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Trump, Putin y Xi Jinping: La frágil nueva era imperial que reconfigura las fuerzas del mundo

Trump, Putin y Xi Jinping: La frágil nueva era imperial que reconfigura las fuerzas del mundo

Por: Nicole Donoso | 01.04.2025
Las tres grandes potencias mundiales muestran claras ambiciones expansionistas con objetivos territoriales específicos. Estados Unidos apunta a Groenlandia, Rusia continúa su avance en Ucrania y China mantiene su interés en Taiwán en una reconfiguración geopolítica global.

Los líderes de las grandes potencias mundiales han expuestos sin tapujos durante los últimos años la necesidad de anexar territorios que en algún momento pertenecieron a ellos y por eso hoy parte de sus políticas en concretar esta meta.

Es el caso de, por ejemplo, Ucrania, Taiwan, Groenlandia, el Canal de Panamá, entre otras regiones, que forman parte de los objetivos de la nuera era imperial de Rusia, Estados Unidos y China al mando de Putin, Trump y Xi Jinping respectivamente.

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EEUU y su deseo expansionista por Groenlandia

Una visita estratégica tuvo lugar en Groenlandia con la llegada del vicepresidente estadounidense, JD Vance, y otros altos funcionarios de la administración de Donald Trump.

La visita, aunque cubierta por el humor del vicepresidente sobre las extremas condiciones climáticas, fue, de manera más seria, un claro recordatorio de la determinación de Trump de asegurar el control de Groenlandia, un territorio que el presidente ha descrito como esencial para la seguridad y la prosperidad de Estados Unidos.

La misión no fue solo un recorrido protocolar. De hecho, Vance y su delegación llegaron a la Base Espacial de Pituffik el pasado viernes, ubicada a más de 1200 kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico, para inspeccionar lo que Trump ha identificado como una clave estratégica en la región polar.

La misión, además de la revisión de las condiciones de la base, se convirtió en un mensaje indirecto de poder hacia Dinamarca y otros actores internacionales interesados en el territorio.

Recordemos que Groenlandia, un territorio autónomo de Dinamarca, ha sido objeto de deseo estadounidense desde el siglo XIX.

La posibilidad de que EE.UU. tome un mayor control sobre la isla ha generado una gran resistencia local, como lo dejó claro el primer ministro de Groenlandia, Múte Bourup Egede, quien cuestionó la presencia de altos funcionarios estadounidenses en la isla, sugiriendo que su visita era un claro intento de imponer dominio sobre el pueblo groenlandés.

La crítica a Dinamarca por no mantener el ritmo de la seguridad en la isla fue uno de los puntos álgidos de la visita de Vance. En sus declaraciones, acusó al gobierno danés de no haber invertido lo suficiente en la infraestructura de seguridad, dejando a Groenlandia vulnerable a incursiones de potencias como Rusia y China, que han mostrado creciente interés en el Ártico.

Vance, además, subrayó que EE.UU. podría proporcionar una mejor administración de la isla, haciendo referencia a la inacción de sus aliados europeos frente a los desafíos globales.

Esta postura coincide con la persistente ambición de Trump de expandir la influencia territorial de EE.UU., sin importar las complicaciones políticas.

La administración de Trump continúa presionando por la adquisición del territorio, argumentando que su control sería crucial para la defensa nacional y la explotación de recursos naturales en una región cuyo valor ha aumentado considerablemente debido al cambio climático.

Vance no solo habló en términos de seguridad, sino también de los recursos de Groenlandia, especialmente las tierras raras y minerales que podrían ser clave para la economía estadounidense.

La tensión entre el interés estadounidense y las resistencias locales es palpable. Mientras Trump insista en la necesidad de adquirir Groenlandia para fortalecer la posición global de su país, Groenlandia y Dinamarca enfrentan un dilema diplomático.

Sin embargo, el presidente Trump y su vicepresidente parecen dispuestos a seguir adelante con su objetivo, buscando siempre justificar la intervención a través de la seguridad nacional, la competencia con Rusia y China, y el acceso a recursos naturales clave.

En cuanto a la pregunta sobre el uso de la fuerza para obtener el territorio, Vance se mostró confiado en que el asunto se resolvería sin necesidad de recurrir a la violencia. "No creemos que vaya a ser necesaria la fuerza militar", aseguró Vance, destacando que el objetivo es llegar a un acuerdo basado en la racionalidad de los groenlandeses.

Esta visita no solo reafirma el interés de EE.UU. en Groenlandia, sino que también pone de relieve la estrategia más amplia de Trump para posicionar a su país en un lugar dominante en el Ártico, una región que, en los próximos años, jugará un papel crucial en la geopolítica global.

Rusia y su deseo de volver a la época zarista

Conocido por sus posturas que justifican la expansión territorial de Rusia y elogiador de los zares, Aleksandr Dugin, filósofo y pensador ruso, es visto como uno de los principales ideólogos detrás de la anexión de Crimea en 2014 y de la invasión de Ucrania en 2022.

De acuerdo con el periodista estadounidense Douglas Farah, “Putin en lo personal no tiene una cercanía, digamos de amistad, con Dugin, no se ven juntos, pero el primero apoya los think tanks que ha armado Dugin con la iglesia ortodoxa y entrega mucho apoyo estatal a los esfuerzos de Dugin”. 

El periodista Farah comenta que Dugin "comienza a tejer una ideología fuertemente relacionada con el regreso del zar para gobernar Rusia, el hombre fuerte que recompondrá Rusia como Estado mundial, o sea, un gran poder en el mundo”. 

En ese sentido, la caída de la Unión Soviética, que significó su humillación y derrota, es el argumento base por el que comienza a tejer esta ideología.

Por lo tanto, Rusia tendría la obligación de reivindicar el poder hegemónico antaño a través del near abroad o el ‘lejano cercano’.

Es lo que hace actualmente con Ucrania, pues aboga por una “operación militar especial” con el objetivo de tomar Kiev y expandir la influencia de Rusia. Todo impulsado por el “near abroad”.

El término describe a los territorios de Europa del Este y partes de Asia que, según él, históricamente pertenecieron a Rusia.

Por otro lado, la visión geopolítica de Dugin aboga por la multipolaridad, donde los “Grandes Poderes” -incluyendo Rusia, Estados Unidos, China, India- estarían destinados a definir el destino global.

En su concepción, América Latina juega un rol esencial, un continente que ha visitado en numerosas ocasiones y con el que mantiene relaciones complejas y cambiantes según los líderes que estén en el poder.

Uno de los aspectos más polémicos de sus teorías es la llamada “Argentina Imperial”, la cual ha ganado eco entre ciertos sectores en Buenos Aires, especialmente entre los seguidores de Javier Milei. Dugin ha sostenido que Argentina fue un gran imperio hasta que los británicos le arrebataron las Islas Malvinas, y que, por lo tanto, el país tiene derecho a recuperar su estatus de poder regional.

Este concepto ha sido receptado con gran interés por algunos en Argentina, aunque desde una perspectiva externa se considera una noción algo absurda.

La amista Rusia con China y el interés por Taiwan

En medio de un clima internacional tenso, el ministro chino de Asuntos Exteriores, Wang Yi, se encuentra en Moscú, donde ha reafirmado la relación estratégica entre China y Rusia.

Durante su estancia, Wang destacó la frase "amigos para siempre, nunca enemigos", aludiendo a los lazos sólidos entre ambos países.

Este viaje de tres días ocurre en un contexto de incertidumbre sobre el futuro de las conversaciones para un alto el fuego en Ucrania.

Mientras tanto, las tensiones con Occidente continúan, ya que la Unión Europea y Estados Unidos han expresado su preocupación por las maniobras militares de China, que simulan un bloqueo a Taiwán. Estas acciones, que reflejan la creciente rivalidad entre China y Occidente, son vistas como un desafío a la estabilidad regional.

En su entrevista con la agencia estatal rusa RIA, Wang subrayó que la relación con Rusia no tiene límites y es esencial para contrarrestar las presiones de Estados Unidos, que han crecido tras la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022.

La colaboración entre Xi Jinping y Vladimir Putin ha alcanzado niveles sin precedentes, con más de 40 encuentros en la última década. Ambos líderes han estrechado lazos en cuestiones clave como Taiwán, Ucrania y la rivalidad con Estados Unidos, fortaleciendo una alianza que parece inquebrantable.

El Kremlin también ha mostrado interés en continuar las negociaciones con Estados Unidos, después de que Donald Trump, en su primer año de mandato, adoptara una postura más conciliadora hacia Rusia. Wang, sin embargo, rechazó las ideas de que Trump esté apoyando a Rusia para enfrentar a China, calificando esas sugerencias como "un pensamiento obsoleto de confrontación y bloque".

Cabe destacar que, a pesar de las declaraciones de paz, China ha sido un importante aliado de Rusia, suministrando recursos que han permitido al Kremlin continuar con su invasión de Ucrania. En cuanto a la propuesta de Beijing para poner fin al conflicto, esta ha sido recibida con escepticismo, ya que las ideas planteadas favorecen de manera explícita la posición de Moscú, lo que ha generado dudas en la comunidad internacional.

Wang concluyó su intervención abogando por el diálogo como la única vía para erradicar las causas del conflicto, afirmando que la resolución de la crisis debe basarse en un acuerdo "justo, duradero y vinculante", algo que China está dispuesta a apoyar activamente.