La Fundación para la Conservación de la Biodiversidad y el Desarrollo Verde de China (CBCGDF) fue la primera organización en anunciar una donación al fondo. Otras ONGs han seguido su ejemplo. Maggie Ma, portavoz de la fundación, dijo a Diálogo Chino que todavía están esperando información del gobierno chino sobre cómo concluir su transferencia de un millón de yuanes (158.000 dólares), pero que creen que los fondos pueden aprovecharse para un uso más sostenible de los bosques tropicales.
"El dinero podría destinarse a las comunidades locales para ayudar a proteger el bosque, y a la industria local para que evite expandirse en zonas prioritarias para la biodiversidad", dijo Ma. "Sólo promoviendo la transformación de la industria local podremos resolver realmente el problema [de la deforestación]".
Zonas sensibles en América Latina
En América Latina, la expansión de la frontera agrícola ha ejercido una presión creciente sobre biomas vulnerables al cambio climático, como la Amazonia, el Cerrado y el Gran Chaco. En la región de la Amazonia Legal de Brasil, por ejemplo, la deforestación aumentó un 29% en 2021, alcanzando las tasas más altas de la última década.
Al mismo tiempo, muchos países latinoamericanos han aumentado la protección de las zonas terrestres y marinas en los últimos 20 años. Un ejemplo reciente es la iniciativa conjunta de Costa Rica, Colombia, Ecuador y Panamá de poner en común sus áreas marinas protegidas (AMP) para crear el Corredor Marino del Pacífico Oriental Tropical, una cuna de biodiversidad de más de 500.000 kilómetros cuadrados que podría generar más de 3.000 millones de dólares anuales gracias a la pesca, el turismo y el transporte marítimo.
"Cuanto más sepa Brasil lo que quiere y demuestre que está comprometido con una nueva visión, más podrá beneficiarse de los fondos internacionales"
Para Brasil, el fondo podría representar una oportunidad única, ya que sólo este país alberga más del 20% de la biodiversidad mundial. Sin embargo, primero debe demostrar que se toma en serio la conservación: "Cuanto más sepa Brasil lo que quiere y demuestre que está comprometido con una nueva visión, más podrá beneficiarse de los fondos internacionales", afirma Karin Costa Vázquez, especialista en China y desarrollo internacional de la O.P. Jindal Global University de la India. Costa Vázquez también cree que el Fondo de Kunming podría fomentar el desarrollo de un mercado de carbono, una potencial fuente de ingresos de miles de millones de dólares que aún tiene pocas políticas públicas relevantes en Brasil.
"Podemos asociar las acciones de conservación de la biodiversidad con proyectos de captación de carbono de la atmósfera, que generan créditos que pueden venderse, incluso a China", afirma.
Esta cooperación dependerá, sin embargo, del estado de las relaciones bilaterales entre China y Brasil. Desde su elección en 2018, el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, ha hecho repetidas declaraciones poco diplomáticas hacia el país asiático y ha alargado las negociaciones sobre acuerdos bilaterales, además de no renovar documentos como su Plan Decenal de Cooperación Brasil-China.
Por qué China creó el Fondo de Kunming
El Fondo de Kunming refleja la expansión del capital verde en China, que ha avanzado rápidamente en el ámbito nacional y está empezando a dar los primeros pasos en la esfera mundial.
La obtención de ingresos mediante bonos verdes ya ha sido un componente importante para impulsar la transición de la economía china. El país es uno de los mayores emisores de bonos verdes del mundo, con unos 44.000 millones de dólares emitidos solo en 2020. Es el segundo país, después de los 51.500 millones de dólares de Estados Unidos. Los países de América Latina y el Caribe juntos sólo emitieron 9.400 millones de dólares en el mismo año. Estos bonos sirven para financiar proyectos que reducen la huella ecológica de los países y ayudan a la transición energética.
Según datos de Climate Policy Initiative, un think tank internacional, Pekín también emitió más de 120.000 millones de dólares en bonos verdes entre 2016 y 2019, lo que permitió añadir al menos 11,2 gigavatios (GW) de capacidad de energía limpia instalada y mitigar 52,6 millones de toneladas de emisiones de CO2.