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¿Por quién votarían las niñeces?
Foto: Agencia Uno

¿Por quién votarían las niñeces?

Por: Constanza Carrillo Magna | 20.11.2025
Cuando se debilitan las políticas de género, de cuidado, de seguridad social y de bienestar, somos nosotras, y las niñas y niños quienes primero vemos vulnerados nuestros derechos fundamentales. Cuando los derechos humanos se relativizan, retrocedemos también en democracia. Hoy es imperioso -y una deuda impostergable en cualquier contexto político- asumir que no hay democracia sin todas las voces que componen la sociedad. Y eso incluye a niñas y niños.

Inevitablemente, la memoria se llena de nostalgia, al recordar ese tiempo que hoy parece tan lejano, cuando “Chile despertó”, cuando parte del pueblo se alzó para exigir una vida digna. Una vida donde los derechos de toda la ciudadanía estuvieran en el centro, incluidos los de las niñeces, que en la actual Constitución ni siquiera son reconocidas como ciudadanas ni cuentan con garantías explícitas para el ejercicio pleno de sus derechos fundamentales. Y, sin duda, tienen mucho que decir sobre la vida que esperan y desean.

Recordemos ese periodo de revuelta en 2019, cuando varias iniciativas fueron impulsadas por las propias niñeces. Por un momento, parecía existir un consenso que sus opiniones eran relevantes para construir el país que anhelábamos ¿Qué nos pasó?

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En nuestra sociedad patriarcal, capitalista y adultocéntrica, las niñeces ocupan la posición más desfavorecida para hacer valer sus derechos. Especialmente en las edades más tempranas, dependen por completo de la voluntad adulta para que sus opiniones sean escuchadas y consideradas. Y aunque como país hemos avanzado en leyes e institucionalidad en materia de derechos de la niñez y la adolescencia, es insuficiente.

Esta insuficiencia se expresa, por ejemplo, en que hace casi un año, el Estado de Chile creó una Comisión de Verdad para esclarecer las violaciones a los derechos humanos, torturas y delitos de lesa humanidad cometidos contra niñas, niños y adolescentes que estaban bajo su cuidado, a través del Sename y sus organismos colaboradores. Estas violaciones ocurrieron y siguen ocurriendo. Seguimos sin ver a las niñeces como sujetos de derechos. ¿Qué estamos haciendo como sociedad para que estas violencias dejen de suceder y no vuelvan a repetirse?

Todo esto nos lleva a un punto clave: los derechos humanos son interdependientes. Es decir, no podemos ejercer plenamente nuestros derechos si no tenemos garantizados todos los demás. Y la participación en la vida social, comunitaria y política es un derecho humano fundamental. Lo es para la ciudadanía, pero también lo es para las niñeces, pues en tanto personas, tienen derecho a participar, a opinar y a incidir en todos los asuntos que les afecten; en definitiva, sobre la vida misma.

Entre 2019 y 2022 surgieron múltiples iniciativas de participación política de niñas y niños que fueron tomadas en cuenta en el primer proceso Constitucional. Muchas de ellas, desarrolladas con metodologías acordes a su edad y etapa vital, dieron cuenta de sus preocupaciones y miradas sobre el país: más tiempo para jugar, más espacios para encontrarse con la comunidad, más árboles, el cuidado del planeta, más tiempo con sus familias y verlas felices. Si bien hoy también existen iniciativas políticas impulsadas por las propias niñeces -en escuelas, comunidades y territorios- estas no son legitimadas por las políticas públicas.

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Pese a esa invisibilización, debemos destacar que la sabiduría de niñas y niños es clara, y podemos traducirla en demandas que son profundamente sociales: políticas sociales para que las familias puedan cuidar dignamente; políticas laborales que reduzcan las extensas jornadas, y permitan pasar más tiempo con quienes amamos; políticas ambientales que protejan nuestro único hogar, el planeta Tierra; entre otras.

¿Qué nos ofrecen hoy las candidaturas? Hasta ahora, ninguna aborda el ejercicio de los derechos de la niñez, ni presenta propuestas que dialoguen con lo que ellas y ellos expresan o necesitan. Mucho menos se presentan propuestas en un lenguaje comprensible para las niñeces. Los programas actuales, lejos de incorporar su mirada, siguen reduciendo la infancia a un objeto de protección, intervención o control: a la tutela adulta. Seguimos hablando de niñez, pero sin invitarles a imaginar y construir un país en conjunto.

A propósito del momento electoral actual, del avance de la ultraderecha en Chile y en el mundo: cuando retrocedemos en derechos sociales, retrocedemos en democracia. Sabemos que se ven directamente afectadas las vidas de mujeres, disidencias sexogenéricas y niñeces.

Cuando se debilitan las políticas de género, de cuidado, de seguridad social y de bienestar, somos nosotras, y las niñas y niños quienes primero vemos vulnerados nuestros derechos fundamentales. Cuando los derechos humanos se relativizan, retrocedemos también en democracia. Hoy es imperioso -y una deuda impostergable en cualquier contexto político- asumir que no hay democracia sin todas las voces que componen la sociedad. Y eso incluye a niñas y niños.

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