Cada 11 de julio celebramos el Día Nacional del Periodista, fecha que conmemora la creación del Colegio de Periodistas de Chile en 1956, un hito que reconoce a quienes desempeñan un rol esencial en la difusión del conocimiento y en la defensa del derecho humano a la libertad de expresión.
En una era dominada por la extraordinaria capacidad de la Inteligencia Artificial para generar contenidos cada vez más verosímiles y personalizados, el periodismo se erige como un pilar decisivo para proteger la democracia, validando, contextualizando y dando perspectiva a la información que circula en el espacio público.
La irrupción de la IA generativa ha desatado una crisis profunda en la profesión periodística. La práctica indiscriminada del web-scraping, utilizada para entrenar modelos sin pagar ni reconocer a los medios, está socavando el valor del trabajo editorial original. Ejemplos recientes incluyen la pelea legal entre The New York Times y Perplexity, donde uno de los medios más influyentes del mundo ha exigido que una startup de IA deje de usar sus contenidos sin permiso, y demandó a OpenAI (la empresa detrás de ChatGPT) por la misma razón.
El problema es aún más amplio: un estudio de la Columbia Journalism Review demuestra que herramientas de IA como ChatGPT, Perplexity o Gemini, fallan en más del 60 % de los casos al citar correctamente sus fuentes, generando lo que se denomina “desinformación con apariencia de autoridad”, un fenómeno que corroe las bases mismas de la credibilidad informativa. Frente a este panorama, medios de referencia como The New York Times, Reuters y CNN han respondido reforzando sus muros de pago, vetando rastreadores y buscando modelos de negocio que sostengan la investigación original de sus trabajadores.
Al respecto, un informe del Instituto Reuters sobre tendencias y predicciones para el periodismo, publicado a inicios de este año, entrevistó a 314 líderes de medios (CEOs, editores, jefes digitales y de innovación, entre otros) de 56 países, y sus resultados arrojaron que 2024 sería el año de una incorporación plena de la IA a los flujos de trabajo. El mismo informe predice que en 2025, se reduciría el tráfico de referencia a medida que la IA se integre en los motores de búsqueda y otras herramientas, ya que las nuevas experiencias de búsqueda con IA aportan respuestas directas a las consultas, en lugar de una lista de enlaces a medios y sitios web.
La lección es evidente: informar rigurosamente se está volviendo una tarea cada vez más compleja, y si la infraestructura económica que sostiene a los medios de comunicación se desmorona, el periodismo entra en riesgo.
Esta crisis nos impone la urgencia de reforzar el factor humano en la producción de conocimiento y en el ejercicio de informar. Primero, es fundamental educar a las nuevas generaciones de periodistas en términos y fenómenos que cruzan el espacio digital como la alfabetización mediática, la ética en el uso de IA, cómo funciona el aprendizaje automático y los sesgos algorítmicos en Internet.
Hoy no basta con enseñar a reportear y redactar en el espacio análogo, es fundamental formar profesionales capaces de supervisar, cuestionar y filtrar un tipo de información totalmente nueva, una que ya no solo es generada por personas, sino por máquinas.
En segundo lugar, debemos reconocer y valorar el periodismo como un bien público, un trabajo que va más allá de ser un emisor de hechos, sino un agente de confianza comunitaria: alguien que verifica, explica y acompaña. Hoy, el oficio periodístico es la antítesis del contenido generado en masa e impersonal, que da forma a la opinión pública y que es reforzado por los algoritmos en Internet.
En esta nueva conmemoración del Día del Periodista, recordamos que sin periodismo no hay democracia, y que es más necesario que nunca contar con políticas públicas y esfuerzos transversales que salvaguarden la esencia humana del oficio: el compromiso ético de cuestionar, contrastar y verificar la información.