Siguiendo con su análisis advierte que "un colector está diseñado para recibir una cierta carga hidráulica, pero si se usó para aumentarle la carga construyendo más edificios, y se conectaron a él, por supuesto que (en) un momento no va a dar abasto y va a colapsar".
"Cuando se genera un colector de agua en un sector de esa naturaleza, es importante también fijarse bien en el suelo que lo va a recibir", complementa.
Suelo apto
De hecho, aclara que "un tubo colector tiene que necesariamente estar sobre un suelo apto que lo ampare los estudios, que pueda asegurar que la tubería no va a sufrir desplazamientos" o alguna afectación "hidráulica, como un ‘golpe de ariete’, como se llama en las tuberías mayores o menores, cuando la carga de presión hidráulica es mayor en un punto de unión".
"Y estabilizarlo también con sistemas de anclaje, de modo que quede bien asegurado el trazado, y por supuesto dimensionar bien cuál es el caudal que va a recibir", asevera.
"Porque una tubería que está años ahí" y a ella "se han colgado, tal vez, muchas obras más, están aportando más escorrentía, más caudal que se va transformando en un empuje hidráulico importante”.
Ahora, agrega Leiva, "la hidrología de la región donde se va a emplazar el proyecto, por lo menos debería haber considerado un estudio acabado de lluvias por lo menos de un período de alrededor de 100 años (sobre) cómo ha sido el nivel de precipitación de la zona, considerando también que se está trabajando en un sector con una inclinación y un material inestable".
Podrían generarse nuevos socavones
"Si pueden aparecer más socavones en la zona, lo adelanté cuando fue el primero, me preocupaba mucho el sector donde se veía un talud, una inclinación que en su trayectoria cambiaba casi a un corte, que estaba a unos 50 metros, un poco más del primer socavón y ahí justamente es donde apareció el segundo", proyecta.
¿En qué sector? "No estamos libres de que puedan volver a ocurrir, especialmente en ese punto donde se ha construido demasiado, ha habido una explotación inmobiliaria importante de edificios que aportan mucha carga al tipo de suelo que tenemos ahí", asegura a renglón seguido.
"No sé si se hizo estudio de sondaje para ver qué tipo de aguas subterráneas puede tener también la zona de emplazamiento de la obra, y haber clasificado qué tipo de suelo bajo la arena podríamos haber encontrado, hasta fijarnos si es necesario colocar algún tipo de pilotes", complementa.
Incluso, dice, "si miramos bien la imagen donde está ubicado el edificio, por ejemplo, el Kandinsky, es importante la perforación que tendrían que haber generado para encontrar un tipo adecuado de fundación".
Lo anterior, aludiendo "a la seguridad y estabilidad de la obra construida, que es justamente la que va a ser, en este caso, puesta en peligro a causa de estos desplazamientos en masa”.
¿Se estudiaron niveles de lluvia?
"Es importante considerarlo", comenta al tiempo que recalca la necesidad de analizar "el estudio de mecánica de suelo profundo", en este caso puntual "si se estudiaron los niveles de lluvia, para un período de tiempo, registro de por lo menos de 100 años, en algunas obras se diseña una lluvia para definir un caudal de diseño que va a circular bajo la obra que estamos construyendo", dice luego.
Pero, cuestiona, "aquí priman algunos aspectos, la vida humana versus las utilidades particulares de los proyectos de la inmobiliaria".
"Ahora, si el campo dunar puede ser edificado, si tomamos en cuenta los sistemas de estabilización de zonas de riesgo, que están normados, y algunos sistemas de estabilidad y drenaje mediante la construcción, por ejemplo, escalonada, o construir sistemas de talud con drenajes escalonados, que aportan estructura y drenaje, podríamos pensar que, perimetralmente, podríamos haber generado un pie de contención..."
Pero, agrega, "no se ve a simple vista, he pasado por ahí y no se ve un tipo de trabajo así”.
"No es absurdo pensar que con el tiempo habrá más socavones en la zona donde están emplazados estos edificios. Ahora, mientras un terreno que esté con una diagonal importante, un talud que no sea afecto a las cargas naturales que actúan sobre él, no tendríamos mayor inconveniente en tener algunas situaciones, de vez en cuando, por efectos de lluvia que puedan perjudicar o generar algún desplazamiento de masa, no mayor", dice.
Si embargo, advierte, "en el caso de este tipo de edificaciones, la carga estructural a la que están siendo sometidos, si no se han estabilizado los suelos laterales, es complejo".
"Arena infiltra toda el agua rápidamente"
"Debe considerar también que si mira las imágenes, hay una calle interior entre los edificios que viene de una cota mayor a una cota menor. Esa calle, por la configuración que tiene, genera un verdadero canal artificial de agua de escorrentía”.
De hecho, alerta respecto de que "estamos hablando de una condición alta de escorrentía. En parámetros hidráulicos, cuando es mayor que uno, significa una escorrentía muy torrentosa. Y ahí tenemos una pendiente considerable, por ahí corre mucha agua y esa agua que corre termina donde llega el camino - en la calle interior - y pasa el murete que estaba ahí y se infiltra en la arena”.
“La arena infiltra toda el agua rápidamente, también hay que considerar ese aspecto ingenieril, porque va a seguir ocurriendo si está esa calle ahí, y por supuesto que tiene que estar, porque es la vía de comunicación interna que tienen todos”, comenta.
En consecuencia, advierte que "si siguen eventos mayores, si no se genera una forma de manejar esa agua superficial, esa escorrentía superficial que está por la calle, que emula un canal artificial, el problema puede seguir, no solamente va a correr por el eje longitudinal, también puede la calle diseñada, no resistir el caudal que transporta y puede tener algunos desplazamientos de agua lateral".
Entonces, concluye, se trata de "un tema constante que va a estar ahí siempre vigente”.