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Crítica de libro

Metáforas e hipérboles en La biblioteca hundida (2025) de Rodrigo Ramos Bañados

En La biblioteca hundida, Rodrigo Ramos Bañados retrata un norte marcado por el narco, el abandono estatal y la precariedad cultural.

Por Gonzalo Schwenke 23 de mayo de 2026 - 07:00

Imagínense el escenario, que bien podría parecer una distopía: un presente donde el gobierno de ultraderecha, alérgico a la lectura pero obsesionado con los recortes presupuestarios, termina asfixiando los fondos para la Cultura. En este vacío, en un norte que se siente más cerca de Perú y Bolivia que de Santiago, son los narcos quienes terminan financiando un centro cultural, donde funciona la “biblioteca chicha”, pasantías y la editorial.

Rodrigo Ramos Bañados es uno de los escritores del norte más prolíficos de Chile, construyendo una cartografía narrativa propia sobre la ruta como a localidades de Oruro, Cochabamba y Santa Cruz en Matute (2020), la autoficción y la búsqueda de detenidos desaparecidos en Polka del Perro (2023), los discursos de discriminación y xenofobia en Namazu (2013) o Pop (2010), la precariedad y el hacinamiento de las poblaciones en Ciudad Berraca (2020). Por tanto, es común que se desenvuelva lejos del centro de la ciudad y de las clases acomodadas como lo hizo en la vehemente novela Pinochet Boys (2016). Su última publicación La biblioteca hundida (Editorial Electrodependiente, 2025) no está lejos de esto.

En el contexto de un asado luego del Mundial de Brasil 2014, “El Culebra” un narcotraficante barrial y forjado en la marginalidad de Alto Hospicio, se le ocurrió realizar una obra social inédita para la comunidad. Su intención era distanciarse de las clásicas canchas de fútbol donde las autoridades de turno asisten solo a figurar y entregar medallas. El proyecto de la biblioteca tomó forma gracias al narrador, quien apeló a un argumento emotivo: el recuerdo de la madre del capo, una mujer que aprendió a leer hojeando el periódico en una biblioteca pública. El éxito del recinto fue de tal magnitud que alteró por completo la dinámica de la población: los libros fueron moneda de cambio por droga, visitantes foráneos llegaron a hacer turismo miseria y los libros terminaron en el cerro del desierto.

El narrador testigo relata los cambios que ha vivido su amistad con el “Culebra” y las dinámicas de la población “El Esfuerzo 1” y “El Esfuerzo 2” ubicadas hacia el cerro desde 1988, donde aparecían los CNI, el tráfico de la pasta base, la corrupción de autoridades, la presencia de la figura de yeso del San Lorenzo de Tarapacá en el patio de la casa, etc. Además, el estilo del autor ha pasado con el tiempo, del barroquismo de sus primeras publicaciones, a una forma de alta verosimilitud donde la prosa directa y los localismos permiten graficar la marginalidad del norte chileno.

No todo es perfecto en este volumen. La brevedad de los capítulos, similares a apuntes de libreta o a las cápsulas radiales de las “brevenotas” de Radio Bío-Bío, debilita la tensión dramática. Esto también incide en que muchos personajes son estáticos como el líder narco “Culebra” y el escritor en decadencia “Travolta”. Tanto la degradación como la redención no existen, más bien pareciera que son supervivientes del desierto.

El destino de la biblioteca es lo central en la obra. Su edificación sobre un terreno salino y sembrado de socavones anticipa de forma evidente su final. Así, esta estructura representa una metáfora e hipérbole de la cruda realidad cultural en medio del desierto y del alcance del poder del narco.

Para alguien que viaja leyendo, esta obra junto a Racimo (2014) de Diego Zuñiga y Diablas (2024) de Carla Retamal Pacheco, retratan un hecho preocupante develan un Alto Hospicio vulnerable. En este mapa literario, el narcotráfico y el abandono del Estado se consolidan como un peligroso denominador común.

La biblioteca hundida (2025), de Rodrigo Ramos Bañados, se mueve entre metáforas e hipérboles que desnudan una realidad donde la cultura pasa a un segundo plano, convertida en un mero objeto de cambio para alcanzar estatus social. Así, la novela destaca la aridez de la geografía donde nada sólido puede crecer y permanecer, ni siquiera las buenas voluntades. Así, la novela destaca la aridez de una geografía hostil donde nada sólido puede prosperar ni permanecer, ni siquiera las buenas intenciones. El relato plantea un destino ineludible de consumo y degradación, sugiriendo que el horizonte está condenado a la continuidad de la miseria y al desamparo estatal.

Rodrigo Ramos Bañados. La biblioteca hundida. Cochabamba: Electrodependiente, 2025, 135 páginas.

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