Parque urbano que resiste al desierto: Cómo "La Loma" en Ovalle se convirtió en ejemplo de cuidado comunitario de la naturaleza
El Parque Urbano La Loma de Ovalle se ha transformado en un ejemplo de recuperación socioambiental comunitaria para enfrentar el avance acelerado de la desertificación en la Región de Coquimbo. Para muchos un espacio olvidado que atrae malas prácticas como acumulación de basura y microtráfico, está tomando valor entre organizaciones comunitarias y estudiantes gracias a un proyecto de recuperación y educación ambiental.
La iniciativa, liderada por la Fundación Coimaginarios, logró reforestar 50 especies nativas y vincular a la comunidad escolar con la biodiversidad local, en un territorio donde el desierto avanza aproximadamente 500 metros cada año y las áreas verdes son cada vez más escasas y difíciles de mantener.
Isidora Montalván Maluenda, bióloga y coordinadora del proyecto, explica que el trabajo comenzó en 2023 con una postulación individual a un fondo de la Fundación Olivo. "Solo con la idea y las ganas, fue congregando personas de diferentes disciplinas y buscando estrategias para que esto tuviera impacto", señaló. Luego se formó la Fundación Coimaginarios junto a Camila Guamán Nicolodi, arquitecta paisajista y naturalista de La Serena, y Sergio Cortés Cortés, sociólogo ovallino.
Corredor biológico
La característica principal de La Loma es que funciona como un corredor biológico que interconecta el río Limarí y el estero Punitaqui a través de la quebrada del Ingenio. "Este espacio, estando en el medio de la ciudad, genera que diferentes procesos ecológicos o biológicos se puedan mantener", explicó Montalván. El parque es un espacio de dispersión de semillas, refugio para diferentes especies, alimentación de aves, reproducción y zonas de descanso.
Según datos del Centro Científico CEAZA, la Región de Coquimbo es la más afectada por desertificación en Chile, con 2,2 millones de hectáreas con desertificación grave. Además, el desierto que antes llegaba hasta La Higuera está acercándose a Ovalle, lo que aumenta la relevancia de mantener espacios como La Loma.
Flora y fauna nativa en resistencia
El proyecto de reforestación nativa incluyó especies como quillay, coronilla del fraile, maitén, pata de guanaco, corcolén, atutemo y guayacán. Esta última especie está en una categoría de conservación vulnerable. De manera silvestre, sin intervención humana, el parque mantiene poblaciones de brea y romerillo durante todo el año.
Pero Montalván advierte sobre un desafío constante: "Al mismo tiempo que nosotros reforestamos, la municipalidad está podando y extrayendo lo nativo". La coordinadora atribuyó esto a la falta de comprensión sobre la importancia de la flora nativa y sus servicios ecosistémicos.
La fauna del parque incluye diversas especies en toda la trama trófica: desde hongos descomponedores hasta aves rapaces. "Vive una familia de cernícalos (pequeños halcones), e incluso viven especies tan difíciles de ver como el chuncho", destacó la bióloga, señalando que esto demuestra una resistencia ecológica notable en un parque urbano amenazado.
Educación socioambiental con escolares
Durante 2024, la fundación trabajó con la Escuela Vista Hermosa, ubicada junto al parque, en una feria científica enfocada exclusivamente en La Loma. Cada curso abordó un tema específico: guías de aves, encuestas de percepción comunitaria y muestreos de basura u otros aspectos del ecosistema.
"Los niños actualmente viven un fenómeno que se conoce como déficit de naturaleza", explicó Montalván. "De alguna forma eso es lo que yo buscaba generar, tratar de introducir educación socioambiental al aire libre". Los estudiantes utilizaron binoculares y micrófonos para escuchar y ver aves, con guías de biodiversidad e imágenes tomadas en el parque.
La actividad fue especialmente significativa considerando que la escuela se reconstruyó tras problemas en sus cimientos provocados por las vertientes subterráneas que alimentan al parque. "La escuela es parte de La Loma", afirmó la bióloga.
Propiedad del parque
El trabajo de la fundación ha enfrentado obstáculos institucionales significativos. La propiedad legal del parque corresponde al Servicio de Vivienda y Urbanización (Serviu), mientras que la municipalidad tiene responsabilidad de mantención en términos de aseo y ornato. Esta situación genera confusión sobre las responsabilidades de conservación.
Además, la mantención de áreas verdes está concesionada a la empresa Núcleo Paisaje, lo que añade otra capa de complejidad a la gestión del espacio. "Fue un proceso complejo porque en un principio la municipalidad no tenía claro de quién era el parque", señaló Montalván.
El proyecto de recuperación ecológica del parque comenzó durante la alcaldía de Jonathan Pizarro y continúa con la actual gestión. El cambio de administración municipal obligó a reiniciar el vínculo con las autoridades.
Malas prácticas
El abandono del parque se evidencia en múltiples aspectos. "Está continuamente lleno de basura y hay malas prácticas", describió la coordinadora. También existe una zona identificada como punto de microtráfico, iluminación deteriorada y asientos robados que no han sido repuestos.
A pesar de estas dificultades, la fundación organizó en febrero un Festival Biocultural que congregó a cientos de personas con talleres, charlas sobre conservación de murciélagos, actividades de arte circense y presentaciones musicales. El evento buscó visibilizar la acción comunitaria desde lo socioambiental, el arte y la cultura.
"Es ahora el momento donde se puede hacer algo. No hay un después en el parque", enfatizó Montalván, apelando a la urgencia del contexto de cambio climático. La fundación continuará trabajando en educación socioambiental y reforestación, mientras busca generar mayor compromiso institucional para la conservación de este espacio que resiste como un oasis verde en medio del avance del desierto.