Marcelo Mena, exministro de Medioambiente tras COP30: "A los combustibles fósiles no se derrota con una declaración"
El 22 de noviembre concluyó en Belén, Brasil, la COP30, una de las cumbres climáticas más importantes del mundo. La conferencia, que se desarrolló del 10 al 21 de noviembre en plena Amazonía, aprobó el llamado "Paquete de Belén" con 29 decisiones sobre transición justa, financiamiento para adaptación, comercio y tecnología. Sin embargo, la cumbre cerró sin un acuerdo vinculante sobre la eliminación de combustibles fósiles, a pesar de las demandas de una treintena de países liderados por Colombia, Francia y Alemania.
Entre los integrantes de la comitiva chilena estuvo Marcelo Mena, exministro de Medio Ambiente del gobierno de Michelle Bachelet y actual CEO del Global Methane Hub. En esta conversación con El Desconcierto, Mena analiza los resultados de la cumbre amazónica, las amenazas de la administración Trump a la acción climática global, la urgencia de reducir el metano y los pendientes ambientales de Chile en materias como calidad del aire y combustibles diésel.
-¿Qué balance puedes hacer de la COP30, considerando la importancia de que Brasil la realizara en la Amazonía, en Belén?
Me pareció una buena señal del presidente Lula decir: si quieren hablar del sur global, del desarrollo, de la Amazonía, vamos para la Amazonía. No cuesta nada tomar un avión más y hacerlo. Además, es la capital más pobre de todo Brasil. Había problemas de gestión de residuos, de agua, y vimos un Brasil real.
Lo positivo tiene que ver con que esta es la primera COP que se hacía con una sociedad civil con más libertad. Veníamos de Emiratos Árabes con una democracia muy restringida, de Egipto y de Azerbaiyán con regímenes más autoritarios. Esta es la primera vez desde la cumbre de Reino Unido que teníamos algo más abierto.
-Vimos la presencia de grupos indígenas reclamando justamente su ausencia de muchas discusiones.
Esa crítica a veces es injusta, porque había comunidades indígenas dentro y una zona verde que tenía acceso abierto. Lo que pasa es: ¿qué representación puede tener una comunidad en particular respecto a lo establecido por tu representante, tu gobierno, tu cancillería? Debemos escuchar esas voces, pero era más bien una señal que querían dar, más que algo concreto.
-¿Cuál es ese balance general? Se habla de una sensación más agridulce, de que hubo una presencia importante de discusión sobre combustibles fósiles, pero al momento de la definición final no se pudo lograr ese acuerdo.
Hay una contradicción. Tienes un grupo ambiental de la presidencia de la COP, del Ministerio del Ambiente, con intenciones genuinas, pero por otro lado tienes un establishment económico liderado por la Cancillería de Brasil, acostumbrada a negociar tratados de comercio y con posiciones muy firmes. La matriz productiva brasileña es fundamentalmente ganadera, con la aspiración de aumentar su producción de petróleo. Esas contradicciones las representa Brasil.
Pero además, como esto requiere consenso, basta que un país petrolero —y son 14% de la población— diga que no acepta algún texto en particular para que no se avance. El problema fue más la expectativa que la realidad.
-Había quizás una expectativa demasiado grande en torno a los combustibles fósiles de poder avanzar en su reemplazo.
Exactamente. Pero es muy importante tener en cuenta que a los combustibles fósiles no se les derrota con una declaración. Puedes tener todas estas coaliciones cada vez más pequeñas de gente que dice no vamos a producir más petróleo, pero si no estás cambiando las razones fundamentales de su uso, si no estás ofreciendo una solución más barata —lo logramos ya en la energía eléctrica, pero todavía nos falta en otras aplicaciones— entonces todos estos compromisos pueden ser borrados.
Colombia dijo que no quiere explorar ni extraer más petróleo. Suena razonable, pero en la transición misma, si no tienes yacimientos nuevos y todavía hay demanda, terminas importando de otro país, lo que resulta contraproducente. Esa declaración que no está por ley, basta que cambie el gobierno para que cambie esa posición. Para que los cambios sean duraderos, tienen que ofrecer una solución que reemplace el petróleo.
Acuerdo de París y avances reales
-Chile se sumó a una coalición liderada por Colombia para hacer el próximo año una cumbre alternativa en relación a los combustibles fósiles. ¿No es esto una señal de que los acuerdos de París no se están cumpliendo con el verdadero avance que se esperaba?
Hay que verlo como vaso medio lleno o medio vacío. Antes del acuerdo de París, proyectábamos que nuestras emisiones nos llevarían a 4 o 5 grados de calentamiento. Hoy los rangos entre los compromisos van de 2,8 a 1,6 grados. Hemos bajado la curva significativamente.
El avance de las renovables y la tecnología de limpieza ha sido más rápido de lo pensado. La inversión climática aumentó seis veces desde el acuerdo de París: 2,4 trillones de dólares, que es importante. Vamos a Chile. Teníamos planificado tener una cierta cantidad de renovables, pero con toda seguridad vamos a superar eso. Hace dos años dijimos que iban a haber 6 gigas de baterías de almacenamiento instaladas al 2050 y, probablemente, lo superemos este próximo año. Ya hace dos años no acertamos lo que iba a pasar al 2050.
Las cosas avanzan más rápido, pero lo que avanza más rápido es el calentamiento. No sabíamos que íbamos a estar a 1,5 grados a esta altura. Ambas cosas son verdad. Estamos haciendo más que nunca, pero falta mucho más para lograrlo. Hoy, 80% de la economía global tiene un compromiso carbono neutral al 2050 o un poco más allá. Eso significa que el mundo está comprometido.
Trump y las amenazas a la acción climática
¿Cómo ves ese liderazgo de Estados Unidos, que es uno de los países más importantes al momento de mitigar esto, con este tipo de postura contra la ciencia climática?
En 2017 me tocó estar sentado en la mesa con la administración Trump varias veces. En ese momento los funcionarios de carrera casi hablaban en tercera persona: "la administración Trump piensa esto". Era bien raro. Se salieron del acuerdo y no se quisieron involucrar. Pero esta vez están amenazando a los países que tomen medidas.
El ejemplo más claro era el compromiso de la Organización Marítima Internacional que aborda los combustibles de los buques. Se había acordado ponerle un precio a la contaminación y tener una hoja de ruta para reducir las emisiones a la mitad. Todo sonaba maravilloso. Lo que ocurre es que, a puertas de ser ratificado este acuerdo que beneficiaba a países como Chile —nosotros íbamos a recibir plata, miles de millones de dólares al año, de verdad, no teóricamente— Trump amenazó a las cancillerías: quien ratificara este acuerdo enfrentaría aranceles y le quitarían las visas. Eso es real, no lo leí. Me lo contaron funcionarios directamente.
Después, la Unión Europea tiene establecida una normativa sobre la máxima cantidad de fugas de metano que puede haber en petróleo y gas que compran. Es una forma súper potente de influir. Básicamente, si vas a ocupar gas natural para descarbonizar y reemplazar una central de carbón, tienes que asegurarte de que en su ciclo de vida no causa un problema peor. Lo que sabemos hoy es que, a menos que se aborden esas fugas, puede ser peor. Ahora Trump amenaza a la Unión Europea: si no deroga eso, va a cambiar las condiciones del tratado libre de comercio. Pero esto después de haberlo cerrado. No estás contra una contraparte consistente.
-Lo que ha sido consistente ha sido esa política internacional un poco errática de Trump...
Exacto. Si cambia de parecer respecto a algo, lo que pensaste que acordaste y negociaste se acabó. Hay que ponerle freno y los países deben decir: de qué estamos hablando. Chile tiene un tratado libre de comercio sin ningún arancel para ningún producto. ¿Qué justifica que nos pongan 10%? Hay que pararse firme, y Chile lo hizo. Esto debe hacerlo todo el mundo, porque si alguien flaquea es cuando empezamos a perder.
-¿Qué se puede hacer desde el sur global, para combatir o generar una suerte de alianza multilateral contra esta postura más errática del gobierno de Trump en esta materia?
Mantenerse con los principios. La inserción en el mercado, la integración comercial de Chile a través del tratado libre de comercio y defender la falta de proteccionismo, los bajos aranceles, la integración, es la solución. Si Trump está en esa, nosotros con China tenemos acceso todavía a tecnologías mucho más limpias. De hecho, no es coincidencia que lleguen tantos autos chinos con menor costo acá. Si él no quiere ser parte de esa solución, hay alternativas beneficiosas para Chile.
El rol de China en la transición energética
-¿Qué alternativa ofrece China? ¿Qué está proyectando también en ese liderazgo global en torno a este tema?
Es importante recordar que China tiene varias contradicciones. Tienen renovables y carbón, y pueden hacer crecer su matriz de carbón porque es propia. Saben que deben descarbonizar, pero simultáneamente instalan 60% de la capacidad renovable de cada año a nivel global. Instalan al año tanta energía renovable como Estados Unidos ha instalado en toda su historia. Están en 50% de sus autos nuevos eléctricos.
Entonces tiene esa dualidad: por un lado hace crecer su parque industrial, pero lo hace de esas dos formas. Estados Unidos tiene mucho petróleo, entonces quieren venderlo en desmedro de las tecnologías limpias. Es una lucha por quién va a liderar ese futuro. Pero en ese contexto, a China no le gusta liderar declarándolo. Al contrario: queremos que más nos acompañen. Son más del acto, de los hechos.
Litio, transición y contradicciones
-Cuando se habla transición energética para reemplazar los combustibles fósiles, existe la necesidad de extracción de litio por ejemplo. Chile, Bolivia, Argentina, entre otros, tienen la capacidad de dotar al mundo de ese mineral, pero también su extracción genera problemas con el medio ambiente. ¿Cómo ves esa contradicción?
Lo importante es ponerle número. Hoy al año se consumen 66 veces más materiales de lo que se requeriría para una transición cero emisión, cambiando todo a autos eléctricos y toda la energía renovable a 100%. Seguir igual versus cambiar no es lo mismo, pero tiene impactos locales que hay que abordar.
También hay algo que debe entender Chile: la ventana de oportunidad no es eterna, en el sentido de que con toda seguridad las baterías de sal, de cloruro de sodio, van a reemplazar a las de litio. En el momento que eso ocurra nos quedaremos con yacimientos maravillosos sin utilidad. En ese contexto, lo que hizo el gobierno de revisar cuáles lugares van a ser protegidos a través de una red de áreas protegidas anunciada recientemente fue correcto.
Los salares fueron especiales. Hay solamente más salares protegidos y los otros van a seguir utilizándose y aumentando la producción, pero esa misma producción puede cambiar porque estas grandes canchas de evaporación se pueden cambiar por extracción directa de litio. No han sido sacrificados, es una exageración, porque toda expansión de producción va a ser sometida a evaluación ambiental.
Metano: la emergencia invisible
-También eres parte del Global Methane Hub. ¿Por qué debería preocuparnos tanto y qué discusiones se están dando en torno a la reducción de ese gas?
Lo que nos gustaría es que estos compromisos climáticos del mundo tengan dos perillas: una que baja la temperatura a largo plazo, relacionada con la descarbonización; pero aquellos contaminantes que bajan la temperatura a corto plazo no están presentes, y ahí está el metano. Estamos un poco ciegos respecto a lo que va a pasar en los próximos 30 años si los compromisos climáticos no distinguen entre estos dos contaminantes. Eso queríamos lograr en esta COP. Hemos aumentado la conciencia y hay más de 130 países con compromisos específicos de metano, pero siguen siendo insuficientes.
¿Por qué es importante? Porque también hay beneficios locales con la mitigación de metano: industria petrolera más eficiente, menos pérdida de alimento, mayor producción más eficiente de ganadería y de arroz. Todo eso va. Para nosotros fue muy bueno trabajar con 31 Minutos y, de hecho, el video en portugués lleva 4,5 millones de vistas.
No pudimos entrar en negociación porque ahí está la industria ganadera, pero sí en el ámbito de acción lanzamos tres iniciativas nuevas: una con residuos, otra con ganadería y otra con petróleo y gas.
-Se empieza a instalar la necesidad de transformar la industria ganadera para reducir ese gas metano. Las principales fuentes en Chile son ganadería, fuga de gas natural y basura orgánica que se descompone. ¿Qué se está haciendo acá para reducir también esas emisiones?
Salió un ranking de los principales rellenos sanitarios del mundo más contaminantes. Lo que ocurre es que los países de ingresos medios como Chile acumulan su basura. Los más pobres tienen muchos basurales desperdigados. Entonces tenemos lugares donde hay verdaderas chimeneas de metano. Somos capaces de capturarlo en cierta forma, pero se pierde harto igual.
Lo primero es que el gobierno está actualizando la normativa respecto a rellenos sanitarios. Al mismo tiempo, cada uno puede ser como una termoeléctrica a carbón que se vende, pero está haciendo la ley de orgánicos para sacar los orgánicos del relleno sanitario. También lideró una declaración de Latinoamérica donde 33 países van a hacer lo mismo al 2040. Eso muestra que se puede lograr.
Se pueden hacer cosas como reducir la pérdida de alimento a través de donación en vez de destrucción, descomposición o eliminación. En ganadería, en Chile ya hay algunas marcas incorporando aditivos que inhiben la generación de metano. Nosotros estamos financiando todas las iniciativas para bajar los costos. El tema del arroz, que no mucha gente sabe pero acá se produce, consume mucha agua. Por lo tanto, puedes bajar las emisiones de metano y de agua simultáneamente.
Calidad del aire en Santiago
-Recientemente salió un reporte sobre los 30 años de la medición de calidad del aire en Chile. Santiago ha mejorado mucho, pero has dicho que todavía falta. ¿Por qué, si hemos mejorado, siguen habiendo cada invierno alertas ambientales y se sigue hablando de esa calidad del aire en Santiago que todavía no logramos reducir a niveles no contaminantes?
Ha habido un gran avance. Para mucha honra, 14 de los 16 planes vigentes los hicimos nosotros, por lo tanto nos sentimos muy orgullosos de esa baja. Pero hay que acelerar las cosas. Qué es lo que ocurre: en 2014, cuando decretamos la alerta sanitaria, dijimos que esto había que abordarlo de nuevo porque cambiamos las normativas. Habíamos bajado mucho en el estándar antiguo de MP10, no había casi ningún episodio. Cambiamos el estándar al 2.5 a no más de dos al año. Eso significó que mucha gente tomara conciencia y nos apoyó. Hicieron un montón de planes de descontaminación y bajamos entre 30 a 50% en todas las ciudades del sur. Eso es un éxito, pero nos quedamos dormidos.
El problema es que a la opinión pública chilena le gusta el conflicto. Esta cuestión tomó noticias porque teníamos alerta sanitaria, por los asados, por los conflictos de la restricción vehicular. Hicimos la restricción vehicular permanente. Renovamos el parque vehicular vía restricción y, por tanto, la mayoría de la gente no tiene restricción. Ya la gente no mira noticias para ver si puede ocupar la estufa a leña o no, porque está prohibido todos los días. Como que le quitamos dramatismo. Lo que hay que hacer es volver al dramatismo cambiando el estándar para visibilizar que la mitad de los días de invierno en Santiago respiramos aire insalubre.
El problema del diésel
-¿Se puede avanzar en algo que han estado trabajando en torno al diésel y las camionetas que todavía lo ocupan?
Cuando hicimos el plan de descontaminación nuevo hace ocho años, se llegó a un acuerdo: el diésel puede continuar pero hay que ponerle un filtro. Se entendía que bajaba la contaminación y se le igualaba a un auto a gasolina, por tanto era importante que pudiera seguir. Han pasado varias cosas. Para nosotros, el hecho de que haya empresas quitando el filtro es como una traición personal.
Hicimos esa demanda con el subsecretario porque queremos dejar una cuestión súper clara: el diésel con toda seguridad nunca va a ser limpio y no tiene nada que hacer en Santiago. Si vas viendo el último inventario de emisiones, 70% de la contaminación que queda en transporte es diésel, fundamentalmente camionetas. Por tanto, tenemos que hacer todo lo posible para evitarlo. Pagan menos IVA, menos impuestos cívicos, no pagan impuesto verde. Todas esas cuestiones son subsidios sin sentido.
Pero ahora la electricidad le está ganando. Si tienes un vehículo comercial de verdad, que no lo ocupas para venir a Santiago desde tu casa en Pirque, esa cuestión se paga súper rápido. El vehículo comercial, ya para ese tipo de alto recorrido, lo eléctrico se paga solo.
-Cuando se estaba instalando esta normativa hubo muchos reclamos de los sectores de camioneros que veían quizá un aumento en lo que serían sus costos de trabajo...
Ahí está la razón por la cual le sacan el filtro. Toda esta gente que se descuenta IVA de su camioneta, que va al taco de Santiago, que recorre 8 kilómetros y no 60 por día, hace que el filtro de partículas nunca funcione a tiempo porque nunca llega a la temperatura y se tapa. Por eso lo sacan. La razón de sacarlo es para aquellos que lo están ocupando mal. Por tanto, por eso es tan quirúrgica nuestra demanda. Yo creo que debería extenderse a quién lleva a cabo esa práctica. Lo que pasa es que el plan de descontaminación fiscaliza y sanciona a quienes andan con humos visibles, pero Carabineros no ha hecho esa fiscalización nunca.
Medio ambiente y campaña presidencial
-El tema medioambiental ha estado más bien ausente de la campaña presidencial. ¿Cómo ves este debate en torno a las dos candidaturas que están de cara a la segunda vuelta?
Tiene que ver en parte con el éxito. Hoy hay una ley de cambio climático que establece que la carbono neutralidad tiene que lograrse y debe rendirse cuenta al Congreso de cómo va avanzando. Por tanto, no hay ningún presidente que pueda obviar eso, a menos que quiera derogarla, y va a ser difícil porque no hay mayorías para eso.
Pero también hay una pérdida de oportunidad. Si el litio ha aumentado seis veces su producción en el último tiempo y los ingresos para el Estado y para las personas asociados a eso, si el cobre tiene el doble de precio porque también tiene el doble de demanda fruto de la descarbonización, obviar el rol del cambio climático y la transición ecológica en el crecimiento económico del país es no contemplar todas las oportunidades que hay. Me parece un error garrafal.
Quizás lo que ha causado ciertos complejos en algunos es que no hemos contado una historia limpia respecto a lo que ha significado la energía renovable en el costo de vida. La energía venía ofertada bastante cara en 2013 con Piñera —hidroeléctrica, termoeléctrica, — eso no pasó. Empezaron las licitaciones cada vez más bajas, pero en el estallido, cuando debía subir la energía, se postergó. Después se postergó por la pandemia, luego por Ucrania y acumula una deuda. Pero en realidad lo que habría pasado es que habría subido y después habría bajado mucho, pero al final la gente no vio nada de eso porque hay una deuda. Si no somos capaces de limpiar eso, respecto al costo de vida va a ser difícil que avance.
Lo que uno tiene que entender es que la acción climática es mejor vida, menores costos de contaminación, mejor salud. Eso es lo que está ausente en la discusión y da cuenta de que tanto en la izquierda como en la derecha todavía no han asimilado la oportunidad de crecimiento y bienestar que brinda el cambio climático para la gente.
-¿Es contrario el crecimiento a la protección del medio ambiente, o se pueden encontrar medidas complementarias para poder avanzar en eso?
El informe que el mismo Felipe Larraín, exministro de Piñera, ocupa para justificar la carbono neutralidad dice que esto genera más crecimiento para Chile. La conservación, el turismo, la conservación de nuestro patrimonio natural es crecimiento económico. La gente va al sur de Chile y visita Chile por nuestro patrimonio natural, no porque tengamos un mall bonito.
Por ejemplo, en Vichuquén no han querido normar la calidad del agua y cuesta hacerlo porque hay que ponderar costo-beneficio. Pero, ¿cuál es el costo de que no vaya ningún turista este verano? Es un costo importante para la economía local. Pasa lo mismo con Villarrica. Es cosa de ponderar y en ese debate gana medio ambiente y la gente ya lo entiende así.