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Primera Cumbre Regional de las niñas: Más que un evento, un movimiento
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Primera Cumbre Regional de las niñas: Más que un evento, un movimiento

Por: Mariana Echeverría | 03.04.2025
La reciente Cumbre es solo un reflejo de lo que podemos lograr cada día. Las niñas no estamos esperando a que sea nuestro turno, estamos tomándonos los espacios que nos pertenecen y accionando para lograr la tremenda sociedad con la que soñamos. Porque esto no se trata solo de lo que queremos hacer cuando crezcamos, es sobre lo que podemos hacer hoy.

¿Cuántas niñas hemos sentido que nuestros sueños eran demasiado grandes o inapropiados? A los seis años, yo soñaba con dedicarme a la lucha libre. Sin embargo, mis profesoras me hicieron cambiar mi discurso y, frente a los padres de mi curso, tuve que decir que quería ser pediatra.

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¿Y los niños? Se jactaban de querer ser futbolistas profesionales sin problemas. Este no es un caso aislado: según la Universidad de Nueva York, a esa edad las niñas ya internalizamos los roles de género en nuestras aspiraciones. Por ello, desde Tremendas buscamos una solución e ideamos la primera Cumbre Regional de las Niñas.

En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, el 15 de marzo la Plaza Alessandri del Estadio Nacional se convirtió en un espacio de transformación y acción, por donde pasaron casi dos mil asistentes. Escuchamos a grandes mujeres hablar sobre cambio climático, los desafíos en las áreas STEM, democracia y adultocentrismo.

Pero las niñas no solo fuimos a escuchar: fuimos también a ser escuchadas. Escuchadas en ámbitos de los que históricamente se nos ha excluido, como la ciencia, la política, y la toma de decisiones. Escuchadas no como concesión, sino como un derecho propio e intrínseco.

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Gracias a espacios interactivos, juegos y reflexiones, ninguna de nosotras salió del lugar sin llevar consigo la semilla del cambio. Porque no era solo aprender, era cuestionarnos, meditar sobre el mundo en el que vivimos y nuestra labor en él. En el aire se respiraba el esfuerzo, la dedicación y el compromiso de más de un año de trabajo; la convicción de una generación que lucha y transforma.

Era un espacio pintado de morado, donde cientos de mujeres unieron fuerzas para demostrar que el cambio está en el presente, está en nosotras. Las niñas somos el cambio, y después de esta Cumbre, ya no hay marcha atrás.

La reciente Cumbre es solo un reflejo de lo que podemos lograr cada día. Las niñas no estamos esperando a que sea nuestro turno, estamos tomándonos los espacios que nos pertenecen y accionando para lograr la tremenda sociedad con la que soñamos. Porque esto no se trata solo de lo que queremos hacer cuando crezcamos, es sobre lo que podemos hacer hoy. Ya no tenemos que pedir permiso para cambiar el mundo, ya tenemos el mundo en nuestras manos.

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Cuando era niña intentaron truncar mis sueños; hoy, aunque no soy luchadora de lucha libre, tengo más claro que nunca la necesidad de crear espacios como estos, donde las niñas crezcamos sabiendo que tenemos un lugar en el mundo y en la discusión. Espacios donde quede claro que no debemos esperar sentadas a que llegue nuestro momento. El momento es hoy. Porque cuando más de mil niñas nos unimos, no creamos solo un evento: reforzamos el movimiento.