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¿Qué implica crecer con una madre o un padre con discapacidad?

A pesar de la aceptación de la discapacidad dentro del hogar, los hijos e hijas indican que hay una fuerte influencia de la percepción social de la misma en sus propias vidas, que los marca más incluso que la discapacidad en sí misma.
Por Florencia Herrera 7 de mayo de 2025 - 23:00

¿Qué implica crecer con una madre o un padre con discapacidad? Usualmente, esta pregunta es respondida desde la sospecha o el prejuicio, asumiendo que tener una madre o padre con discapacidad es una carga y una responsabilidad desproporcionada para sus hijas o hijos.

Sin embargo, nuestra experiencia de investigación nos muestra que los relatos en primera persona de hijas e hijos de personas con discapacidad ofrecen una perspectiva distinta, que pone en el centro relaciones de cuidado basadas en la autonomía y la reciprocidad.

Para los hijos e hijas de estas madres y padres, la discapacidad es un hecho de sus vidas, como cualquier otro, no una tragedia o una carga. Incluso, muchos de ellos destacan que tener un padre o madre con discapacidad tiene efectos positivos en sus vidas.

En una investigación realizada en Chile entre 2022 y 2024, niñas, niños y adolescentes compartieron con nosotras sus experiencias familiares. En sus testimonios, la discapacidad no ocupa un lugar central, ni tampoco es percibida como una desventaja; por el contrario, todos describen a sus madres y padres como personas activas, responsables y afectuosas.

La mayoría destaca que sus familias no son distintas a otras debido a la discapacidad de alguno de sus integrantes: sí reconocen una diferencia, pero por la cercanía emocional que experimentan en la relación con ellos.

Las hijas e hijos relatan que, si bien colaboran con algunas tareas relacionadas con la discapacidad -por ejemplo, guiar a un padre ciego en la calle o apoyar con la comunicación a una madre sorda-, estas acciones no son permanentes ni sustituyen el rol de cuidado que sus madres y padres ejercen de manera constante hacia ellos.

En este sentido, los niños, niñas y adolescentes entrevistados establecen una distinción clara entre brindar apoyo puntual y específico y asumir responsabilidades de cuidado que no les corresponden. “Mi mamá me cuida, y yo la ayudo cuando lo necesita”, explicó una adolescente entrevistada.

A pesar de la aceptación de la discapacidad dentro del hogar, los hijos e hijas indican que hay una fuerte influencia de la percepción social de la misma en sus propias vidas, que los marca más incluso que la discapacidad en sí misma. Ellos y ellas relatan experiencias de discriminación, incomodidad o desconocimiento en espacios públicos, educativos y de atención de salud, lo que les genera frustración e incomodidad.

Como forma de contrarrestarlo, asumen un rol educativo frente a estas situaciones, sensibilizando y deconstruyendo estereotipos, explicando el uso de ayudas técnicas o compartiendo con otros la experiencia de vivir cotidianamente con una madre o padre con discapacidad. De esta forma, contribuyen a desmontar mitos y prejuicios en contextos educativos, de salud y familiares.

Escuchar a las infancias nos ha permitido evidenciar la existencia de una relación de cuidado mutuo, pero no equivalente. Para ellas, el cuidado que sus madres y padres les proveen es cotidiano, amplio y consistente. Como sociedad, la mejor manera de responder a estas vivencias es reconociendo a estas familias en su diversidad y asegurando que sus experiencias sean tratadas con dignidad.

Aclaración

Esta columna fue escrita por Florencia Herrera en conjunto con Irene Salvo (Universitat Autònoma de Barcelona) y Andrea Rojas (Coordinadora Núcleo DISCA).

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