
Desde "terminará quemándose” a "medida brutal e infundada": Las reacciones del mundo a los aranceles de Trump
Donald Trump convirtió el 2 de abril en una fecha con implicancias económicas globales. Desde la Rosaleda de la Casa Blanca, acompañado por banderas y trabajadores industriales, el Presidente de EE.UU. firmó una orden ejecutiva que impone un arancel mínimo del 10% a casi todos los países del mundo.
A este porcentaje se suman aranceles adicionales para aquellos países que Washington considera responsables de mayores déficits comerciales, como China (54%), la Unión Europea (20%), Japón (24%), Vietnam (46%), India (26%) y Taiwán (32%).
El Presidente justificó las medidas con una retórica nacionalista, presentando los aranceles como una forma de justicia económica.
“Nos han estafado durante más de 50 años, pero no va a volver a ocurrir”, afirmó, sin ofrecer evidencia concreta para sostener sus afirmaciones.
Aseguró que los aranceles “amables” son la mitad de lo que correspondería aplicar a los países por “sus propias barreras comerciales”.
Incluso países con tratados de libre comercio vigentes, como Perú o El Salvador, fueron alcanzados por el arancel del 10%.
Los productos que ya estaban sujetos a aranceles anteriores, como el acero, el aluminio y los automóviles, mantienen sus tasas del 25%, mientras que otros sectores como los semiconductores, el petróleo y los productos farmacéuticos podrían enfrentar nuevas rondas en el futuro.
Las excepciones, de momento, son limitadas y temporales. Solo México y Canadá quedaron parcialmente excluidos gracias al TMEC.
Respuesta global: Advertencias de recesión, ruptura comercial y efectos humanitarios
La reacción mundial ha sido amplia y diversa. En América Latina, el impacto golpea tanto a potencias regionales como a países en crisis.
En Chile, el ministro de Hacienda, Mario Marcel, lamentó “profundamente” la medida: “No parece tener justificación y obedece a una visión del comercio mundial como un juego de suma cero, que Chile no comparte”.
Advirtió que productos agrícolas como la uva, el salmón y los arándanos podrían perder competitividad.
Aunque algunos competidores enfrentarán aranceles mayores, el ministro enfatizó que “el primer impacto va a ser sobre la economía de EE.UU., porque son impuestos que pagan los compradores locales”.
Desde Perú, también alcanzado por el 10% a pesar de su tratado comercial de casi dos décadas, se criticó la contradicción de aplicar la medida en medio de una relación comercial estable.
En 2024, Estados Unidos fue el segundo destino de exportaciones peruanas, especialmente de minerales, banano y conservas.
El Gobierno de El Salvador también reaccionó. Óscar Cabrera, expresidente del Banco Central, calificó el arancel como “paradójico” e incoherente con el tratado CAFTA-DR, en el que los aranceles debían ser cero a partir de este año.
“Estamos viendo una ruptura del libre comercio a nivel mundial”, advirtió, mientras el país aún no define una respuesta oficial.
En Haití, el impacto puede ser devastador. El arancel amenaza el principal sector de exportación del país, el textil, que representa el 90% del empleo formal.
El economista Jean-Pierre Louis advirtió que “si las empresas trasladan sus fábricas, se perderán miles de empleos”.
Las calles del país ya están sumidas en protestas por el alza de precios y la violencia. “Estamos atrapados entre dos crisis: la violencia y el colapso económico", dijo un manifestante en Puerto Príncipe.
En África, el ministro sudafricano de Comercio denunció que los aranceles “anulan” los beneficios del acuerdo AGOA, afectando industrias clave como la automotriz y la agrícola.
Lesoto, que recibió el arancel más alto de todos (50%), expresó su sorpresa: “Tendremos que diversificarnos. No vamos a morir, pero esto golpea fuerte", dijo el ministro de Comercio.
Críticas desde Europa y Asia: “Nadie gana en una guerra comercial”
Desde Bruselas, el viceprimer ministro belga advirtió que EE.UU. “terminará quemándose a fuerza de jugar con cerillas”, aludiendo a los efectos inflacionarios y de desaceleración global.
El primer ministro Bart de Wever agregó que la decisión es “una catástrofe para la economía mundial y para los consumidores estadounidenses”, y reclamó a la Unión Europea una respuesta firme pero equilibrada.
En Asia, Vietnam —uno de los países más castigados con un arancel del 46%— convocó a una reunión de emergencia. “Es devastador. No solo para las exportaciones, también para la inversión”, dijo la economista Trinh Nguyen.
El Gobierno vietnamita pidió formalmente una negociación directa con Washington para frenar la medida. El país, que se había beneficiado del traslado de fábricas desde China, ahora podría perder esa ventaja.
China, además de estar sujeta al mayor arancel total, respondió con una batería de represalias: aranceles del 34% a productos estadounidenses, control de exportaciones de tierras raras esenciales y sanciones a empresas ligadas al sector militar y tecnológico.
El Ministerio de Comercio chino denunció que Washington está “violando gravemente las normas de la OMC”.
Desde Pekín también se anunció una investigación por dumping a tubos de rayos X importados desde EE.UU., un paso más en el escalamiento de la confrontación.
“Lo que hace Trump es dinamitar el sistema multilateral de comercio”, sostuvo el comunicado.
Repercusiones en EE.UU. y grietas dentro del Partido Republicano
En casa, Trump no ha encontrado consenso. Desde la Reserva Federal, Jerome Powell advirtió que los aranceles pueden traer “una inflación más alta y persistente” y frenar el crecimiento económico.
“Es pronto para saber el impacto exacto, pero los aranceles son mayores a lo esperado y eso podría tener consecuencias duraderas”, indicó.
Incluso senadores republicanos se desmarcaron. Rand Paul calificó la medida como inconstitucional y alertó que “los aranceles son impuestos que pagan las familias estadounidenses”.
Ted Cruz se mostró escéptico y dijo esperar que al menos “sirvan como estrategia de negociación”. Mitch McConnell fue aún más directo: “Es una mala política que perjudica a las personas trabajadoras”.
La Bolsa reaccionó con fuerza. Los futuros del S&P 500 cayeron 3,5%, lo que implica una pérdida de valor de 2,5 billones de dólares.
El petróleo cayó por temor a una recesión global y el oro subió como refugio. El desempleo aumentó y la Reserva Federal se declaró en pausa hasta tener más claridad.
División: Algunos celebran, otros denuncian perjuicio
Mientras algunos países denuncian los efectos de la medida, otros han optado por un tono más pragmático.
En Ecuador, el Presidente Daniel Noboa afirmó que su país “sale bien parado” frente a competidores como Vietnam y Tailandia, al recibir solo un 10% de arancel.
“Esto vuelve más competitivos a nuestros productos como el atún, el camarón o el banano”, dijo. Noboa anticipó incluso que se beneficiarían de una devaluación del dólar por el impacto económico global.
México también valoró haber quedado fuera de la medida general. La Presidenta Claudia Sheinbaum subrayó que los productos que cumplen con el TMEC seguirán exentos: “Tenemos una situación mejor que otros países. Nuestra cercanía geográfica también nos da ventaja en costos”.
Aun así, expresó su disposición a dialogar y evitar confrontaciones.
Argentina, en cambio, anunció reformas para “alinearse” con la propuesta de Trump. En una gala en Mar-a-Lago, Javier Milei dijo que buscará armonizar los aranceles de una canasta de productos para “fluir mejor” con EE.UU.
Según el portavoz presidencial, Argentina “recibió los aranceles más bajos” dentro de la nueva política.
Venezuela y Nicaragua recibieron aranceles más altos (15% y 18% respectivamente). Nicolás Maduro afirmó que “superarán la perturbación” con más producción nacional, mientras evalúa el impacto de la medida en el comercio bilateral, ya debilitado por sanciones anteriores.
Una guerra comercial sin reglas claras
La nueva política arancelaria de Trump no solo sacude la economía mundial, sino que también rompe con décadas de normas comerciales multilaterales.
El cálculo arbitrario del déficit como medida para establecer tarifas ha sido ampliamente cuestionado. Y aunque Trump insista en que se trata de aranceles “recíprocos”, ningún tratado internacional o modelo económico serio respalda esta interpretación.
Desde Haití hasta Bruselas, desde Vietnam hasta Santiago, el consenso es casi unánime: los aranceles de Trump no solo son una medida unilateral e injustificada, sino que podrían traer consecuencias económicas, sociales y geopolíticas de gran alcance.
La guerra comercial no ha hecho más que comenzar. Y, como advirtió el viceprimer ministro belga, Estados Unidos “acabará quemándose” si sigue jugando con cerillas.