretendían reforzar su masculinidad vociferando, insultando y agrediendo a los más débiles, amparados en el poder de la jauría alcoholizada. Estos sujetos instalaron desde comienzos del siglo veinte un estilo de hacer política no dialógica, avasalladora y sorda.

Recientemente, un diputado de la República en Chile, Christian Labbé Martínez, claramente estimulado por el contenido de varias botellas de whisky, profirió grosería e insultos de todo tipo contra sus enemigos de siempre: los zurdos. Esto es algo que sucede habitualmente en el programa “La cofradía”, epítome de vulgaridad y de machismo sudoroso de testosterona.

Allí, la mesa de conversación está presidida por la silueta de una Reichsadler (águila imperial), camuflada como un faro, un símbolo adoptado por el Partido Nazi para representar tanto al partido como al Estado alemán. ¿Cualquier semejanza es pura coincidencia?

Christian Labbé Martínez, un individuo soez, es hijo del exagente de la DINA y ministro de Pinochet, Cristián Labbé Galilea, condenado en 2019 con tres años de presidio efectivo por apremios ilegítimos calificados como lesa humanidad contra Harry Cohen en Panguipulli, en noviembre de 1973. Labbé fue premiado con una alcaldía durante la “democracia de los consensos”.

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Ambos, padre e hijo, son férreos defensores de Miguel Krasnoff, una de las mayores bestias de la DINA. Labbé y Krasnoff son algunos de nuestros “valientes soldados” que asesinaron, aplicaron electricidad, introdujeron ratones en la vagina y otros tormentos a mujeres indefensas, amparados por el poder y la crueldad de la dictadura pinochetista.

Desde hace muchos años, los espacios de debate políticos, dominados por los aullidos de los representantes de las extremas derechas, se han convertido en gallineros cacofónicos donde la razón ha perdido todas sus batallas. Nada de valor emerge de ahí, nada que tenga que ver con el intercambio de opiniones ilustradas.

Es el reino de la mentira, la tergiversación, la crueldad y la impunidad. Son lugares propicios para los vómitos retóricos e histéricos de personajes menores que han conseguido su minuto de gloria insultando y mintiendo a mansalva.

Pululan por ahí mujeres y hombres que viajan de las redes a los medios y viceversa, configurando un único espectáculo degradado que ha convertido a la política, junto con otras razones, en un miserable ritual de hooligans. Resulta patética y triste la participación de toda la clase política en esas ceremonias frívolas, inútiles y sin sentido para el debate democrático. Su único fin es la estimulación de la máquina de distracción de masas, siempre dispuesta a alimentarse de basura.

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