Hoy, como militante de Revolución Democrática, me siento profundamente avergonzada. A la luz de la gravísima situación vivida al interior del partido en relación al caso de violación en que estaría involucrado Gabriel Ramírez, Consejero Político de RD cuando se suscitaron los hechos, no puedo sino manifestar mi más absoluta consternación. Consternación, en primer lugar, al enterarme la semana pasada de esta denuncia, de la cual no tenía conocimiento alguno, pero por sobre todo estoy impactada por la manera en que se ha llevado al interior del partido el proceso que de la misma se desprende. Cuesta creer que la denuncia existe desde noviembre del año 2017 y que tan poco se haya hecho en el transcurso de estos meses; al parecer solo se vuelva foco de preocupación cuando la prensa retomó el caso. Aquí han fallado todos quienes tenían la responsabilidad política de enfrentar esta situación con honestidad, celeridad y corrección. Vacío suena el declararse un partido feminista, cuando el trato que recibe la víctima vulnera aún más su dignidad, y aleja cualquier posibilidad efectiva de reparación. Falla la directiva del partido, así como lo hace el Tribunal Supremo, tanto el de aquel momento como el actual. Fallan por falta de competencia, por indolencia, por dolorosa indiferencia frente a los hechos, y al fallarle a la víctima, nos fallan a todas las mujeres. No solo se la revictimiza al someterla a un proceso alejado del más mínimo cuidado y respeto, exponiendo su identidad y enfrentándola, en contra de su voluntad, a su agresor, si no también se la somete a preguntas del todo inadecuadas, referidas a detalles escabrosos sobre el abuso por ella sufrido; al parecer olvidaron que el proceso llevado por el Tribunal Supremo era de tipo ético y no penal o forense.
¡Suscribete al newsletter!
para saber más




