En 1972, el gobierno de la Unidad Popular le asignó –vía Corporación de Mejoramiento Urbano, CORMU– la tarea de reunir obras de artistas nacionales para el edificio UNCTAD III (actual GAM), construido en un tiempo récord de 275 días, con los más altos estándares arquitectónicos y tecnológicos de su época. Como productor, gestor y curador puso en marcha su propio paradigma de “Arte Integrado a la Arquitectura”, convocando a artistas mujeres y hombres en condiciones paritarias, e incluyendo el arte popular de las Bordadoras de Isla Negra y el artesano Manzanito. Todos realizaron obras no como elemento decorativo sino como parte estructural del edificio, transformándose en un ejemplo a nivel mundial en el ámbito de la arquitectura moderna.
Su obra gráfica y pictórica nunca ha seguido un estilo determinado, sino que se basa en la búsqueda personal de acuerdo a sus contextos y estados anímicos. Luego de abandonar Chile en 1975, tras verse amenazado por la represión política de la dictadura militar, creó por un largo periodo pinturas oscuras que reflejaban la perplejidad, la desesperanza y la falta de horizonte que atravesaba su país; denotó en forma poética temas como la delación y la tortura. Sin embargo, en otros periodos ha recuperado el color, trabajando en grandes formatos iconografías relacionadas a la vida afectiva, al vértigo del mundo contemporáneo o a su propia búsqueda permanente de filosofías y saberes milenarios.
Con exposiciones en espacios emblemáticos como el Museo Nacional de Bellas Artes y Matucana 100, al regresar a su país natal retomó su actividad creativa, al tiempo que recibió el reconocimiento del Estado de Chile –por su aporte artístico y docente– con la Orden al Mérito Gabriela Mistral, así como el título de Profesor Emérito de la Universidad de Chile, su casa de estudios que hoy lo postula al Premio Nacional de Artes Plásticas 2021, a través del Departamento de Artes Visuales (DAV) de la Facultad de Artes.
Eduardo Martínez Bonati es un artista y un intelectual orgánico, fiel y digno representante de una época de revolución y utopías sociales. Su experiencia, su mirada, su voz y su producción, aún vigentes, constituyen un faro para los tiempos de transformaciones que hoy vive Chile, en la configuración de una sociedad más justa y equitativa, una sociedad que abre las puertas a la cultura y en donde el trabajo de los artistas es relevante en los procesos sociales e históricos.