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Presidencialismo desatado: ¿Dónde están las instituciones?

Al presidente no le interesa conversar; ya en campaña y hoy residiendo en el cargo, despreció la tarea de la función legislativa, la que le devolvió la mano pescándolo nunca.

Por Carlos Muñoz Lecerf 20 de mayo de 2026 - 11:45

Primer acto: durante la campaña presidencial, precisamente en el mes de agosto de 2025, el entonces candidato presidencial José Kast, ante cientos de personas asistentes al Seminario de Moneda Patria Investments (vaya ironía de nombre), señalaba que el Congreso “es importante, pero no es tan relevante como ustedes se imaginan”. La polémica no se hizo esperar: políticos y especialistas se apresuraron en decir que José quiere gobernar por decreto.

Segundo acto: a inicios de mayo de este año, el flamante y, en apariencia, todopoderoso ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, en relación con la ley de reconstrucción nacional, declama con total desfachatez: “Me preguntaron qué pasa si la ley no se pasa. Bueno, vamos a seguir gobernando igual, porque también existe la gestión y también están los decretos”; dando a entender, ya sea por desconocimiento o por querer desconocer, que existen ciertas materias a las que los actos presidenciales y ministeriales no alcanzan, dado que, conforme a la Constitución, son asuntos legislativos.

Tercer acto: siguiendo en este mes y hasta el día 11 entonces, la oposición presentó más de 1500 indicaciones al proyecto de ley miscelánea, las que en total sumaban cerca de 3800 páginas, a lo que más de alguno expresó “quedó filete”. Al día siguiente, el oficialismo acompañó una indicación sustitutiva completa al texto del proyecto, dejando offside a las flamantes 1500 indicaciones, que pasaron a ser incompatibles a la hora de criticar el nuevo mamotreto misceláneo. En el fondo, todos estos berrinches eran inútiles, porque la Comisión de Hacienda del Congreso tenía mayoría a favor del Gobierno y, por tanto, más allá de discutir o no, los votos ya estaban decididos para aprobar el texto.

¿Vamos a decir qué no lo vimos venir?

Si nos remontamos al siglo pasado, ya podíamos encontrar a un joven José Kast idolatrando al dictador e incluso a sus torturadores. ¿Nunca les llamó la atención que le gustara una figura de autoridad sin contrapesos? Ahora, si no quieres viajar tan al pasado, miremos una década atrás y observemos al José Kast adulto y legislador.

¿Legislador? Nunca redactó un proyecto de ley como autor (escritor) de un texto aprobado y publicado, ¡jamás! Solo obtuvo el escaño para apoyar unos pocos proyectos ajenos, pero, por sobre todo, para oponerse ciegamente en las votaciones a todo aquello que fuese de un partido político distinto. ¿Nunca les llamó la atención este legislador que no debate ni llega a acuerdos?

Al presidente no le interesa conversar; ya en campaña y hoy residiendo en el cargo, despreció la tarea de la función legislativa, la que le devolvió la mano pescándolo nunca. Siempre fue un voto cuadrado a la derecha, un dígito constante a la hora de calcular las posibilidades de aprobación de una ley.

Hoy, en su mandato, el Congreso es opcional y existieron todas las alertas posibles. Los partidos políticos de gobierno han adoptado su estilo y, si pueden evadir el debate, lo harán sin tapujos. Entre miles de indicaciones, ¿fue de utilidad tanto circo? La discusión resultó innecesaria, los votos ya estaban; personificaban todo lo que un diputado Kast fue alguna vez.

Pero bueno, vivimos en una democracia representativa y predominantemente presidencial, por lo que debemos mirar a otras entidades capaces de imponer el Estado de derecho. ¿Qué tal el Tribunal Constitucional? que puede poner freno a este proyecto de ley que un día le da la bienvenida a evasores de paraísos fiscales y, al otro, pretende regular la reconstrucción de Ñuble, mientras, de paso, oferta convenios del CAE ¿Qué tal Contraloría? que podría ponerse al día objetando decretos que vulneran garantías fundamentales de cientos de funcionarios públicos ¿Qué tal el Consejo para la Transparencia? que permite reuniones extraoficiales del presidente y la primera dama de facto en dependencias públicas ¿Qué tal la razón? ¿Qué tal la decencia?

¿Cómo se llama la obra?

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